Lo que empezó sólo como un libro más para alcanzar El reto con carácter 2010, se ha convertido en un auténtico flechazo. Thomas Bernhard, un autor al que sinceramente no conocía de nada, me ha enganchado totalmente con su novela Sí, tanto es así, que he devorado sus 128 páginas en un sólo día, del tirón, algo que no suelo hacer con casi ningún libro, aunque éste sea breve. La novela es un tanto extraña, y ha sido encuadrada muy a menudo al lado de autores como Kafka, Beckett o incluso del Ulises de Joyce. Pero Bernhand tiene su propia identidad, su propio universo desquiciado y personal. La trama de la novela es casi lo de menos: un hombre, del que no conocemos el nombre, se dedica a dejar por escrito un momento de si vida en el que, totalmente encerrado en su trabajo, había perdido el contacto con el mundo. Un día en casa del corredor de fincas Moritz, único vínculo que le queda con la sociedad, conoce a los Suizos, y en particular a la Persa, una mujer que como él, se encuentra aislada del mundo, y con la que comienza una atípica relación. Pero eso mismo que les ha unido es lo que tiende a separarles. Como he apuntado antes, lo de menos es el tema, como sucedía con el Ulises -aunque en este caso con una complejidad mucho menor-, el valor de la novela se encuentra en cómo está escrita. Al ser el protagonista, una persona neurótica y sin contacto con otros seres humanos, el que escribe los hechos, la escritura es así mismo neurótica y hermética. Sorprende la cantidad de circunloquios y repeticiones de palabras que podemos encontrar, la novela podría ser perfectamente un ejercicio de estilo sobre todo aquello que nos han dicho siempre que no se puede hacer al escribir. Y eso supone un soplo de aire fresco en lo que estamos acostumbrados a leer. La novela comienza densa y parece no tener un sentido definido, sin embargo, pasadas las diez primeras páginas todo empieza a cobrar sentido, y el ritmo se acelera hacia un final trágico, que se hace previsible en el tono general de la novela.
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miércoles, 24 de febrero de 2010
Sí de Thomas Bernhard, la neurosis sobre el papel
Lo que empezó sólo como un libro más para alcanzar El reto con carácter 2010, se ha convertido en un auténtico flechazo. Thomas Bernhard, un autor al que sinceramente no conocía de nada, me ha enganchado totalmente con su novela Sí, tanto es así, que he devorado sus 128 páginas en un sólo día, del tirón, algo que no suelo hacer con casi ningún libro, aunque éste sea breve. La novela es un tanto extraña, y ha sido encuadrada muy a menudo al lado de autores como Kafka, Beckett o incluso del Ulises de Joyce. Pero Bernhand tiene su propia identidad, su propio universo desquiciado y personal. La trama de la novela es casi lo de menos: un hombre, del que no conocemos el nombre, se dedica a dejar por escrito un momento de si vida en el que, totalmente encerrado en su trabajo, había perdido el contacto con el mundo. Un día en casa del corredor de fincas Moritz, único vínculo que le queda con la sociedad, conoce a los Suizos, y en particular a la Persa, una mujer que como él, se encuentra aislada del mundo, y con la que comienza una atípica relación. Pero eso mismo que les ha unido es lo que tiende a separarles. Como he apuntado antes, lo de menos es el tema, como sucedía con el Ulises -aunque en este caso con una complejidad mucho menor-, el valor de la novela se encuentra en cómo está escrita. Al ser el protagonista, una persona neurótica y sin contacto con otros seres humanos, el que escribe los hechos, la escritura es así mismo neurótica y hermética. Sorprende la cantidad de circunloquios y repeticiones de palabras que podemos encontrar, la novela podría ser perfectamente un ejercicio de estilo sobre todo aquello que nos han dicho siempre que no se puede hacer al escribir. Y eso supone un soplo de aire fresco en lo que estamos acostumbrados a leer. La novela comienza densa y parece no tener un sentido definido, sin embargo, pasadas las diez primeras páginas todo empieza a cobrar sentido, y el ritmo se acelera hacia un final trágico, que se hace previsible en el tono general de la novela.
lunes, 31 de agosto de 2009
Ulises de James Joyce
Por fin he podido terminar el Ulises de James Joyce. Han sido varios meses peleando con esta novela de unas 900 páginas, especialmente las últimas, donde la fatiga ya se notaba. De un lado se trata ciertamente de una novela extraordinaria, pero en mi opinión, más por su valor lingüístico y de virtuosismo literario. No es una obra que se disfrute al modo usual, ni que una vez terminado se vuelva a releer una y otra vez, más bien deja una sensación de alivio y de trabajo concluido. También es cierto que me propuse su lectura como una meta que no estaba segura que fuera a conseguir. Finalmente, puedo decir que si que me ha gustado Ulises de James Joyce. Su lectura es fatigosa y hay que prestar una especial atención, es más, en numerosas ocasiones hay que volver atrás para releer pasajes que no han quedado totalmente claros. A pesar de ello, tiene momentos realmente increíbles como el del funeral, donde Bloom, el protagonista, reflexiona sobre la muerte y sus aspectos más fisiológicos y crudos. También está especialmente cuidado el episodio de la playa, donde primero una joven nos cuenta cómo ve la realidad -para ella romántica y almibarada-, para a continuación, sacarnos Bloom con su pragmatismo de ese mundo ideal son sus observaciones mordaces. Si la lectura de Ulises presenta una especial dificultad es la de la enorme extensión de la novela. Cada capítulo nos deja exhaustos, pues hay que prestar muchísima atención, pero cada uno de ellos es una auténtico ejercicio maestro de literatura, y una novela en sí misma. Joyce ha sido muy criticado siempre por esta obra, pero es innegable que era un maestro de la escritura, y que era una persona capaz de jugar con las palabras como nadie. La lectura de Ulises definitivamente vale la pena, eso sí, es imprescindible hacerse con una edición comentada que nos ayude a seguir el argumento. Con esto, y paciencia, se puede disfrutar de una novela magnífica. De hecho, si Marilyn pudo, -que en absoluto era tan tonta como cuentan - ¿por qué no nosotros?.
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James Joyce,
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