lunes, 2 de febrero de 2009

Kim ki-Duk lo ha vuelto a hacer



Pues sí, el director coreano Kim Ki-Duk lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a fascinarme con una hermosísima película, en la que lo estético no es sólo el entorno, sino también la historia, que encierra un gran mensaje: "La lujuria despierta el deseo de poseer
y el deseo de poseer termina en el intento por matar". Con esto creo que ya no hace falta decir que Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera es una película que gira en torno al budismo y sus enseñanzas. A través de las cuatro estaciones que representan el ciclo incansable de la vida se muestra la vida de un monje desde que es un niño hasta que él mismo se convierte en el maestro de un niño, y comienza una nueva primavera. Ya en Time y Hierro 3 reflejaba el director el poder destructivo del amor, que en ocasiones puede redimirnos. En esta, una de sus primeras películas, las imágenes se suceden una detrás de otra y la simbología budista es constante, por lo que no está demás echarle un vistazo a los extras para no perderse nada. El paisaje es maravilloso, un templo en medio de un lago, al que se accede a través de unas puertas que no están sostenidas por un muro. En mi opinión se muestra así cómo nuestras decisiones y actos son totalmente libres, y que no hay puerta alguna que nos retenga, somos nosotros los que tenemos que poner puertas o límites para no acabar destruyendo a los demás o a nosotros mismos.

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