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miércoles, 20 de julio de 2011

'Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques' de William S. Burroughs y Jack Kerouac

 
Título: Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques (And the Hippos Were Boiled in Their Tanks)
Autor: William S. Burroughs y Jack Kerouac
Editorial: Anagrama (abril 2010)
Año de publicación: 2008
Páginas: 192
Precio: 16,50 euros 


Qué bien sienta después de un fracaso lector toparte con un libro que te recuerda por qué amas tanto la lectura, del que estarías todo el día hablando y se lo recomendarías a todo el mundo. No ha sido difícil acertar, me entusiasma la Generación Beat, pioneros en poner el mundo adulto y formal patas arriba, precursores del movimiento hippie, un puñado de amigos a cuál mejor escritor. De momento mi favorito sigue siendo Jack Kerouac y En el camino, aunque también recomendaría Los vagabundos del dharma; a Burroughs lo conocí a través de su obra maestra, El almuerzo desnudo, que me dejó impactada. Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques es uno de esos libros cuya propia historia es tan o más interesante que el libro en si. Escrita mano a mano entre Kerouac y Burroughs entre 1944 y 1945, narra el día a día de un grupo de amigos a través de una sucesión de capítulos alternos escritos por dos personajes, Will Dennison (Burroughs) y Mike Ryko (Kerouac). Nos encontramos en el verano de 1944 en Nueva York, queda un año para que finalice la II Guerra Mundial, y Will y Ryko recorren la ciudad con sus amigos de una sala de jazz a otra, cóctel en mano, copa tras copa, apurando la ciudad, viviendo su música, su arte o su cine. Las alusiones a películas, músicos, escritores o pintores son constantes, y consiguen meternos de lleno en la época. Para irnos ambientando os dejo una canción del increíble Benny Woodman, The world is waiting for the sunrise, que se nombra en la novela.


Junto a Mike y Will se desarrolla un pequeño drama que acabará por estallar de una manera insospechada. Phillip Tourian, un adolescente, y Ramsay Allen, un treintañero enamorado locamente de él desde hace años viven en un continuo tira y afloja que acabará con un asesinato. En realidad todos los personajes de la novela son personas y hechos reales. Ramsay Allen era David Kammerer, y Phillip Tourian, era Lucien Carr, quien el 14 de agosto de 1944 apuñaló a Kammerer y arrojó su cuerpo inconsciente al río Hudson donde murió ahogado. Después, les contó a sus amigos Burroughs y Kerouac lo sucedido, convirtiéndoles en cómplices involuntarios del asesinato. Ambos escritores reconstruyen en esta novela los días previos a los hechos y la confesión que Carr les hizo por separado, cuando aún no había alcanzado la fama ninguno de ellos ni habían escrito sus posteriores obras maestras. Lucien Carr, tratando de huir de ese oscuro pasado, impidió que se publicase su novela hasta el momento de su muerte en 2005. La novela nos mete de lleno en las vidas de estos genios, por aquel entonces aún  muy jóvenes, y sus locuras y extravagancias. Lo que empieza siendo un periplo por el Nueva York de los años 40 de la mano de los que serían años después los creadores de la Generación Beat, termina en un drama auspiciado por una sociedad rancia y de doble moral que condena la homosexualidad y el no ajustarse a las normas morales.


Espero que os haya gustado el libro, porque tras leer Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques he recordado lo mucho que me gusta la Generación Beat, y en un ataque de locura me he hecho con todos estos libros, así que aviso, va a haber beats para rato. ¿Qué os parecen? ¿Habéis leído alguno?

  • Tras no parar de hablarle del libro, mi chico se ha comprado Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques para leerlo él, ya que el libro que tenía yo era de la biblioteca. Así que ya lo tengo en casa para releerlo cuando me apetezca. 
  • Los subterráneos de Jack Kerouac: mi beat favorito, San Francisco a golpe de jazz, alcohol y drogas. Una historia de amor en los años 50 entre un escritor blanco y una chica negra. 
  • Yonqui de William S. Burroughs: el descenso a los infiernos de la droga como forma de vida, un libro prohibido y marginal en su momento, que tan solo se atrevió a publicar una pequeña editorial. 
  • Aullido de Allen Ginsberg: genio e inspirador de la Generación Beat, un largo poema que pasea por lo más oscuro del ser humano. Un libro que estuvo prohibido durante un año, y cuyo editor fue a juicio acusado de promover la obscenidad al publicarlo (hechos que podéis ver en la increíble película Howl de Rob Epstein). "Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura".

lunes, 13 de septiembre de 2010

Jazz de Toni Morrison


La escritora estadounidense Toni Morrison, ganadora en 1993 del Premio Nobel de Literatura, es sin duda una de las voces más importantes en la defensa de los derechos civiles de la población negra en EE.UU., y un altavoz constante de las agresiones que éstos han sufrido y aún sufren en éste país. Aún así, sus novelas mezclan ésta denuncia con historias de amor y violentas pasiones, con personajes al límite, enfrentados a situaciones que se escapan de su control. Jazz fue publicada en 1992 y cuenta la peculiar historia de amor entre Violet y Joe, una pareja negra que deja atrás los campos de trabajo y los abusos a los que son sometidos por parte de los patronos blancos, para llegar a la gran ciudad, Nueva York. La historia se sitúa así en el Harlem de los años 20, aunque vuelve varias veces la vista atrás, a finales del siglo XIX en el sur del país, para contarnos cómo se conocieron Violet y Joe, o para hablarnos de sus respectivas familias. Joe inicia en Nueva York una relación con una chica de 18 años, Dorcas, a pesar de que él ya pasa de los 50. Cuando la adolescente decide romper la relación, Joe la mata y Violet, devorada por los celos, profana su cuerpo, acuchillando el rostro de Dorcas el día de su funeral. Esas pasiones desatadas abrirán un brecha muy difícil de cerrarse entre la pareja, rodeados del ritmo de la ciudad y de su violencia cotidiana.


Si bien Jazz es un libro que se devora al mismo ritmo compulsivo que cualquiera de las demás novelas de Morrison, es cierto que en éste caso nos encontramos con una novela más conceptual y abstracta, en la que la escritora ha querido jugar con el lenguaje, algo que siempre dificulta la lectura. Toni Morrison, haciéndose eco del título del libro, hace hablar a cada uno de los personajes del libro como si de una canción de jazz se tratase, con sus lamentos e historias tristes, en una especie de monólogos interiores. Conocemos así la historia desde varios ángulos, y por eso, a pesar de lo atroz del crimen, podemos llegar a empatizar con todos y cada uno de los personajes, o por lo menos, llegar a comprender hasta cierto punto sus motivaciones. Además, Morrison nos habla de varios linchamientos que tuvieron lugar en EE.UU. en esos años hacia la población negra, como por ejemplo, el que se saldó con unas 200 personas muertas entre las que había mujeres y niños, que lo único que buscaban era trabajo. Si bien éste libro no me ha parecido tan excepcional como los maravillosos Ojos azules, Sula o el increíble Beloved (mi recomendación sin duda para quien aún no conozca a Toni Morrison), es ésta una novela más experimental pero innegablemente redonda, donde Morrison se deja llevar por la poesía de las palabras y nos sumerge de lleno en el Nueva York de los años 20 a ritmo de jazz.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Mojo Project pierde, África pierde

Tenía bastantes ganas de ver a África (ex vocalista de Mojo Project) en directo con su primer disco en solitario. Había visto ya al grupo un par de veces y siempre lo había pasado fenomenal con esa mezcla tan suya de estilos: funky, flamenco, jazz... Ir a un concierto de Mojo Project era siempre sinónimo de diversión, conseguían una atmósfera de buenrrollismo muy agradable en la que era imposible no ponerse a bailar. Gran parte de ese éxito era de la cantante, que con su gran carisma conseguía contagiar su entusiasmo al público.

Mojo Project sacó al mercado un par de discos en los que se perdía totalmente esa atmósfera especial de los conciertos. Fue entonces cuando África abandonó el grupo, que sacó un tercer disco, en el que definitivamente perdieron toda su magia.

Así, pensaba yo que era Mojo Project quien había perdido con la marcha de África. Sin embargo, el jueves en la sala BarCo de Madrid vi que estaba muy equivocada, África también ha perdido, y mucho.

Acompañada por un pianista, bajo y batería y cajón, su música se ha acercado totalmente al jazz (un poco de ascensor diría yo), con melodías mucho más lentas y un protagonismo absoluto de la voz ( que sigue siendo estupenda). La calidad de los músicos y de la voz es indiscutible sin embargo, ha perdido la chispa. Ya no es un grupo divertido, ya no hace bailar ni pasarlo bien, ya no hay esa especial relación entre África y el publico, que hacía dar palmas, saltar, cantar... pasarlo bien en definitiva, que es el objetivo de todo buen concierto que se precie de serlo.

Al contrario, la vocalista hizo alarde de su mal genio, y la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo en ocasiones. Fueron varias las veces que quiso hacer callar al público (debía pensar que estaba en un auditorio o algo así, en vez de en un bar), incluso llegó a increpar con muy mala educación a una chica sólo por estar conversando, y llamó la atención en repetidas ocasiones porque no la veneramos.

Pero qué esperaba, el espectáculo no enganchaba para nada, a los cinco minutos ya estábamos todos aburridos, hablando de nuestras cosas con una música agradable de fondo, pero nada más. Una pena lo que ha pasado con Mojo Project, un grupo que prometía mucho y que se ha quedado en una cantante malencarada que abronca al público.