martes, 3 de febrero de 2009

Franz Ferdinand vs. The Killers


Yo misma soy la primera en admitir que no es buena idea meter en un mismo post a Franz Ferdinand y a The Killers, y menos aún, compararlos. Sin embargo, hay dos razones que me llevan a ello. Primero, la proximidad en las fechas de publicación de sus últimos trabajos discográficos, y el hecho de que personalmente los he comprado a la vez; y en segundo lugar, la proximidad también en las fechas de sus actuaciones en Madrid. The Killers vienen en 22 de marzo, y fue un visto y no visto, no hubo manera de conseguir entradas, literalmente volaron. Sin embargo, para FF creo que a día de hoy aún quedan para su actuación del 3 de abril. Yo ya tengo mi entrada, de todos modos a FF ya les he visto un par de veces, y a TK, una, pero de eso hablaremos otro día. Ambos grupos afrontan su tercer disco tras un segundo bastante estrepitoso, y un debut en el que sólo consiguieron elogios. Bien, empecemos diciendo lo obvio, no son ni mucho menos Led Zeppelin, por poner un ejemplo, así que tampoco se les puede exigir más de lo que pueden dar. Si aceptamos que son grupos divertidos, bailables, y que pasaremos un buen rato escuchándolos, podremos apreciarles. Sin embargo es un poco difícil defender en este caso a FF. Su primer álbum fue soberbio, muchos pensaron que era el resurgir de un nuevo movimiento rock, pero quedaron en un suspiro. Su segundo álbum You could have it so much better incluía mucha canción pachanguera y poca dedicación a las melodías y las letras. Bueno, pensé, quizá les han presionado mucho para que saquen pronto un segundo disco. Pues no, Tonight su último disco, si bien remonta en algunas canciones, no emociona en ningún momento concreto. Puede decirse que es un disco entretenido en general, pero después de escucharlo, no recuerdas ninguna canción en particular.

The Killers ofrecen un panorama un poco diferente. Su primer disco fue menos espectacular que el de FF, ya que se limitaban a repetir el esquema de grupo ochentero electrónico, aún así era muy bailable y sus melodías pegadizas. En el segundo, Sam's Town, intentaron aferrarse a un sonido americano -según sus propias palabras-, que lo único que consiguió fue crear un disco de tercera categoría. Ahora se lanzan con Day and Age, y vuelven a su sonido original ochentero. Si volvemos a lo de antes, no pedir mucho a quien no puede darlo, tenemos que decir que Killers han hecho un gran disco. Tiene frescura, grandes hits y no puedes parar ni un momento de moverte ni de tararear sus canciones. Si esto fuera un competición lo dejaría en The Killers 1, Franz Ferdinand 0. Ninguno de los dos llega a convencer con sus trabajos, pero Killers por lo menos siguen entreteniendo, cosa que FF me temo que ya no hacen. Ahora sólo queda esperar a ver qué tal se portan en directo.

lunes, 2 de febrero de 2009

Kim ki-Duk lo ha vuelto a hacer



Pues sí, el director coreano Kim Ki-Duk lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a fascinarme con una hermosísima película, en la que lo estético no es sólo el entorno, sino también la historia, que encierra un gran mensaje: "La lujuria despierta el deseo de poseer
y el deseo de poseer termina en el intento por matar". Con esto creo que ya no hace falta decir que Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera es una película que gira en torno al budismo y sus enseñanzas. A través de las cuatro estaciones que representan el ciclo incansable de la vida se muestra la vida de un monje desde que es un niño hasta que él mismo se convierte en el maestro de un niño, y comienza una nueva primavera. Ya en Time y Hierro 3 reflejaba el director el poder destructivo del amor, que en ocasiones puede redimirnos. En esta, una de sus primeras películas, las imágenes se suceden una detrás de otra y la simbología budista es constante, por lo que no está demás echarle un vistazo a los extras para no perderse nada. El paisaje es maravilloso, un templo en medio de un lago, al que se accede a través de unas puertas que no están sostenidas por un muro. En mi opinión se muestra así cómo nuestras decisiones y actos son totalmente libres, y que no hay puerta alguna que nos retenga, somos nosotros los que tenemos que poner puertas o límites para no acabar destruyendo a los demás o a nosotros mismos.

viernes, 30 de enero de 2009

La verdadera Carmen



Acercarse a un libro como Carmen de Prosper Mérimée no es fácil, hay que intentar quitarse de la cabeza todo lo que sabemos o creemos saber de esta obra, y dejarse llevar. Carmen es un personaje que siempre me ha fascinado, me encanta el tópico y no tan tópico de la mujer española toda carácter, rebosante de sensualidad y de artimañas para conseguir lo que quiere. La película protagonizada por Paz Vega y Leonardo Sbaraglia me pareció todo un acierto, quién mejor que la andaluza y guapísima Paz Vega para dar vida a la pasional Carmen. Sin embargo, como suele pasar casi siempre, al leer reposadamente, una se da cuenta de cosas en las que antes no había pensado, nublada por la fuerza del personaje. Carmen es un estereotipo de la sociedad española vista desde los ojos de un francés, un francés, eso sí, que visitó en varias ocasiones nuestro país y que amaba y conocía profundamente España. Por lo que he leído, durante mucho tiempo se la criticó y se le tuvo un odio visceral aquí porque argumentaban, no mostraban una España real y desvirtuaban a la sociedad española. Yo no estoy de acuerdo, Carmen refleja una época muy concreta, y sí, quizá se regodea en personajes estereotipados: la gitana, el bandolero, el torero... Pero no podemos negar que son personajes muy nuestros.
Me hace mucha gracia la gente que intenta renegar de su herencia cultural, es como querer renegar de tu color de piel o de tus ojos. Pero además de lo obvio, Carmen es a la luz de nuestros días todo un alegato de la mujer independiente y luchadora que no necesita de paternalismos para sobrevivir. A Carmen la mata su pareja, como por desgracia sigue sucediéndole a muchas mujeres, y lo hace porque Carmen es un espíritu libre, mucho más inteligente y despierta que él, que decide dejarle, algo que el personaje de José no puede admitir. Carmen es una novelita muy breve, pero es una lectura imprescindible que no ha perdido ni un ápice de actualidad. Carmen es una novela romántica, de aventuras, costumbrista... Pero sobre todo, es un alegato feminista, a pesar de que en su momento Mérimée lo que quiso fue retratar de manera misógina a las mujeres como representación del diablo. Mérimée no consiguió lo que quería. Es Carmen quien ha conseguido lo que quería: su libertad. Ha conseguido librarse del yugo y los prejuicios de su creador para ser todo un icono. Ya no vemos a Carmen como una mujer malvada, sino como un ser humano que lucha por su vida y por lo que quiere. Todas las mujeres españolas, lo sepamos o no, llevamos una Carmen dentro.

lunes, 19 de enero de 2009

El capitalismo de ayer y de hoy: Walker Evans




La fotografía es la mejor ventana a otros mundos. Me fascina
Nueva York aunque todavía no he tenido el placer de pisar esta ciudad escenario de mi libro de cabecera, El guardián entre el centeno de J.D. Salinger. El fotógrafo Walker Evans retrata Nueva York y otras partes de EEUU con una mirada objetiva que no pretende juzgar, sino mostrar para que seamos nosotros los que juzquemos. Evans muestra una sociedad capitalista entre los años 30 y 70, la secesión de los negros en EEUU, la pobreza del campesinado frente a la opulencia de la ciudad. Evans recuerda a los grandes novelistas norteamericanos como William Faulkner,que ya denunciaron en su momento lo que sufrimos hoy en día: el capitalismo salvaje, los muy pobres frente a los muy ricos, la pérdida de derechos laborales y civiles, y es que parece que el tiempo no pasa, por lo menos no para el ser humano, que cae una y otra vez en los mismos errores. La sala de la Fundación Mapfre de Madrid nos ha permitido adentrarnos en una retrospectiva de este fotógrafo, en la que destacan los rascacielos de Nueva York, los retratos de los granjeros -todos ellos en blanco y negro-, y su curiosa incursión en la fotografía a color con una Polaroid -nadie conseguiría unas fotografías de semejante calidad y sensibilidad con una Polaroid.

Otelo, una reflexión sobre los celos


Me encantan las salas de teatro de pequeño y medio tamaño de Madrid, en ellas te sientes más cercano a los actores y es más fácil implicarte en la representación, además de que estas pequeñas compañías, al no contar con los apoyos que tienen las grandes, se esfuerzan muchísimo más por hacer cosas originales. Es el caso de la compañía de teatro Máscara Laroye Teatro, que ha representado el clásico de Shakespeare Otelo, el moro de Venecia en el Teatro Victoria. Con una mezcla de siete actores españoles y cubanos, máscaras, danza, un vestuario clásico y moderno y un escenario sencillo, nos trasladasn de la Venecia clásica a nuestros días, donde el tema del maltrato sigue siendo tan candente como entonces. La obra ha sido premiada en el certamen nacional de Teatro de La Seca.