Mostrando entradas con la etiqueta La nieta del señor Linh. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La nieta del señor Linh. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de octubre de 2012

'El informe de Brodeck' de Philippe Claudel

El informe de Brodeck

Título: El informe de Brodeck (Le rapport de Brodeck)
Autor: Philippe Claudel
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Editorial: Salamandra (octubre 2008)
Año de publicación: 2007
Páginas: 288
Precio: 17 euros
He visto a los hombres en acción cuando saben que no están solos, que pueden diluirse, disimularse en una masa que los engloba y supera, una masa formada por miles de rostros como los suyos. Se alegará que la responsabilidad es de quien los arrastra, los azuza, los hace bailar como una serpiente alrededor de un bastón, y que las muchedumbres no son conscientes de sus actos, su dirección, ni su futuro. Es mentira. Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes.
Hace poco conocí la prosa de Philippe Claudel gracias a su novela La nieta del señor Lihn, de la que podéis leer aquí la reseña, un libro que me gustó tanto, no tan solo por la temática, sino especialmente por la manera tan personal y cuidada de escribir de su autor, que no he tardado prácticamente nada en repetir con él. El informe de Brodeck es el segundo libro que leo del autor y, aunque muy diferente al primero, tiene algunas coincidencias que, además, fueron las que me engancharon a su prosa: la sencillez y las frases breves que, sin embargo, esconden mucho más de lo que parecen querer decir en un primer momento, ese doble nivel de lectura que presenta una historia en la superficie con mucho más fondo si profundizamos, un aire de fábula y de indefinición que impregna todo el relato y que logra la impresión de que los hechos podrían haber sucedido en cualquier lugar y en cualquier tiempo, y una historia muy dura y triste con un final que sorprende y conmueve.

Deportaciones masivas de judíos

La acción nos sitúa en un pequeño pueblecito aislado en medio de las montañas, no se especifica dónde se encuentra, pero por los datos que nos va aportando el autor podemos intuir que se trata de algún país con frontera con Alemania (lo más seguro es que se trate de Austria) inmediatamente después de la II Guerra Mundial. Todos los hombres han participado en el asesinato del único extranjero del pueblo, del que ni siquiera conocen su nombre ni qué hace allí, y al que llaman Der Anderer (que significa "el otro" en alemán). Todos, menos Brodeck, al que se le encarga escribir un informe de lo sucedido para que quienes tengan que juzgarles puedan "comprender y perdonar". De este modo, Brodeck va elaborando un informe a través de distintas entrevistas con habitantes del pueblo y de sus propios recuerdos, a la vez que escribe un informe muy personal, solo para él, que nadie debe saber que existe. En este segundo escrito nos cuenta quién es él, cómo escapó siendo niño de una guerra gracias a una anciana que le recogió, cómo conoció a su mujer y nació su pequeña hija Poupchette, a quien adora, y cómo durante la guerra fue deportado a un campo de concentración.

Recibimiento de las tropas nazis en Viena (1938)

Brodeck nos habla de él, de su historia, pero a través de esta nos habla del pueblo y sus habitantes, de su comportamiento antes, durante y después de la guerra. Y más aún, nos habla del comportamiento que tuvo toda la población durante la II Guerra Mundial, ya que la historia de este pequeño pueblo de montaña es extrapolable a toda Alemania, Austria y los países colaboracionistas. Una vez más, lo mejor de la novela es cómo está escrita, lo que podría haber sido una historia más sobre la II Guerra Mundial, las deportaciones de judíos y los campos de concentración, cobra un nuevo matiz gracias a la maestría de Claudel con las palabras. Por un lado, el hecho de que no especifique nombres de ciudades o países, que no llame a los campos de concentración como tales (simplemente "el campo"), ni diga claramente que Brodeck es judío (aunque es fácil intuirlo), ni que quienes invaden el pueblo sean nazis sino personas que hablaban la misma lengua que los habitantes del pueblo (por lo tanto, en principio, personas iguales a ellos), crea un aura que consigue extrapolar la historia a cualquier conflicto de los muchos que ha vivido Europa o incluso otros países del mundo, a las matanzas y exterminios, a las barbaries cometidas no solo por los ejércitos, sino principalmente por la gente de a pie que consiente y en muchos casos participa en esas masacres. Por otro, la forma de contar la historia nos recuerda muchas veces a una fábula, aunque una fábula envenenada ya que el mensaje, el fondo de todo, ni tiene finales felices, ni enseñanzas morales justas. Por un lado tenemos a los personajes buenos encarnados principalmente en figuras femeninas: la anciana bondadosa que recogió a Brodeck de niño, su esposa extremadamente bella y buena y su hija preciosa y el centro de su vida; por otro tenemos al extranjero, al Anderer que nadie sabe de dónde ha venido y que resulta un enigma para todos; y los personajes malos, muchos de los habitantes del pueblo que son comparados con animales o descritos a través de olores fétidos para mostrar su podredumbre interna y moral.

Humillaciones públicas a ciudadanos judíos

Si hay un tema central en la novela es el de la responsabilidad, tal y como puede verse en el párrafo que he extraído de la novela y que he insertado al principio de esta reseña. Es algo ya habitual desentenderse de la responsabilidad individual cuando se producen conflictos bélicos o matanzas, alegar que se seguían ordenes, que se sentía miedo o que, simplemente, no se podía hacer nada. La historia demuestra una y otra vez que el grado de responsabilidad de la población en estos casos es siempre mucho mayor de lo que se admite posteriormente y que, no solamente se seguían órdenes, sino que muchas veces eran los propios vecinos los que comenzaban un linchamiento o una persecución contra ciertas personas o colectivos. El poder de la masa como ente destructor, la posibilidad de esconderse en el anonimato de esa misma masa que aprovechan muchos en momentos convulsos, es una constante en la historia. La novela tiene muchísimos matices y, aún así, su lectura es sencilla y fluida, gracias a la prosa ligera y concisa de Claudel, a los diálogos dinámicos que retratan a los personajes y a la historia que nos atrapa desde un principio y que va soltando pequeñas pistas hasta el mismo final de la novela, donde hacemos un descubrimiento desolador en el último momento. 

Philippe Claudel

El informe de Brodeck, como veo que es una constante en la obra de Philippe Claudel, es una novela que muestra la oscuridad del ser humano, el miedo al que es diferente, al que puede recordarnos la oscuridad que vive en nosotros. La misma novela es oscura, con un tono pesimista que no cree en la redención del ser humano, sino en la condena de que una y otra vez se repitan las mismas atrocidades, y por desgracia, la historia se encarga de demostrarnos que es así, que una y otra vez los seres humanos se matan por nada, que poblaciones enteras se levantan contra sus vecinos, que personas que parecían tener una vida plena y pacífica son capaces de las mayores atrocidades. Philippe Claudel (Nancy, 1962) ha recibido numerosos galardones por sus obras. En este caso concreto, El informe de Brodeck recibió el premio Goncourt des Lycéens 2007, un galardón organizado por el Ministerio de Educación Nacional, que otorgan los estudiantes de los liceos franceses, votando la que consideran la mejor obra de una selección que hace previamente la Academia GoncourtDespués de haber conocido a Philippe Claudel no puedo dejar de desear leer toda su obra traducida al español, de la que me queda una única novela, Almas grises, que espero leer pronto. Si aún no conocéis a este autor, os lo recomiendo y mucho, es de esos extraños casos hoy en día, en los que se unen historias con un gran fondo que nos dejan pensativos durante días, a una magnífica prosa y una lectura sencilla y ágil, tanto, que las hojas parecen casi deslizarse entre nuestras manos sin darnos ni cuenta, pero la historia, la novela en sí, no se olvida fácilmente.

jueves, 13 de septiembre de 2012

'La nieta del señor Linh' de Philippe Claudel

Claudel

Título: La nieta del señor Linh (Le petite fille de Monsieur Linh)
Autor: Philippe Claudel
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Editorial: Salamandra (agosto 2006)
Año de publicación: 2005
Páginas: 128
Precio:  12,50 euros

Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Él el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.

Hay libros que solo se pueden recomendar a unos pocos, otros que recomendaríamos a todo el mundo por lo mucho que nos han gustado, y luego, hay otro tipo de libros que sabemos que sí deberíamos recomendar, porque son esa clase de libros que pueden gustar a todos, a lectores y no lectores, e incluso crear el hábito de lectura a estos últimos. Dentro de esa categoría encuadraría a La nieta del señor Linh de Philippe Claudel, una novela muy breve de poco más de 100 páginas, capítulos muy cortos, frases casi telegráficas, un ritmo que nos invita a no soltar el libro y una historia universal que deja huella. En mi caso lo leí del tirón, y no creo que lo olvide fácilmente. Narra la historia de un inmigrante, el señor Linh (no se especifica de qué país procede, podría ser Camboya, Vietnam...) que llega a Francia cargado con una pequeña maleta y su aún más pequeña nieta de pocos meses de vida, Sang Diu, que significa Mañana dulce. Esta niña es lo único que le queda al señor Linh, quien ha perdido a su hijo y a su nuera (padres de la pequeña), su hogar y todo lo que conocía por culpa de la guerra. Llega a este país desconocido, donde no entiende a nadie y donde el aire no tiene olor y la comida no tiene sabor. Un día, ese vacío que solo llena su nieta, se hace un poco más pequeño al hacerse amigo del señor Bark, un hombre que ha perdido a su mujer hace poco, y que se siente tan solo como el señor Linh, con lo que, a pesar de que no se entienden, nace entre ambos una gran amistad.


Como apuntaba antes, la historia es universal, si cambiamos la nacionalidad del señor Linh y el país al que llega, esta historia podría tener lugar en cualquier punto del mundo. La soledad y el desarraigo de los inmigrantes, su incomprensión de los países que los acogen sin acogerles realmente, tan solo internándoles en centros de acogida, la indiferencia de los demás, y esencialmente su añoranza de todo lo que han dejado atrás y perdido, son los ejes de esta historia. Una historia que cuenta con un desenlace final que al menos yo no me esperaba y que me resultó muy triste, un giro muy inteligente por parte del autor que da la vuelta a la historia y que nos sorprende con su habilidad para habernos llevado por donde ha querido a lo largo de toda la novela y habernos hecho creer lo que no era.

Niños en un lago de Angkor, Camboya (1996). Gervasio Sánchez

Es una novela con un ritmo muy fluido, frases cortas y muy directas que nos meten de lleno en la historia y que nos ayudan a empatizar en seguida con el señor Linh, un anciano entrañable que se desvive por cuidar a su nieta, que, de hecho, abandona su país para poder darle a esta un futuro mejor. 

Pronto será una chiquilla, luego una adolescente y después una joven. El tiempo pasa deprisa. La vida pasa deprisa y convierte los tiernos capullos de loto en grandes flores abiertas a orillas de los lagos. Él quiere ver florecer a su nieta. Quiere vivir para ver eso, y no le importa que vivir signifique vivir lejos de su país, vivir allí, en aquella mansión rodeada de muros.

Bahía de Ha Long, en Vietnam

Parece mentira que un libro tan breve sea capaz de tratar tantos temas: la inmigración, las guerras, el desarraigo, la incomunicación, el desinterés por los demás... Y que provoque tantos sentimientos: ternura, tristeza, amistad, amor... Dos puntos son los que destacaría del libro, por un lado el inmenso amor del señor Linh hacia su nieta y como trata de darle una vida mejor manteniendo vivas las raíces culturales que han dejado atrás. Y de otro, cómo muchas veces los problemas de comunicación son más culpa nuestra que problemas reales. Ya que, a pesar de que hablan idiomas distintos, que provienen de dos culturas muy diferentes y que en un principio no tendrían nada en común, el señor Linh y el señor Bark logran comunicarse, entenderse, crear vínculos y una amistad y un cariño muy grandes, y lo consiguen porque las palabras o la procedencia no son importantes, lo importante es que se escuchan, se dan compañía, se esfuerzan por ver cuáles son los intereses de cada uno y demostrar su amistad con pequeños gestos de cariño. Sin que podamos decir que nos encontramos ante una obra maestra, sí que es uno de esos libros que uno no se arrepiente de haber leído y que creo que en general gustará a todos en mayor o menor medida. Es una de esas historias agridulces y breves que a pesar de que nos duran entre las manos un suspiro, son difíciles de olvidar.

Philippe Claudel

Esta es la primera novela que leo del francés Philippe Claudel, y ya os aviso que no va a ser la última, además de que el tema de la novela me ha gustado mucho, me ha enamorado su forma de escribir tan directa y sin artificios y a la vez tan llena de sentimientos. Claudel nació en Nancy en 1962, y además de escritor ha sido profesor en liceos y en la Universidad de Nancy II, así como de niños discapacitados y de presos; también es guionista de cine y televisión. Publicó su primer libro, Meuse l'oubli, a los 37 años, y a partir de entonces ha recibido varios premios como el premio Francia Televisión 2000 por su novela J'abandonne; el premio Goncourt de Novela 2003 por el libro de relatos Petites mécaniques; el premio Renaudot por su novela Almas Grises; y el premio Goncourt de los Estudiantes 2007 por El informe Brodeck. También ha sido director y guionista de la película Hace mucho que te quiero, que recibió el César a la mejor ópera prima y de la película Silencio de amor.

jueves, 23 de agosto de 2012

Recordando a Martine Franck a través de sus fotografías: mucho más que la viuda de Cartier-Bresson

Martine Franck. Francia, Clamart. Biblioteca para niños (1965)

El pasado miércoles 15 de agosto fallecía en París la fotógrafa belga Martine Frank a los 74 años de edad tras una enfermedad. 

Martine Franck. India, estado de Orissa, ciudad de Puri (1980)

Franck fue miembro desde 1983 de la prestigiosa agencia Magnum, y viuda del Henri Cartier-Bresson, uno de mis fotógrafos favoritos. 

Martine Franck. Francia, Provenza, Ciudad de Le Brusc. Piscina diseñada por Alain Capeilleres (1976)

Las fotografías de Martine Franck están llenas de personalidad y son de una belleza admirable, no quería dejar pasar la oportunidad de mostraros algunas de mis favoritas y rendir homenaje de este modo a esta extraordinaria fotógrafa. 

Martine Franck. Irlanda, Donegal. Tory Island (1995)

Aunque si os quedáis con ganas de más, podéis echar un vistazo al catálogo de la agencia Magnum aquí.
Martine Franck. Francia, región de Normandía (1973)


Martine Frank nació en 1938 en la ciudad belga de Anvers y pasó su infancia en Estados Unidos e Inglaterra. Estudió Historia del Arte en Madrid y continuó sus estudios en París, en la Escuela del Louvre.

Martine Franck. Nepal, Bodnath. Tulku Khentrul Lodro Rabsel (de 12 años) con su tutor Lhagyel (1996)

Las imágenes tomadas por Martine contienen en muchos casos un gran exotismo, ya que viajó por todo el mundo, tomando imágenes de todos los rincones del mismo: China, Japón, Nepal, Europa, Estados Unidos, India, etc...

Martine Franck. Paris, Olympia, Mick Jagger y The Rolling Stones (1975)


Se inició en 1963 en la fotografía, trabajando para algunas de las publicaciones más prestigiosas del mundo, y realizando retratos de artistas como Miquel Barceló, Marc Chagall, Fernando Botero o incluso los Rolling Stones.

Martine Franck. Irlanda, Dublín. Cementerio de coches robados (1993)

Se casó con el célebre fotógrafo Henri Cartier-Bresson en 1970, y a su muerte en 2004 dirigió la Fundación Cartier-Bresson, de la que era presidenta, para proteger y difundir el legado de su marido, junto a la hija de ambos, Mélanie

Martine Franck. Henri Cartier-Bresson y Mélanie, Alpes, Provenza, Francia (1973)


Algunas de las instantáneas más bellas que podemos contemplar de Martine Franck fueron tomadas por su marido, quien a través de esas fotografías transmitió todo el amor y sensualidad que le provocaba su mujer. Una de las fotografías más célebres de Cartier-Bresson es la que tomó de las piernas de su mujer mientras esta leía, y que os muestro a continuación.

Henri Cartier-Bresson. Las piernas de Martine (1967)

Igualmente, las instantáneas que Martine captó de Henri plasman ese cariño y complicidad existente entre la pareja y que muestran claramente por qué ambos fueron unos extraordinarios fotógrafos: no sólo por la belleza y la calidad de sus imágenes, sino por toda la carga emotiva que transmiten y por todo lo que cuentan sin palabras.

Martine Franck. Retrato de Henri Cartier-Bresson (1996)


Una pareja de fotógrafos excepcionales que se han ido ya, pero de los que nos quedarán siempre sus imágenes llenas de magia. Por último os dejo una fotografía de la pareja tomada por otro fotógrafo excepcional, André Kertesz, del que os enseñé imágenes en esta entrada gracias a una muestra que pude visitar

André Kertesz. Martine Franck y Henri Cartier-Bresson fotografiados por Kertesz con la cámara de Martine (1980)

Pensaba que se me había acabado por completo el verano, pero parece que no. Mañana nos vamos de nuevo a la playa, esta vez a la provincia de Tarragona y sólo hasta el domingo, pero no os imagináis las ganas con las que voy a coger la playa ya que pensaba que ya no iba a ver el  mar hasta el año que viene, con lo que me gusta... pienso darme mil y un chapuzones y aprovechar al máximo porque estos si que van a ser ya definitivamente los últimos días de veraneo. Así que me llevo a Proust conmigo, En busca del tiempo perdido está siendo una lectura algo densa pero que estoy disfrutando muchísimo, apenas avanzo más allá de tres a cuatro páginas al día, pero vale la pena de verdad. Y como la playa es para descansar me llevo otro más ligerito para intercalar: La nieta del señor Linh de Philippe Claudel que Vero en su blog La entropía de Vero me ha recordado a raíz de la reseña de otro de los libros del autor. Me voy a hacer la maleta... ¡Feliz fin de semana!