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domingo, 20 de junio de 2010

Nos deja Saramago, pero nos quedan sus libros

Llego tarde para decirle adiós a José Saramago por culpa un fin de semana incomunicada sin Internet. Pocos autores me han hecho darle tantas vueltas a tantos temas, y no sólo los que trataba en sus novelas, también las batallas que libraba en su día a día como si fuese un contemporáneo Quijote. Mis favoritos sin duda, Ensayo sobre la ceguera, Las intermitencias de la muerte y Ensayo sobre la lucidez. ¿Cómo podían ocurrírsele semejantes ideas? ¿Cómo conseguía meternos esa inquietud en el cuerpo? Sin desmerecer por supuesto la extraordinaria La balsa de piedra o El evangelio según Jesucristo, y cómo consiguió hacerme reír hasta las lágrimas con El viaje del elefante. Estoy deseando devorar Caín, aunque con la pena de saber que serán las últimas palabras de un escritor muy querido para mi.

*** Me encanta la fotografía con la que ilustro el post, una imagen muy tierna y llena de amor del escritor con su mujer, amiga y traductora, Pilar del Río.

viernes, 24 de abril de 2009

El viaje del elefante de Saramago


La última novela de José Saramago, El viaje del elefante, no parece a veces una novela de Saramago. Si la comparamos con otras obras suyas, encontramos elementos comunes, como el gusto por la recreación en el lenguaje, el juego con las significaciones y las palabras, o la trascendencia de la más mínima acción o pensamiento. Sin embargo, El viaje del elefante es diferente a todas las demás. Casi me atrevería a decir, que, sin ser la mejor obra del portugués -para mi gusto las más logradas son Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez-, sería la más recomendable para los que todavía no se han adentrado en el maravilloso mundo que nos propone el autor en sus relatos. Esta novela, a diferencia de las demás, no se sustenta en supuestos más o menos imposibles -que todo el mundo pierda la visión, que se vote mayoritariamente en blanco, que la Península Ibérica se desgaje de Europa...-, sino que recrea un hecho anecdótico pero real, que casi parece una fabulación más por lo increíble que es. Saramago fue a dar unas conferencias a Austria, y allí le llevaron a cenar a un restaurante llamado El elefante, cuál no sería su sorpresa cuando le contaron que en el siglo XVI el rey Juan III de Portugal le ofreció a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, un elefante. La novela cuenta el viaje de este pobre elefante hindú -Salomón o Solimán- y su cornaca -a veces Subhro, a veces Fritz- a través de toda Europa hasta llegar a Austria. Saramago imagina, fabula, recrea un viaje épico, en el que no falta el característico humor cínico y acusador del portugués, pero también la compasión con las debilidades y miserias humanas. Es un libro divertido, apasionante, brillante. Saramago nos demuestra una vez más, que a pesar de sus 87 años continúa en plena forma.