lunes, 23 de febrero de 2009

Revolutionary Road



Revolutionary Road,
la última película de Sam Mendes es un film duro, durísimo, en el que salen a la luz las miserias de una pareja. De principio a fin produce una sensación de desasosiego y malestar que culmina en un final terrorífico, la verdad es que sales del cine hecho polvo. Sin embargo, es una película muy recomendable, especialmente para ir a verla en pareja y después irse a comentarla delante de un mojito -o al menos eso es lo que yo hice-, para sacar lo bueno y lo malo de nuestra propia historia. Si algo nos enseña esta película es el poder del diálogo y la comprensión entre una pareja, aunque también cómo, de la noche a la mañana, el amor puede convertirse en el más profundo de los odios. Kate Winslet y Leonardo Di Caprio demuestran una vez más que son dos grandísimos actores, y Sam Mendes hace brillar en cada escena a su mujer, Winslet. Los secundarios de lujo, Kathy Bates como siempre desbordante, en su papel de la típica maruja con dos caras, amable y servicial delante de la pareja, para criticarles salvajemente a sus espaldas. Destaca especialmente el trabajo de Michael Shannon, en su papel de esquizofrénico, el único que en su locura dice las verdades y que es el más cuerdo de la historia. Además, en muchos aspectos Revolutionary Road recuerda a todo lo bueno que tiene el teatro: personajes profundos y complejos, diálogos intensos... Basada en una novela, cuenta la historia de una pareja americana en plena crisis, con infidelidades y con pocas posibilidades de salir a flote. París ha sido siempre su sueño, una ciudad idealizada en la que todo puede cambiar, o al menos eso creen ellos cuando deciden mudarse a la ciudad de las luces.

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