**Book Cam es una idea original de Laura, del blog Cargada de Libros, y consiste en mostrar a través de una fotografía una serie de libros que tengan algo en común.
Autor: Paul Auster Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Editorial: Anagrama edición Círculo de Lectores (2009)
Año de publicación: 2009
Páginas: 277 Precio: 16,50 euros
No haber intervenido es con mucho la cosa más reprensible que he hecho nunca, el punto más bajo de mi andadura como ser humano. No sólo permitió que un asesino quedara impune, sino que tuvo el insidioso efecto de obligarme a afrontar mi propia debilidad moral, a reconocer que en ningún momento había sido la persona que yo creía ser, que era menos bueno, menor fuerte, menos valiente de lo que había imaginado ser.
Me declaro fan absoluta de Paul Auster, comencé a leer sus obras hace años con El país de las últimas cosas y quedé tan impactada por esa novela, que aún a día de hoy sigue siendo una de mis favoritas del autor, que continué sin descanso con las magníficas Leviatán, La música del azar, Mr Vértigo, El libro de las ilusiones o El palacio de la luna. Quizá fuera culpa mía por haberme entusiasmado tanto con un autor y haber leído en tan poco espacio de tiempo tantas obras suyas, o quizá es que sus primeras obras tenían una magia especial que le faltan a las últimas, pero de pronto, La noche del oráculo, Brooklyn Follies o Viajes por el Scriptorium me empezaron a parecer una repetición continua del mismo tema, los mismos personajes y situaciones, tanto que si me preguntarais por ellas no recordaría exactamente el argumento, mientras que de las primeras novelas que leí de él, aunque haya pasado más tiempo, guardo un recuerdo muy nítido y detallado. Hace poco me reconcilié con el autor con su Diario de Invierno que reseñé aquí, sin embargo, se trataba de un libro de memorias, muy a su manera, pero una biografía al fin y al cabo, que permitía adentrarse no solo en su vida sino en muchos personajes y momentos de su obra. Es por todo esto que me embarqué en la lectura de Invisible con reticencias, no tenía claro que una novela suya, y más siendo de las más recientes, de 2009, fuera a gustarme. Y no es solo que me haya gustado, sino que me ha entusiasmado, he vuelto a sentir esa magia de Auster y ya estoy pensando en repetir, espero que no vuelva a entrarme una nueva fiebre con el autor, pero lo cierto es que vuelve a situarse entre mis favoritos.
Universidad de Columbia
Invisible nos cuenta los recuerdos de Adam Walker cuando era un joven estudiante en la Universidad de Columbia cautivado por el extremista e iracundo profesor Rudolf Born y su esposa Margot. Junto a ellos vivirá momentos decisivos, especialmente al ser testigo de un asesinato brutal y sin sentido, y al no haber estado a la altura de las circunstancias y haber actuado de una manera poco ética. Años después, espía esa culpa que le ha perseguido toda su vida, escribiendo unas memorias que van más allá de ese asesinato y esos personajes iniciales. Nuevos personajes se irán uniendo a la trama y viajaremos de Nueva York aParís en lo que no es sino la biografía de Adam Walker ligada a esos personajes y a ese intenso año, 1967, donde además de ser testigo de un asesinato vivirá dos relaciones con mujeres con las que no debería estar pero que, ambas, cada una a su manera le dejarán huella.
West End Avenue, Manhattan, Nueva York
Este libro tiene muchos puntos positivos pero querría destacar dos que me han cautivado especialmente, de un lado, una historia muy bien construida con personajes muy reales y a la vez lo suficientemente especiales para que no se hagan anodinos, la trama atrapa desde el primer hasta el último momento, con una historia que no podemos dejar de leer. Auster logra que la vida de su protagonista nos atrape tanto que queremos seguir sabiendo de él, qué pasó después de ese año 1967 tan accidentado y lleno de acontecimientos, y si volvieron a reencontrarse esos personajes. De otro lado, la magnífica prosa de Auster que cambia de persona hasta en tres ocasiones mostrándonos una vez más que es un autentico mago de la escritura, ya que su protagonista nos cuenta su vida en primera, segunda y tercera persona sin que decaiga el ritmo en ningún momento. Además, encontramos un recurso ya habitual en Auster, pero que nos por ello deja de funcionar a la perfección, y es el de las historias dentro de las historias, como muñecas rusas. Personajes que nos van contando una historia dentro de la historia principal, y que dan su testimonio a través de sus palabras o cartas de lo que ha sucedido, rellenando de este modo los huecos de la historia. Y por último, no quiero dejarme un recurso que le añade aún más atractivo a la novela, y es que como la historia nos la cuenta Walker, cuenta lo que quiere, de hecho, uno de los personajes involucrados niega posteriormente uno de los acontecimientos lo que nos hace dudar si sucedió realmente o no, e incluso si el resto de lo que nos cuenta es real o solo producto de su imaginación.
Rue Mazarine, Paris
Los que ya conocéis la prosa de Auster podéis imaginaros perfectamente el tipo de libro que es y, aunque os hayáis desencantado como yo con el autor, os animo a leerla, porque esta historia es diferente, es fresca y parece que revive a nuestro viejo Paul Auster, el que nos ha encandilado siempre con sus historias. A los que aún no os habéis animado con el autor os animo de verdad a hacerlo, no os arrepentiréis, si el autor tiene un gran don es que es un excelente contador de historias, que atrapa con sus tramas y personajes y que posee un dominio tal del lenguaje que escribe de maravilla sin por eso ser pesado, sino al contrario muy ágil y asequible. No os perdáis la oportunidad de disfrutar con Auster.
Título: Algún día este dolor te será útil (This Pain Will Be Useful To You)
Autor: Peter Cameron Traducción: Jordi Fibla
Editorial: Libros del Asteroide (abril 2012)
Año de publicación: 2007
Páginas: 248 Precio: 18,95 euros
A veces puedes sentarte en el paseo, mirar al otro lado del río, olvidarte de la ciudad que está a tus espaldas y de la ruinosa y fea ribera de Nueva Jersey frente a ti y concentrarte en el río, la luz en el agua, los barcos que pasan o el modo, si hay marea alta, en que la corriente parece deslizarse en ambas direcciones a la vez, el agua marina hacia arriba y la dulce hacia abajo, pero aquella no era una de esas ocasiones. No podía desentenderme de la ciudad que estaba detrás y el río no parecía fluir en ninguna dirección, tan solo parecía estancado y derrotado.
Me cuesta un poco hablar de este libro, que habréis visto ya en infinidad de blogs, y que parece que está teniendo bastante éxito. He tenido unos cuantos altibajos con él, cambios de opinión y, finalmente, puedo decir que en conjunto no me ha disgustado, aunque sin entusiasmos, lo he disfrutado como lo que es, un libro entretenido sin más. Si os acercáis a él sin muchas expectativas es posible que os guste, aunque no esperéis encontrar esa maravilla, ese libro impactante que anuncian. Algún día este dolor te será útil no está mal, pero no deja ni huella ni poso, es más que probable que de aquí a un año nadie lo recuerde. Si tenemos eso en cuenta, el libro resulta una lectura entretenida. Al empezarlo, he de admitir que tenía mis prejuicios por las continuas comparaciones con El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, mi libro favorito desde hace unos 20 años. Y es cierto que toma mucho de esa novela, especialmente el estilo de narración y algunos rasgos de su protagonista, ya que la trama en sí no tiene nada que ver, algo que no me ha convencido en absoluto. Ya sea homenaje o simple inspiración para lograr atraer al público, basarse en una novela tan conocida y que despierta en muchos (entre los que me encuentro) pasiones irracionales, no creo que sea una buena idea. Sin embargo, a mitad del libro conseguí conectar con él. Dejando de lado el hecho de que el autor hace hablar a su protagonista como cree que lo haría Holden, el protagonista de El guardián entre el centeno, la novela tiene su propia personalidad; James, el protagonista, tiene su propia personalidad y su voz; y la historia es propia y original. Si el autor no hubiese recurrido a El guardián entre el centeno como fuente de inspiración mi valoración de Algún día este dolor te será útil sería más alta. Es una pena que lo haya hecho, pensando quizá así en captar a más público o en llamar la atención, ya que el autor tiene recursos propios más que suficientes para sacar adelante esta historia sin necesidad de recurrir a las ideas de otros.
Bruce Davidson. Central Park, una pareja joven interracial (1992)
Algún día este dolorte será útil está ambientada en el Nueva York actual donde vive James Sveck. Nos encontramos en un sofocante verano previo a la entrada en su primer año de Universidad de James, este pasa el tiempo trabajando en la galería de arte de su madre y preguntándose hacia dónde va su vida. Y es que, lo que para muchos es un momento importantísimo de su vida, la entrada en la Universidad, para James es un auténtico calvario. No tiene claro que vaya a aportarle nada y le asusta tener que convivir con otros jóvenes de su edad con los que no se siente nada identificado. En vez de eso, su sueño sería comprarse una casa en algún lugar pequeño e idílico del medio oeste y aprender por su cuenta. A su alrededor, su hermana Gillian que vive una relación con su profesor casado, un pedante que no ayuda al acercamiento entre hermanos; la madre, que vuelve de la luna de miel de su tercer matrimonio dispuesta a divorciarse y centrada tan solo en sí misma; el padre, un adicto al trabajo al que lo único que le preocupa es la posible homosexualidad de su hijo. Y por último, la única persona con la que James conecta, su abuela, quien parece ser la única capaz de entender por lo que está pasando su nieto. Soledad, falta de comunicación, miedo a crecer son algunos de los temas que trata esta novela, en la que la ciudad y la familia producen una sensación más cercana al aislamiento que al arropamiento que deberían transmitir.
Tener malas experiencias a veces es una ayuda, te aclara lo que deberías hacer. Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes solo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Puede que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales. Ahora te parecerá un contratiempo, algo que te complica la vida, pero... es demasiado sencillo vivir sin complicaciones.
Además, a la desestructuración de su familia, la falta de amigos y las dudas que asaltan a James sobre cómo afrontar su futuro -que nadie parece dispuesto a resolver o al menos a hablar con él-, hay que sumarle el trauma sufrido tras los atentados del 11 de septiembre que el protagonista vivió muy de cerca ya que su instituto se encontraba muy próximo a las Torres Gemelas. No se nos cuenta en concreto qué pudo ver o experimentar James, ni hasta qué punto estuvo él o personas de su círculo afectado por los atentados, los personajes tampoco hablan del tema, hacen como si no existiera, lo que consigue crear ese efecto de esqueleto en el armario que nadie quiere exponer a la luz. Sin embargo, nos damos cuenta de que para James, hablar de ello, le haría mucho bien de cara a resolver su introversión, sus problemas de comunicación y para relacionarse con los demás.
Bruce Davidson. Central Park en invierno (1992)
Los principales puntos fuertes de la novela son la narración sencilla y muy ágil, plagada de diálogos muy dinámicos, y un personaje de fuerte personalidad que nos va contando cómo se siente respecto al mundo. Su punto débil, como comentaba antes, es no aprovechar la personalidad propia del protagonista y la fuerza de la historia, que se debilita al querer imitar el estilo narrativo de El guardián entre el centeno o las fobias de Holden, que no siempre encajan con la personalidad de James y sus circunstancias. Aún así, la novela logra en un punto escapar de esa condena y comienza a mostrar sus propios puntos fuertes sin necesidad de depender de otros, aunque quizá lo haga demasiado tarde. Es una lectura muy entretenida y como comentaba antes, muy ágil, un libro que se lee sin complicaciones. En ocasiones odiaréis a James, pensaréis que es un niño rico descerebrado y caprichoso, otras os sentiréis identificados con él, con sus miedos e indecisiones, incluso podéis llegar a quererle, lo que da la medida de la complejidad de un personaje que no puede dejar indiferente a nadie.
Bruce Davidson. Lola en Central Park con nieve y pájaros (1992)
Un libro, en definitiva, que no está nada mal y que por desgracia puede llegar a decepcionar por toda la publicidad que se le ha dado, las críticas excesivamente entusiastas, o incluso por haberlo definido como "libro del año". Sin todas esas etiquetas y expectativas Algún día este dolor te será útil, sin ser un libro que nos vaya a marcar o que vayamos a recordar especialmente, es entretenido, ágil y dinámico, con un personaje carismático y que nos puede hacer pasar un buen rato de lectura. NOTA 21-2-2013 Habréis visto que he eliminado las fotografías que ilustraban esta entrada y las he sustituido por otras. Me he visto obligada a hacerlo y de manera precipitada, ya que la Agencia Corbis en España, a las que pertenecían, se ha puesto en contacto conmigo para pedirme de una manera bastante poco cordial que las eliminase inmediatamente del blog ya que no había pagado por esas fotografías. En primer lugar, considero que al no lucrarme con el blog, ni tener publicidad en él, ni nada de nada, vamos, que lo hago como la mayoría por el placer de escribir sin recibir nada a cambio, poco les quito a los señores de la Agencia Corbis utilizando sus imágenes sin haber abonado una cantidad por ellas. Si este blog se tratara de un medio de comunicación o de una página con beneficios, entendería que hubiera que pagar por ellas, pero no un pequeño blog como este que apenas tiene impacto en el enorme mundo de la blogosfera. Además, como hago siempre, las imágenes iban con su correspondiente pie de página explicando de quién eran y de dónde provenían, con lo que no hay engaño posible. en ningún momento pretendo apropiarme de las imágenes o trabajos de otros, siempre cito de dónde tomo las imágenes, que suelen ser en la mayoría de los casos de fotógrafos ya consagrados, y que, en mi opinión, con ello lo único que hago es difundir su trabajo. Dicho esto, he tenido que recurrir a otras imágenes con bastante rapidez para poder eliminar las anteriores y no dejar la entrada únicamente con texto. Por suerte, los fotógrafos de la Agencia Magnum nunca defraudan, y he ilustrado la entrada con unas fotografías llenas de fuerza de Bruce Davidson que espero, os gusten. Por mi parte tengo claro que no pienso acercarme ni de lejos a la Agencia Corbis y avisados quedáis para vuestros respectivos blogs, y aunque me repita, me parece que voy a seguir con los clásicos y consagrados fotógrafos de la Magnum que además de tener unas imágenes increíbles son una apuesta segura.
La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. La verdadera vida ocurre cuando estamos solos, pensando, sintiendo, perdidos en el recuerdo, soñadoramente conscientes de nosotros mismos, los momentos submicroscópicos. [...] llegamos a ser nosotros mismos por debajo del fluir de los pensamientos y las imágenes apagadas, peguntándonos ociosamente cuándo moriremos. Son los pensamientos sin clasificar que tenemos mientras miramos por la ventanilla del tren, pequeñas manchas apagadas de pánico meditativo.
Creo que es una de las primeras veces que leo un libro con tanta sustancia como Punto Omega del norteamericano Don DeLillo de un tirón, en un solo día, sin poder despegarme de él ni un segundo. Lo he hecho con novelas ligeras, con best sellers, literatura juvenil o novelitas muy breves, pero creo que nunca me había pasado con una novela de 157 páginas, cada una de ellas con un trasfondo, con mil lecturas. He leído tras acabarlo varias reseñas sobre ella y he visto que hay sentimientos muy encontrados: o se le ama o se le odia. Y he de decir que ese tipo de escritores (o creadores del tipo que sea) que despiertan odios o pasiones pero no medias tintas, suelen ser los que más me apasionan. Me gusta lo extremo, lo diferente y lo arriesgado, qué se le va a hacer. Recomendaría Punto Omega a todo el mundo, creo que es una de esas novelas que marcan un punto de inflexión en nuestras lecturas, un antes y un después, una novela que hay que leer. Aún así, soy consciente de que a todo el mundo no le va a gustar, muchos encontrarán que es una novela con escasa acción, que no cierra interrogantes sino que no hace más que abrirlos. En mi caso, DeLillo me ha conmocionado, ha sido no como conocer a un nuevo autor, sino como reconocerlo, ir leyendo las palabras e ir sintiendo una identificación, como si ya le conociera, como si algo en mi interior reaccionara ante un escritor desconocido como si fuera ese escritor que llevaba tiempo queriendo encontrar. Porque Punto Omega ha sido mi primera novela de Don DeLillo, pero no será la última.
Desierto de Anza-Borrego (California)
Mi grado de identificación con la novela comienza con un interés común con el autor: el arte. DeLillo se encontraba un día en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y allí pudo ver una instalación que le marcaría profundamente, se trataba de Psicosis 24 horas (24 hour Psycho) de Douglas Gordon, una proyección en una pantalla grande, en una sala a oscuras, sin asientos, fría y aséptica, de la película Psicosis de Alfred Hitchcock, con la peculiaridad de proyectarse fotograma a fotograma, con lo que su duración se alargaba hasta las 24 horas. Una interesante reflexión sobre el tiempo, la propia existencia, la vida y la muerte o la dependencia de mecanismos de control autoimpuestos como el reloj, que DeLillo quiso plasmar primero en un ensayo y que finalmente decidió utilizar en una de sus novelas. Punto Omega se cierra y se abre de este modo con un hombre que observa esta proyección en el MoMA, acude cada día y, mientras que el resto de visitantes del museo apenas duran unos minutos en la sala, él permanece allí hasta el cierre del mismo. Esa apertura y ese cierre en el MoMA envuelven el argumento central de la novela, una historia en cuatro capítulos sobre tres personajes en medio de la nada, en un desierto californiano que el autor identifica como el de Anza-Borrego. RichardElster, un asesor de guerra del Pentágono retirado en busca de los grandes espacios abiertos y la soledad que le brinda el desierto; JimFinley, un cineasta que le sigue los pasos tratando de convencerle para que cuente ante la cámara su experiencia durante la guerra de Irak; y Jessie, la hija de Elster. Los tres pasarán el tiempo en un espacio cercano al fin del mundo, rodeados de desierto y amplios cielos, en medio de la nada, en uno de esos paisajes desolados, inhabitados y salvajes que tanto atraen a los americanos, conversando sobre la vida, filosofando un poco, conociéndose entre ellos.
Desierto de Anza-Borrego, California
Lo fundamental de la novela no es el punto de inflexión que se produce en ella, un acontecimiento extraño y trágico que marcará a los personajes, ya que realmente todas las puertas quedan abiertas, todas las preguntas quedan sin respuesta, tan solo tenemos un atisbo de lo que ha podido suceder, y somos nosotros los que tenemos que tejer la historia. Lo que me ha parecido realmente genial de Punto Omega ha sido la propia Punto Omega, cómo el autor ha tejido una historia a partir de unos pocos personajes apenas ligados entre sí, cómo les hace pensar y expresarse (y por lo tanto cómo nos hace pensar y reflexionar a nosotros los lectores), cómo contrapone la frialdad de una sala del MoMA en Nueva York y lo que sucede allí con los amplios espacios abiertos del desierto californiano, cómo los detalles cuentan más de lo que parece, ya que estos serán el hilo conductor de la historia, los que harán que nuestro cerebro haga clic cada vez que aparezcan de nuevo y podamos ir hilando la historia, completándola. El estilo de DeLillo me ha parecido también magnífico. Con una gran economía lingüística, con frases breves, secas pero limpias, consigue sin embargo recrear ambientes, personajes, escenas. Aunque se demora en ocasiones en ciertos pasajes, no da para nada la sensación de ralentización de la instalación que describe, Psicosis 24 horas, sino que la historia avanza a un ritmo imparable. Sé que Punto Omega no es una novela que vaya a gustar a todos, aún así no puedo dejar de recomendarla. Si no os gusta, apenas os quitará unas horas ya que es muy breve, pero si conectáis con ella... No hay nada más maravilloso para un lector que encontrar a un autor alma gemela, alguien al que no conocías pero que parece que conoces de toda la vida, alguien a quien llevabas mucho tiempo esperando.
Don DeLillo
Don DeLillo nació en Nueva York en 1936, y desde los años 70 hasta la actualidad ha publicado unas 16 novelas, además de ensayos, obras de teatro y guiones de cine. Ha recibido numerosos premios entre los que se encuentran el NationalBookAward, por Ruido de fondo; el PEN/FaulknerAwardpor MaoII; la Medalla Howells de la AmericanAcademyofArtsandLetterspor Submundo; el Premio Jerusalem; elInternationalFictionPrize del Irish Times; y el PEN/SaulBellow.
Comienza la temporada de exposiciones imprescindibles en Madrid, como la de Marc Chagall, de la que de momento sólo he visto la mitad que tienen en la Fundación Caja Madrid. En cuanto vea la otra parte del Museo Thyssen os comentaré aquí qué me ha parecido, aunque puedo adelantaros ya que es una auténtica maravilla y quien pueda no debería perdérsela. La muestra fotográfica de Lewis Hine que nos trae la Fundación Mapfre es otra imprescindible, especialmente para todos aquellos que amamos la fotografía. En mi caso, además, se trata de uno de esos fotógrafos-icono que tengo siempre en mente y que me entusiasma contemplar una y otra vez.
Patio de juegos en un pueblo industrial (1909)
Lewis Hine nació en Wisconsin en 1974 y murió en Nueva York en 1940, sus fotografías son ya todo un clásico, algunas de ellas os sonarán sin duda. Precursor de muchos otros que vinieron después (como por ejemplo Walker Evans), sus imágenes fueron un instrumento de denuncia y concienciación social sobre las penosas condiciones laborales y económicas en las que vivían muchos en la época, haciendo especial hincapié en la explotación infantil.
Niño recolector de algodón (1913)
La muestra está compuesta por unas 170 fotografías, en su mayoría vintage, procedentes de la George Eastman House. Podemos hacer un viaje a través de ellas desde sus primeras imágenes, tomadas de forma autodidacta con una sencilla cámara de fuelle, con la que retrató la llegada de inmigrantes a la isla de Ellis a principios del siglo XX. Allí se encontraba uno de los centros de recepción de inmigrantes, y en estas imágenes de pobreza, miedo y desesperación, podemos encontrar algo que será una constante en su fotografía: el respeto y la humanización de sus retratados, captando al individuo que hay detrás de cada situación que quería denunciar.
Familia italiana buscando equipaje perdido (1905)
En 1908 decidió dejar la enseñanza para dedicarse plenamente a la fotografía y denunciar las condiciones tan precarias en las que la gran depresión del 29 había sumido a muchos. De la llegada de los inmigrantes pasó a sus viviendas míseras e insalubres en las que se hacinaban familias enteras, así como las condiciones infrahumanas en las que tenían que trabajar para poder salir adelante.
Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas (1909)
Comenzó a trabajar como fotógrafo oficial para la National Child Labor Committee, una organización creada para combatir el empleo infantil. Durante esos años se dedicó a documentar el trabajo infantil en campos, minas, fábricas, como recolectores de algodón, vendiendo periódicos... Reconozco que mis favoritas han sido las abundantes imágenes dedicadas a los niños, a pesar de su miseria, de las duras condiciones de trabajo y de vida que llevaban todos ellos tienen un destello de esperanza y optimismo en su mirada, una valentía y coraje que Hine supo retratar muy bien.
Niño de una casa de vecindad, Chicago 1910
Tras la I Guerra Mundial Hine viajó a Europa para dejar constancia de las duras condiciones de vida de los refugiados y las consecuencias de la guerra, lo que ayudó a la Cruz Roja a obtener las subvenciones necesarias para darles ayuda humanitaria. Allí los niños vuelven a ser el centro de muchas de sus imágenes, pequeños vagabundos que malviven en las calles de las ciudades.
Golfillo de París (1918)
De vuelta de su primera y única experiencia europea, regresa a Nueva York, donde volvió su mirada al mundo del trabajo, pero esta vez para retratar su cara más amable: el trabajo como un elemento que dignifica al ser humano, en una exaltación del trabajo y los trabajadores, en medio de una auténtica revolución industrial en la que la máquina no es nada sin el trabajo del hombre.
Mecánico en una bomba de vapor de una central eléctrica (1920)
Esta serie dedicada al trabajo culminaría con sus popularísimas imágenes sobre la construcción del Empire State de Nueva York, en las que, para tomar algunas de las espectaculares imágenes, no dudó en hacerse descolgar a 400 metros de altura.
Ícaro sobre el Empire State Building (1931)
En los últimos años de su vida, los cambios sociales y políticos hicieron que su trabajo quedase en cierto modo obsoleto, teniendo cada vez menos encargos, por lo que acabaría dependiendo de la beneficencia. Las ayudas sociales ya no dependían de la buena voluntad de las donaciones privadas, motivadas muchas veces por las fotografías que tomaba Hine, sino que ese papel comenzaron a llevarlo a cabo las agencias gubernamentales del New Deal. A pesar de que trató de seguir en activo como freelance, y de que en 1939 se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Riverside Museum de Nueva York, en la que se le reivindicaba como fotógrafo visionario e innovador, en 1940 murió en la más absoluta pobreza.
Esperando a que abra el dispensario. Distrito de Hull House, Chicago (1910)
La muestra puede verse hasta el 29 de abril en la Fundación Mapfre (paseo de Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábados de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas. Además, hasta la misma fecha puede verse también en la misma Fundación la muestra Odilon Redon (1840-1916), una interesante retrospectiva sobre este pintor, menos masivamente conocido que sus contemporáneos los impresionistas, totalmente original y alejado de ellos.
Araña sonriente (1881)
Precursor de los movimientos surrealistas, de la utilización del subconsciente y de lo onírico, muy influenciado por Goya o por los relatos oscuros de Edgar Allan Poe, es a su vez influencia clave para los simbolistas y los nabis. Podemos ver 170 obras procedentes del Musée d'Orsay, el Gemeentemuseum de La Haya, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Museo de Bellas Artes de Burdeos, el Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe y de colecciones particulares. Podéis ver más de ambas exposiciones en este vídeo.
Y aunque os hablaré más extensamente de ello cuando haga la reseña (estoy segura de que no voy a tardar mucho, estoy deseando devorar el libro), no puedo dejar de haceros un adelanto de la firma de libros que tuvo lugar ayer en Fnac Castellana con... ¡PAUL AUSTER! Estoy emocionadísima, de hecho, lo primero que he hecho esta mañana al levantarme ha sido comprobar que seguía ahí la firma. Además de tener mi ejemplar de Diario de invierno, su última novela, firmada, pude disfrutar de toda la ambientación neoyorquina que organizaron en la tienda. Hay que decir que Fnac se portó fenomenal, además de una banda de jazz en directo, repartieron durante toda la tarde pastelería con un aire muy neoyorquino (muffins, cookies, tarta de manzana...), lo que se agradecía después de las más de dos horas de cola que nos tocó esperar, y que en mi caso por lo menos, valieron realmente la pena.
Resulta poco frecuente que la juventud se permita una felicidad perfecta. Da la impresión de que deben realizarse demasiadas operaciones de selección y rechazo como para poder ponerse al alcance del subyugante despertar de la vida.
Aunque tengo en casa desde hace tiempo La edad de la inocencia, al final ha sido Santuario la novela con la que me he estrenado con Edith Wharton, una autora que llevaba tiempo queriendo probar y que no me ha decepcionado nada. Como siempre, he de decir, que la edición de Impedimenta es impecable, nada más verlo en la biblioteca se me pegó a las manos. Volviendo a la novela en sí, esta se divide en dos partes, una primera en la que nos narra la historia de Kate, una joven feliz y despreocupada, que ha sido siempre educada entre algodones para que no conozca los "males del mundo". Kate va a casarse con Denis Peyton, guapo y de buena familia. Todo parece perfecto, hasta que Kate descubre por azar un oscuro secreto en Denis, una forma de ser y de actuar que no cuadra con la imagen idílica que Kate tiene de él, y que le hace replantearse su amor por él. Con esa actitud, descubre la hipocresía de la sociedad en la que vive, que apoya siempre al más fuerte en detrimento del más débil, que prefiere mirar hacia otro lado. En la segunda parte, Kate, siendo ya la señora de Denis Peyton, tiene que luchar de nuevo contra ese lado oscuro que ella adivina ha pasado del padre a su hijo Dick, al que idolatra con una pasión que raya la obsesión, erigiéndose en guardiana de su moralidad.
Edith Wharton
La novela es bastante breve y nos lleva directamente a los momentos de conflicto, no se anda por las ramas y nos presenta los momentos en que Kate se enfrenta a ese lado oscuro que parece vivir en los hombres de su familia. Los valores éticos, la moral o la inmoralidad, el fin justifica los medios, son los ejes en torno a los que se desarrolla esta novela. ¿Es aprovechar la desgracia ajena, coger la oportunidad al vuelo para mejorar socialmente, válido? ¿Lo es aunque lo único que se deje en el camino sea la honestidad y la buena conciencia? Wharton no enjuicia a sus personajes, los muestra tal cual, cómo hablan, cómo actúan. De hecho, la propia Kate, que se erige a sí misma como guardiana de la moralidad de su marido y su hijo, tiene momentos en que muestra que ella también puede ser cobarde, egoísta y contradictoria con lo que predica. Se trata de un personaje con muchos matices, en cierto modo comprendemos a la joven Kate, hija de su época, una mujer educada para casarse, viviendo siempre entre comodidades y sin preocuparse por la vida real y cruda, que se enfrenta por primera vez a todo aquello que le han ocultado. Sin embargo, en la Kate adulta no deja de haber cierta hipocresía, en ese mirar hacia otro lado, en esa constante vigilancia de su hijo de madre posesiva y celosa, que no admite que otra mujer pueda pasar a ser el eje que hasta el momento era ella de su hijo.
Alfred Stieglitz, Two towers-New York (1903)
Es esta una de esas novelas en las que en pocas páginas se tratan muchos temas trascendentales y se abren muchos interrogantes ¿cómo hubiera actuado yo? ¿Son los buenos tan buenos, los malos realmente lo son? El dinero, el poder, la presión de la sociedad que nos empuja muchas veces a hacer cosas que no queremos solo porque nos sentimos obligados a hacerlas, siguen tan vigentes hoy en día, que la novela puede situarse a principios del siglo XX o ahora mismo, el fondo de la cuestión es el mismo ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para lograr nuestro pedazo de felicidad? Por otro lado, los temas propios de la época, la mujer siempre en un segundo plano, tras el marido primero, tras el hijo después, viendo que sus opiniones solo pueden tener valor en el hogar e intrigando, nunca abiertamente como un miembro más de la sociedad, aunque su inteligencia sea igual o mayor que la de los hombres que dirigen todo. El estilo me ha recordado muchísimo al de Henry James, del que la escritora fue amiga y discípula. Santuario, publicada por primera vez en 1903, es una rarísima novela de la primera época de Edith Wharton, inédita hasta esta edición en español, que os recomiendo no dejéis pasar.
*** Espero que hayáis pasado todos unas felices fiestas y que os hayan dejado muchos regalos. Yo vuelvo de casa de mis padres con la maleta y la tripa más llenas. Ahora toca preparar la Nochevieja y los regalos de los Reyes. ¿Lo he dicho ya? ¡Me encanta la Navidad!
Mi primer encuentro con Paul Auster no pudo ser mejor, ya había visto las geniales películas Smoke y Blue on the Face, y mi primera novela de este autor fue El país de las últimas cosas a la que le siguió Leviatán, ambas siguen siendo mis favoritas del escritor norteamericano. Después de unos libros tan increíbles, que me trasladaron literalmente dentro del libro, le siguió una fiebre total austeriana por la que en poco tiempo leí La música del azar, Mr. Vértigo y El libro de las ilusiones que seguían fascinándome. Sin embargo, de repente, y sin previo aviso, La trilogía de Nueva York, La noche del oráculo, Brooklyn follies, Viajes por el scriptorium y Un hombre en la oscuridad, me hicieron perder la fe en él. Ya veis que me costó renunciar a este escritor, he leído prácticamente todo lo que ha escrito y pese a las decepciones, nunca he terminado de rendirme con él, siempre he pensado que volvería aquel Auster que me enamoró con sus historias. Esta última tanda de libros me pareció repetitiva, cada vez más igual, tan achacosa y acabada como sus personajes de viejos sin futuro. He tardado mucho en volver a coger una obra de Auster, años, de hecho, le había dado por perdido, y aún así me he animado con un libro más suyo, con El Palacio de la Luna, publicado en 1989 cuando Auster aún era aquel maravilloso Auster del que me enamoré. Y aunque me ha gustado, he de decir que creo que ese Auster ya no volverá a mí, algo se ha roto en nuestra conexión autor-lectora.
Saul Leiter, Red Umbrella (1957)
El Palacio de la Luna, aunque tiene varios escenarios espaciales y temporales, nos sitúa principalmente en el Nueva York de los años 60: "Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna", comienza la novela, y de hecho, la luna estará continuamente presente en el relato de forma figurada o real, a lo largo de la continua huida hacia delante del protagonista, M.S. Fogg, un joven en busca de su identidad, ya sea como estudiante universitario, como mendigo en Central Park, conviviendo con la pequeña Kitty Wu o trabajando para el excéntrico señor Effing. M.S. Fogg es un personaje cien por cien austeriano, lleno de contradicciones, dejándose llevar por los acontecimientos, comienzan los relatos dentro del relato, como si abriéramos una caja y encontráramos otra en su interior, que alberga una nueva caja. Todas esas historias, aparentemente sin relación, van tejiéndose entre sí hasta encontrarse y tocarse puntos que en principio deberían estar alejados. Gracias a la entrada de LilVia en su blog he descubierto además que Auster se vale de personajes y escenarios reales que ensambla a la perfección en sus novelas con sus creaciones de ficción, creando así un mundo paralelo al nuestro en el que ambos, reales e imaginados, conviven.
Saul Leiter, Taxi (1957)
El libro, en general, me ha gustado, Auster es un gran contador de historias, como comentaba en twitter donde hemos hecho lectura conjunta, es como si te sentaras en la barra de un bar con un amigo parlanchín un poco pasado de copas, es divertido, es ágil, su prosa nos lleva por donde quiere, sus historias son únicas, llenas de azar, de encuentros y desencuentros, de reencuentros, de casualidades que no lo son tanto, sus relatos están llenos de magia. Auster consigue construir un mundo muy sencillo y complejo a la vez, plagado de personajes inolvidables como el tío Víctor, Kitty Wu, el señor Effing, Zimmer o Barber, personajes que se mueven entre lo real y lo irreal, con historias increíbles detrás que permitirían desarrollar un nuevo libro para cada uno de ellos. Pero como digo, esa gran magia, ese flechazo que tuve con los primeros libros que leí de él no ha vuelto a suceder. Puede ser saturación; (aunque lo dudo porque llevaba tiempo sin leer nada suyo) puede que ya no pueda encandilarme con más historias, como un viejo narrador parece que ha agotado ya todos sus trucos conmigo, me los conozco demasiado bien, resultan repetitivos, y cuando intenta algo nuevo, nunca está a la altura de lo que hizo antes. Quizá le exija demasiado a Auster, esta entrada no es para desanimaros a la hora de leer El palacio de la luna, leedlo, por favor, es un libro único y lleno de magia, os gustará, pero es que creo que a mí con Auster me ha pasado como cuando te desenamoras de una persona, ya no hay vuelta atrás.
Saul Leiter, Walk with Soames (1958)
Buscando imágenes con las que ilustrar la entrada, me topé con el magnífico fotógrafo estadounidense Saul Leiter, al primer vistazo, sus fotografías me cautivaron y supe al instante que encajarían a la perfección con el mundo un tanto onírico de El palacio de la Luna. Quizá no sean las imágenes más representativas de Nueva York, pero si son las imágenes de la ciudad que veo en mi mente al leer a Auster. Como ya os he comentado más arriba, hemos hecho lectura conjunta de este libro (si queréis apuntaros a cualquiera de las lecturas conjuntas que hacemos tan sólo tenéis que ir a la página Café literario en Facebook o en twitter a través de nuestros perfiles), así que si queréis saber qué opinión les ha merecido este libro a mis compañeras de lectura, tan solo tenéis que seguir los enlaces a sus respectivos blogs donde irán publicando las reseñas.
Título: Biografía del hambre (Biographie de la faim)
Autor: Amélie Nothomb
Editorial: Anagrama (febrero 2006)
Año de publicación: 2004
Páginas: 208
Mal, mal Amélie Nothomb. Con lo bien que habíamos iniciado nuestra relación de lectora y autora, desde la hilarante Antichrista, pasando por Estupor y temblores, hasta llegar a Ni de Eva ni de Adán. Pero claro, supongo que lograr que te gusten todos los libros de un autor es algo poco habitual, y reservado solo a unos pocos. Biografía del hambre me ha decepcionado bastante, especialmente porque hasta ahora todo lo que había devorado de la autora belga me había hecho estallar en carcajadas, pasar ratos realmente divertidos, y cogí este libro de la biblioteca esperando más de lo mismo, y no, en este caso no ha podido ser. Biografía del hambre reune las mejores cualidades de Nothomb: es ligera, se lee sin casi darnos cuenta y nos presenta situaciones autobiográficas de la autora en clave de humor. ¿Qué ha pasado entonces? Que no me lo he creído. En sus otras dos obras autobiográficas Estupor y temblores y Ni de Eva ni de Adán, aunque las situaciones llegaban en ocasiones a ser algo surrealistas, siempre conseguía meterme en la historia y vivirlas y creerlas como totalmente reales. Aquí no.
Amélie y sus locuras
Amélie nos habla de su infancia, desde su nacimiento y primeros años en la localidad japonesa de Kobe, pasando por los distintos países a los que trasladaban a su padre, embajador, y con él a toda la familia. Primero la China comunista, luego la hipercapitalista Nueva York, la pobreza extrema de Bangladesh, la belleza de Birmania o el reencuentro con una patria que no conocerá hasta los 18 años, Bélgica, para volver de nuevo a Japón. Estos viajes son sin duda lo mejor del libro, aunque Amélie ahonda poco en ellos, ya que, si habéis leído algo de ella, en el mundo de Amélie todo gira alrededor de Amélie. En realidad esos viajes exteriores tienen menos importancia que su crecimiento interior. Como se define a sí misma, Amélie es una niña con una inmensa hambre de todo: de libros, de conocimientos, de comida, de agua, de alcohol, de experiencias, de amor... Lo que en otra etapa de su vida me hubiese parecido interesante, aquí no me lo parece, principalmente porque no me lo creo. Amélie se representa a si misma como a una niña que lee como si nada La cartuja de Parma de Stendhal o el diccionario entero de la A a la Z, que mantiene conversaciones intelectualoides, de pensamiento elevado, siempre por encima de las demás niñas de su edad. Y aunque sé que puede llegar a ser un recurso estilístico, no soporto a los niños repelentes, ni en libros, ni en cine, ni mucho menos en la vida real, donde fíjate por dónde, no abundan tanto como en las películas o los libros. Que un niño de tres años hable como si se acabase de doctorar en Filosofía es algo con lo que no puedo, y en esta novela Amélie juega a hacerse la superdotada, la niña intelectual por encima de los demás. Es por ello que sus reflexiones y locuras, que en otros libros me divierten, no me arrancan aquí ni la más mínima sonrisa.
Kobe, la localidad japonesa donde nació la autora
Tampoco ayuda el hecho de que se vuelva una alcohólica con pocos años, que sufra potomanía (una enfermedad que consiste en beber litros y litros de agua, y que puede a llegar a causar la muerte) y ya como el sumum de todo, sufra una anorexia terminal, dejando de comer "durante años" según sus propias palabras, y una noche vuelve a comer como si nada, sin ayuda de nadie se recupera de una enfermedad de la que suelen morir las chicas que caen en ella. De un lado, ¿realmente unos padres dejarían que su hija llegase a tales extremos? ¿Unos padres que además ella retrata como cariñosos y pendientes de sus hijos? De otro, me parece que la autora frivoliza con temas que no son para frivolizar, no dudo que sufriera anorexia, pero lo condensa todo en tan pocas páginas, le da tan poca importancia que parece que entrar y salir de esa terrible enfermedad es un juego más. Como veis, en este caso mis apreciaciones del libro son cien por cien subjetivas, no puedo decir que esté mal escrito porque no es así, no puedo decir que sea aburrido porque no lo es (aunque ese terrible inicio hablando de los habitantes sobrealimentados de Vanuatu me aburrió muchísimo), ni que no cuente cosas interesantes, pero es que en conjunto no me ha llegado como otros libros suyos, por esa imposibilidad de meterme en la historia. Amélie quiere contar muchas cosas y nos lleva en un viaje alocado a través de su infancia y primera adolescencia, quiere correr tanto, que nos quedamos con una sensación de atropello. Por supuesto, este tropiezo no ve va a hacer perder de vista a Nothomb, quien sigue pareciéndome una autora estupenda, de la que tengo ganas de seguir descubriendo más novelas, y a la que envidio como no podéis imaginar por haber podido vivir en tantos y tan diferentes países.
Arthur Fellig, más conocido como 'Weegee', es esencialmente el fotógrafo de prensa de la ciudad de Nueva York de los años 30 y 40, el de los incendios, crímenes... Donde había un suceso allí estaba él dispuesto a disparar con su cámara y recoger los instintos más bajos de su ciudad. No en vano se ganó su fama de llegar siempre el primero a la escena del crimen, gracias a una emisora de radio instalada en su coche en la que interceptaba las emisoras de la policía. Pero no es ese Weegee más conocido del que quiero hablar, hay otro más íntimo, más cercano a la gente. Un fotógrafo que siente y trasmite el pálpito de la ciudad de Nueva York, ese Nueva York quizá ya perdido para siempre, pero que permanece en nuestro imaginario gracias al cine y a los grandes escritores norteamericanos que han retratado la vida nocturna de una de las ciudades más intensas del mundo: los gansters, los chicos jugando en las calles, las copas, las actuaciones en directo, las chicas, los soldados... Weegee nos traslada con sus fotografías a ese Nueva York soñado. Puede verse en la Fundación Telefónica de Madrid hasta el 17 de mayo.