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viernes, 5 de octubre de 2012

'Tierra de caimanes' de Karen Russell


Título: Tierra de Caimanes (Swamplandia!)
Autor: Karen Russell
Traducción: Isabel Margelí Bailo
Editorial: Tusquets (octubre 2012)
Año de publicación: 2011
Páginas: 416
Precio: 19,23 euros
Nuestra madre actuaba bajo la luz de las estrellas. Nunca averigüé a quién se le había ocurrido. Puede que al Jefe Bigtree. Era una idea sensacional: apagar el cañón de seguimiento y dejar que la nítida luz de la luna, sin nada que la acompañara, atravesara el cielo; acallar el micrófono; dejar que los párpados de estaño de los focos del escenario cayeran cual pergaminos y brindar a los turistas sentados en las tribunas la oportunidad de disfrutar de la oscuridad de nuestra isla; invitar a todo el estadio a quedarse boquiabierto ante la estrella de Swamplandia!, la famosa domadora de caimanes Hilola Bigtree.
Aunque no siempre son una garantía, hay algunos premios por los que me dejo guiar totalmente a la hora de escoger lecturas o autores, es el caso de los Premios Pulitzer, quizá porque se hayan otorgado a algunos de mis escritores favoritos (John Steinbeck, Norman Mailer, Harper Lee, Toni Morrison...). Como comentaba antes, no son una garantía, pero sí una buena guía de autores y lecturas que suelen ser fiables. Este año 2012, y por primera vez desde 1977, el premio en la categoría de literatura de ficción quedaba desierto, siendo los finalistas Denis Johnson con Train Dreams, David Foster Wallace con su obra póstuma The pale king y la novela de la que voy a hablaros hoy, Tierra de caimanes de Karen Russell. Quizá el hecho de que fuese finalista al Pulitzer, que para mí es un premio importante al que suelo prestar atención, haya jugado en contra de esta novela. La comencé con muchísimas expectativas, quizá demasiadas, además el tema me pareció original y pensé que podía dar mucho de sí, pero poco a poco, mi entusiasmo se fue desinflando al igual que lo hace la historia.

Caimanes en Florida

Tierra de caimanes nos lleva hasta Florida, donde conocemos a los Bigtree, una familia que posee un parque temático dedicado a la doma de caimanes (llamado Swamplandia!, de ahí el título original) situado en una isla rodeada de pantanos y aislada de tierra firme, a donde sólo se puede llegar en ferry. Cuando la madre del clan muere de cáncer, todo se viene abajo, ella era la estrella del espectáculo, además de la que unía a la familia. El mayor de los hermanos, Kiwi, se escapa para trabajar en un nuevo centro de atracciones llamado el Universo Oscuro que está haciendo la competencia a Swamplandia! hasta el punto de dejarles sin turistas. El padre se marcha a tierra firme tratando de encontrar una solución a los problemas económicos de la familia, dejando solas a las dos pequeñas de la familia, Ossie quien cree que puede comunicarse con los espíritus y la protagonista, la pequeña Ava de 13 años, solas en una isla en medio de la nada, haciéndose cargo de un centenar de caimanes y con la ausencia de su madre aún muy presente.

Billie Swamp Safari en la reserva india de Big Cypress

En principio, el argumento es muy atractivo, una historia familiar poco habitual, en un escenario original y con personajes que parece van a dar mucho juego. Y así comienza la historia, con un buen arranque metiéndonos de lleno en Swamplandia!, conociendo ese peculiar entorno, hogar de caimanes, lleno de desolados y fantasmagóricos pantanos, en el que vive esta familia aislada. Sin embargo, poco a poco, y a medida que la narración va avanzando, la historia se va diluyendo, perdiendo fuelle, se ralentiza y pierde el rumbo, la autora parece que ha tenido un momento de inspiración para comenzar su historia que se va perdiendo y ella misma parece perdida sin saber qué hacer con su propia historia y sus personajes. De hecho, el argumento deja de ser argumento e incluso el momento de clímax de la historia, un momento que debiera ser trágico, nos pilla ya tan desapegados de la historia, que no consigue conmover del todo. Por no hablar del desenlace de la novela, precipitado, traído por los pelos y con unas casualidades demasiado convenientes. Se trata de uno de esos finales en los que se nota que la autora ha querido abarcar más de lo que podía y trata de salir del embrollo como puede, a marchas forzadas.

Pantano de Okefenokee, Florida

No todo es malo, sin embargo, en la novela. El estilo es bastante sencillo y ágil en algunos tramos, y  hay que reconocerle a la autora su gran capacidad para la descripción y creación de paisajes casi oníricos que existen en la realidad, los pantanos de Florida, llenos de caimanes y enormes árboles que clavan sus raíces en el agua y que no parecen entornos reales sino más bien sacados de algún sueño surrealista. Además, sí hay una parte de la historia que ha conseguido captar mi interés de principio a fin, y es la parte de Kiwi, el hermano mayor y su estancia en el parque Universo Oscuro. Cómo el adolescente, acostumbrado a vivir aislado con la única compañía de su familia, tiene que relacionarse con otros chicos de su edad, ir a la escuela por primera vez y principalmente, trabajar en ese parque en el que es explotado y vejado continuamente. Sin duda, la parte más dinámica e interesante de la novela, con momentos bastante divertidos.

Highlands Hammock State Park

El problema general de la novela es que se le va de las manos a la autora, trata de construir una historia a dos bandas (las hermanas en Swamplandia! y Kiwi en tierra firme) y no consigue que avancen ni que converjan con un mínimo de verosimilitud, por no hablar de que  el interés se va perdiendo a medida que avanza la lectura, esta se ralentiza y deja de tener un rumbo. De todos modos, como sabéis, una lectura es una experiencia muy personal, y aunque a mí me parece que está sobrevalorada, la novela no deja de haber sido finalista del Premio Pulitzer 2012, además de haber sido elegida una de las diez mejores novelas de 2011 por The New York Times Book Review y Premio Young Lions Literary Fiction 2012. Así que os toca ahora a vosotros decidir si os adentráis en tierra de caimanes o no. 

Karen Russell
La autora, Karen Russell, nació en Miami en 1981, y muchos de los fallos que podemos encontrar se pueden achacar a que se trata de su primera novela. Hasta el momento había publicado el volumen de relatos Lucy's Home for girls raised by wolves galardonado con el Bard Fiction Prize 2011 y el Premio "5 de menos de 35" de la National Book Foundation en 2009. Tres de sus relatos están incluidos en los volúmenes de Best American Short Stories y el titulado The hox river window ganó este año el National Magazine Award en la categoría de ficción.

Un grupo de lectores hemos tenido el privilegio de poder leer Tierra de caimanes antes de que se publicase en España gracias a la editorial Tusquets, que nos envió amablemente los ejemplares. A continuación podéis leer las reseñas de mis compañeros de lectura:

lunes, 7 de mayo de 2012

'Corre, Conejo' de John Updike

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Título: Corre, Conejo (Rabbit, run)
Autor: John Updike
Editorial: Tusquets (marzo 2010)
Año de publicación: 1960
Páginas: 368
Precio: 8,61 euros


"Si tienes el valor suficiente para ser tu mismo, otros pagarán el precio por ti" 

En nuestros planes de lectura todos los lectores tenemos, en mente o en papel, una lista de libros imprescindibles, de clásicos que en un momento u otro de nuestra vida sabemos que queremos acabar leyendo. Corre, Conejo es uno de ellos. Presente en todos esos listados de "novelas que hay que leer", es ya un clásico moderno por derecho propio, y como tal, encontramos una lectura algo densa y complicada, pero muy gratificante cuando cerramos el libro. Tras haber leído las últimas líneas sabemos que ese esfuerzo ha valido la pena. La historia nos sitúa en los suburbios de la ciudad imaginaria de Brewer, en el estado de Pennsylvania. Harry Amstrong, apodado Conejo, es un hombre de 26 años casado, con un hijo de dos años y con otro bebé en camino. Su vida es anodina y gris, un norteamericano más de clase media, viviendo en una población en la que nunca pasa nada, en la que ha nacido y en la que previsiblemente vivirá toda su vida y donde morirá, con un trabajo aburrido y un matrimonio que no le hace sentir nada. Hasta que un día, de camino a casa, Harry recuerda sus años de juventud como estrella del equipo de baloncesto jugando con un grupo de chavales que encuentra en la calle. Ese pequeño instante, ese momento que le ha recordado quién era realmente, le hace darse cuenta de que ha perdido el control de su vida, que no sabe lo que quiere pero que sí que sabe exactamente lo que no quiere. Harry sale de casa a comprar tabaco (un tópico ya muy manido pero que por lo visto tiene su inicio con esta novela) y decide no volver más, en una huida sin sentido en busca de algo que no sabe qué es, dando vueltas sobre sí mismo. Porque parece que, por mucho que lo intente, es incapaz de huir de Brewer y de esa vida que le asfixia. A su alrededor, todos tratarán de que regrese con su mujer, al camino establecido, a lo que se debe hacer, sin preguntar en ningún momento qué es lo que él quiere, conduciéndole de este modo a un final trágico e inesperado.

Robert Frank, The Americans

"Tuve la sensación de que mi vida se reducía a eso, a traerle esto o aquello y poner remedio a sus continuos estropicios. No sé, me pareció como si estuviera encerrado con un montón de juguetes rotos, vasos vacíos, un televisor siempre encendido, obligado a comer tarde y sin ninguna salida. Entonces, de repente, comprendí lo fácil que sería librarme de todo eso, sólo tenía que cruzar la puerta y... lo fue, resultó facilísimo"



El tema quizá haya quedado algo obsoleto (aunque para algunas personas no tanto) en una sociedad en la que la libertad es cada vez mayor. Pero ¿cómo debieron sentirse todas esas personas que con apenas veinte años tenían que, no solo vivir una vida de adultos que no querían, sino además fingir y adoptar el aire serio y formal de lo que se suponía que debía ser un adulto? Updike más bien quiso criticar la huida, la falta de madurez y el no hacerse cargo de las responsabilidades que conlleva la edad. Por mi parte, la lectura que he hecho y lo que veo crítico es el obligar a alguien a hacer o comportarse de una manera que no quiere. El hecho de ser adulto no quiere decir que uno deba comportarse de una manera determinada, dictaminada además por los demás. Harry Conejo es un personaje despreciable donde los haya: cobarde, liante, egoísta, pero no por ello podemos dejar de sentir lástima por él, por la vida en la que se ha visto atrapado y de la que le es imposible escapar, solo puede dar más y más vueltas alrededor de la ciudad que le ha visto nacer y de la que previsiblemente no saldrá jamás, de una mujer a la que no quiere, de un trabajo que no le aporta nada, de una vida vacía. Pero lo peor no es que esté atrapado en ella, sino que le es imposible escapar, todos los esfuerzos que hace son infructuosos, la vida está diseñada de tal modo que, cuanto más trata de huir, más atrapado se encuentra.


Robert Frank, The Americans
Contaba Updike que escribió esta novela como respuesta a la célebre En el camino de Jack Kerouac. Updike despreciaba esa idea un tanto romántica de lanzarse a la carretera, dejar todo atrás y irse a la aventura, su postura con esta novela es la de preguntarse qué sucede cuando uno se marcha, cómo queda tu vida y la gente que la compone. Os podéis imaginar que yo me decanto totalmente por Kerouac, el camino ya sea exterior o interior, es algo que ha de hacerse, ponerse límites lo único que hace es que aborrezcamos aquello a lo que en teoría deberíamos estar atados. De hecho, nadie huye de una vida feliz, el que huye es porque lo que deja atrás, aunque tenga apariencia de felicidad, no lo es.


Robert Frank, The Americans


La novela puede leerse así como una crítica a la sociedad bienpensante norteamericana de finales de los años 50, en los que temas como el divorcio o la sexualidad abierta eran un completo tabú. En ese sentido, el libro fue enormemente valiente para la época ya que además de describir escenas sexuales sin ningún tipo de pudor, habla abiertamente de la religión o la falta de ella y la influencia tan grande que tenía en una sociedad cada vez menos creyente pero que de cara a la galería tenía que aparentar. Los personajes son lo mejor de todo, desde el cínico y egoísta Harry, pasando por su mujer alcohólica, por el antiguo entrenador de Conejo, un hombre acabado que no deja de engañar a su mujer pero que a la vez sermonea a su antiguo alumno para que vuelva con la suya, o el cura que azuza a Harry para que haga "lo correcto". El estilo es sumamente realista y detallista, con largas y exhaustivas descripciones que hacen que la lectura sea un tanto densa, aunque también con diálogos muy vivos que dan el contrapunto a los trozos descriptivos. Con un final impactante, inesperado y duro, la novela se cierra con una nueva huida, una huida que como las veces anteriores, resulta un correr en círculos más que una huida hacia delante.


John Updike


Corre, Conejo es la primera de una serie de novelas que llevarían a la fama a John Updike, compuesta por El regreso de Conejo, Conejo es rico, Conejo en Paz y Conejo en el Recuerdo. Con Conejo es rico y Conejo en Paz ganó dos Premios Pulitzer, uno en 1982 y otro en 1991. Además, recibió el National Book Award en 1964 y el National Book Critics Circle Award dos veces, en 1981 y en 1990. Las siguientes novelas dedicadas a Harry Conejo Amstrong siguen sus andanzas, a pesar de ello, esta de la que os hablo se puede leer de forma independiente y es autoconclusiva. He aprovechado para ilustrar la entrada con imágenes del fantástico fotógrafo Robert Frank, nacido en 1924 en Zúrich (Suiza), de su libro más popular, The Americans, publicado en 1958, en el que retrata a la sociedad norteamericana. Frank retrató asimismo a la Generación beat y se relacionó con Kerouac y Ginsberg, entre otros, con quienes colaboró en proyectos donde sus fotografías se unían a textos de estos magníficos escritores.

lunes, 5 de marzo de 2012

'En lugar seguro' de Wallace Stegner

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Título: En lugar seguro (Crossing to Safety)
Autor: Wallace Stegner
Editorial: Libros del Asteroide (2008)
Año publicación: 1987
Páginas: 392
Precio: 21,95 euros


Nuestras discusiones más acaloradas eran siempre sobre cómo podríamos contribuir. No nos preocupaban las recompensas. Éramos jóvenes y serios[...] Más allá de un mínimo básico, el dinero no era un objetivo que respetásemos. Algunos sospechábamos que el dinero ni siquiera era muy bueno para las personas [...] Pero todos teníamos la esperanza de, en la medida en que nuestras capacidades nos lo permitieran, definir e ilustrar la vida digna de vivirse. [...] Dejar una huella en el mundo. En vez de eso, el mundo ha dejado huellas en nosotros. Nos hemos hecho mayores. La vida nos ha escarmentado tanto que ahora esperamos quietos a la muerte. (El lugar seguro)

Hay libros llenos de acción, en los que se suceden los acontecimientos, los giros, las sorpresas. Hay asesinatos, grandes dramas, situaciones intensas. Si es eso lo que buscáis, no os acerquéis a En lugar seguro de Wallace Stegner. Este pertenece a esa otra clase de libros, reflejo de la vida misma, un transcurrir sereno, con sus altibajos, pero sin grandes sobresaltos. Si tuviera que destacar la mayor virtud de esta novela sería la de ser lo más fiel a la vida de una persona que he leído nunca. En lugar seguro es la vida de dos parejas de amigos, los Lang por un lado (Charity y Sid) y los Morgan (Sally y Larry) por otro, y su larga amistad desde sus comienzos: ellos como profesores de Literatura en la Universidad de Wisconsin en plena Gran Depresión, y ellas embarazadas de su segundo y primer hijo respectivamente, hasta la actualidad, 34 años más tarde. La historia nos la cuenta Larry, quien va recordando los años pasados junto a sus amigos, los malos momentos, los buenos, las ilusiones y esperanzas, los primeros logros... Las dos parejas se reencuentran en la casa de veranero de los Lang en Vermont, un paraje idílico, lejos de la civilización, en un fin de semana que será el último que pasen los cuatro juntos.

Uno de los maravillosos bosques de Vermont donde podría encontrarse la casa de veraneo de los Lang

La novela transcurre a un ritmo sosegado y algo nostálgico, ya que es el propio Larry quien nos cuenta desde la edad madura sus recuerdos de juventud, con mucha añoranza y cariño hacia esos tiempos pasados. Esos momentos que no se sabían disfrutar al cien por cien, y que solo se disfrutan de verdad cuando ya han pasado. Esas grandes decepciones que con los años se relativizan y se ve que no eran para tanto, esos grandes momentos de alegría, incluso las desgracias con el tiempo llegan a atemperarse. Se nota mucho que se trata de la última novela que escribió Stegner cuando era ya anciano (con 84 años) por esa sabiduría que da  la edad, y que narra muchas vivencias personales. Él también fue profesor de Literatura en la Universidad de Wisconsin, y su gran amor por la naturaleza se ve reflejado en preciosos pasajes descriptivos de los inmensos bosques del estado de Vermont. Ese tono nostálgico, aunque no triste, sino más bien de cariño. incluso un tanto paternalista hacia uno mismo por no haber sabido disfrutar en su momento de la juventud y de los buenos momentos, siempre preocupados por algo, por el trabajo, por la falta de trabajo, por la llegada de hijos, por la casa, por la familia, por los amigos... Con el tiempo todas esas angustias se ven como lo que son, el día a día, la cotidianeidad de una vida humana, aunque cuando se viven sea imposible verlas de ese modo. Otra cosa que me ha gustado especialmente es la manera de escribir de Stegner, sus descripciones de la naturaleza son tan vivas que realmente nos mete entre los bosques de Vermont, nos hace sentir y respirar junto a sus personjes en el ambiente académico de Madison y viajamos con ellos a una Florencia mágica (con una escena realmente llena de magia, temprano por la mañana, contemplada por Larry y Sally desde el balcón de su cuarto), mucho más para ellos, americanos cultos y soñadores que ven en este viaje un retorno al germen de toda la cultura occidental. Parece que cuando leemos literatura norteamericana todo es Nueva York o California, y en ese sentido, me ha gustado mucho poder conocer otros dos estados nuevos: Vermont y Wisconsin, especialmente el primero con sus inmensos espacios naturales.

Universidad de Wisconsin

El libro es ante todo un relato vital, cómo uno trata de salir adelante, de luchar por sus sueños, aunque lo más habitual es que estos se vayan rompiendo o transformando por el camino. Un ensalzamiento de la amistad, en este caso, de largo recorrido. Y esencialmente, se trata de un relato que si bien nos sitúa en varios contextos históricos interesantes, como la Gran Depresión, la Guerra Civil española, la llegada al poder de Hitler y Stalin, la II Guerra Mundial... se tratan solo de eso, de contextos, ya que lo importante son los cuatro personajes, cada uno con su personalidad y anhelos, y cada pareja con su propia personalidad de dos. Además, al tratarse de dos profesores universitarios y de sus cultísimas esposas, la novela está salpicada de poemas y referencias a escritores y poetas, conversaciones intelectuales que tienen entre sí los protagonistas, viajes, arte... He disfrutado mucho de sus conversaciones y teorías sobre la vida y la cultura, de sus veladas escuchando música y cantando, de sus picnics... Me he sentido como una más. Para mí ha sido una autentica delicia disfrutar de la maravillosa manera de narrar de Stegner, conocer a Charity, Sally, Sid y Larry, a los que he sentido como a amigos muy cercanos, y de los que me ha costado mucho despedirme al terminar el libro.

Wallace Stegner


Wallace Earle Stegner nació en 1903 en Lake Mills (Iowa) y falleció en 1993, además de novelista, fue historiador, biógrafo y ensayista y se le considera "el decano de los escritores del Oeste". Hijo de inmigrantes escandinavos, vivió en distintos puntos del Oeste americano antes de asentarse en Salt Lake City. Fue profesor de Literatura en distintas universidades, entre ellas la de Wisconsin (al igual que los protagonistas del libro) hasta instalarse definitivamente en Stanford, donde pondría en marcha una de las escuelas de escritura más importantes del país en la que estudiarían autores tan célebres como Raymond Carver o Ken Kesey. Fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente y participó en varias campañas por la defensa de la naturaleza y con organizaciones como la red de parques de EEUU o la Wilderness Society, algo que en esta novela se nota intensamente en sus descripciones sensoriales de los bosques de Vermont. Recibió entre otros galardones la Commonwealth Club Gold Medal, el Premio Pulitzer por Ángulo de Reposo y el National Book Award por El pájaro espectador. Stegner murió a  los 90 años a causa de las lesiones que sufrió tras un accidente de coche en Santa Fé (Nuevo México), ciudad en la que se encontraba para dar una conferencia.

lunes, 20 de julio de 2009

Frank McCourt nos deja


Ha muerto Frank McCourt a los 78 años tras sufrir una meningitis y un severo cáncer de piel. McCourt nos deja huérfanos tras regalarnos la historia de su vida en las maravillosas Las cenizas de Ángela o Lo es. El irlandés, Premio Pulitzer, consiguió relatar su durísima infancia, primero en Irlanda, y luego su adolescencia y juventud como inmigrante en Nueva York, sin caer en sesiblerías ni resultar empalagoso. Su manera de escribir era directa y franca, esto es lo que hay, parecía decir, y no perdía el tiempo en autocompadecerse. Sí, él y sus hermanos vivieron una vida muy dura, pero a pesar de que sus novelas tienen momentos muy trágicos e incluso de un patetismo extremo, siempre hay un momento para la risa, para el cariño. Lo bueno de McCourt es que parecía decirnos, sí, la vida es muy dura, que me lo digan a mí, pero siempre hay esperanza, la vida es lo suficientemente hermosa como para que valga la pena seguir para adelante y comernos cada segundo de existencia de un bocado, como si fuera el último y el más precioso de los tesoros. Las cenizas de Ángela fue llevada al cine, en una adaptación más que correcta, con una brillantísima actuación del siempre soberbio Robert Carlyle, encarnando al padre borracho de los niños. Me gusta especialmente la foto que he encontrado para ilustrar este post del escritor riendo alegremente, creo que es así como debemos recordarle, una persona optimista, que a pesar de haber pasado hambre, frio, haber perdido a su madre y a varios hermanos, y haber pasado un vida muy dura, supo extraer lo mejor de la vida y enseñarnos ese mensaje de superación. Creo que McCourt es de esos autores que nos hacen valorar más lo que tenemos y sentirnos tan absurdos de quejarnos y lamentarnos por nada, cuando en realidad lo tenemos todo.