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domingo, 14 de noviembre de 2010

Interpol presentó el sábado su último disco en el Palacio de Vistalegre ante un entregado público



Lo peor de los conciertos es que compras la entrada con meses de antelación, esperas que llegue el día con ansiedad, y cuando llega, sea un concierto de una hora o de tres, pasa volando, aunque supongo que eso es bueno, cuando el tiempo vuela es que lo estás pasando bien. Interpol tocaron el sábado por la noche en el Palacio de Vistalegre de Madrid. Era la segunda vez que les veía, tras el último Summercase, aunque en esa ocasión no pude ver su actuación completa porque me acerqué a otro de los escenarios a ver a Maxïmo Park, antes de que terminaran. Lo he dicho muchas veces, el sonido de Vistalegre es horrible, sin embargo, los neoyorquinos supieron sortear éste obstáculo con bastante soltura. 


Durante la hora y media de concierto que nos brindaron, el público se volcó con el grupo, coreando canciones, saltando y bailando, especialmente apoteósico fue el momento Evil. Si bien es cierto que la puesta en escena dejó bastante que desear por lo pobre que era (en el Summercase los juegos de luz y de imágenes estuvo muchísimo más cuidado), teniendo en cuenta que se trata de un grupo cuyo mayor mérito es el de crear atmósferas en directo, quedó en cierto modo paliado por el bonito efecto (no intencionado) que se producía en los paneles que cubren los laterales del recinto, donde se proyectaban las siluetas del grupo.


 La actuación fue breve, y los músicos no se movían ni a tiros, pero el cantante fue bastante agradable con el público, hablando en un perfecto castellano, que después explicó, se debía a que vivió cuatro años en Madrid. Tocaron canciones del nuevo álbum, pero hicieron un completo repaso por sus temas ya clásicos. En conjunto fue un buen concierto, que ha venido a corroborar la opinión que tenía ya de que Interpol es un grupo que suena infinitamente mejor en directo.

sábado, 6 de febrero de 2010

Arctic Monkeys presentan su nuevo disco Humbug en Madrid


Fui con reticencias al concierto que Arctic Monkeys daba ayer en el Palacio de Vistalegre acompañando a un grupo de fanáticos de la banda. Pues bien, yo salí encantada, ellos un poco menos. Arctic son realmente un fenómeno musical, desde su exitazo conseguido desde Myspace, hasta su constante evolución que tanto ha cabreado a muchos seguidores. El propio Alex Turner, líder de la banda, lo confesaba en una entrevista en El Mundo: "Hemos perdido muchos seguidores, porque no les gusta el estilo del último álbum. Pero supongo que hemos ganado nuevos adictos". Pues sí, quizá hayan perdido seguidores, algo que no se notó en un abarrotadísimo Palacio de Vistalegre, pero es cierto que muchos como yo, a quien sus dos anteriores discos me habían parecido ruidosos y un poco insustanciales, nos hemos vuelto totalmente incondicionales de su último álbum Humbug, y de ese maravilloso experimento paralelo llamado Last shadow puppets. Volviendo al concierto, la banda se entregó al máximo pese a que la actuación fuera un tanto breve, apenas poco más de una hora. Alex Turner mantiene sin dificultad esa voz tan increíble marca distintiva de la casa, también merece mención especial el fantástico trabajo a la batería de Matt Helders, contundente a más no poder. Tocaron muchas del último disco, bastantes del segundo y sólo algunas del primero. La sorpresa llegó a la segunda o tercera canción cuando se atrevieron con una magnífica versión de Red right hand del incomparable Nick Cave. Un homenaje en toda regla a un maestro. La única pega, como suele suceder con los grupos que se atreven a evolucionar, es que el público vibraba a más no poder con los viejos temas y apenas se movía con los nuevos. Sólo espero que Arctic no se dejen llevar por las presiones del público, lo están haciendo bien, muy bien, si un grupo quiere crecer debe evolucionar. El grupo está viviendo algo parecido a lo que experimenta Muse, cuyos seguidores no aceptan que hayan pasado de unas canciones cañeras sin más, a una música más elaborada.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Editors, impresionantes en Vistalegre pese a los problemas de sonido


Editors actuaban anoche en el Palacio de Vistalegre de Madrid, un recinto del que ya me habían advertido de su pésimo sonido. La espectación por ver al grupo fue tal, que tuvieron que cambiar el recinto original, La Riviera, que aunque no destaca por su buena acústica, hubiese resultado mucho mejor que el de Vistalegre. La música se oía bajísima y mal, hasta que a la cuarta canción, uno de los altavoces murió definitivamente. La banda tuvo que marcharse y volver a los diez minutos, aunque el altavoz se había arreglado, el sonido seguía siendo terrible. Es totalmente injusto que en Madrid no haya recintos con un sonido bueno, por lo que no nos podemos extrañar de que los grupos extranjeros vayan siempre a Barcelona y pasen de la capital.
Aparte del tema del sonido, que en absoluto fue culpa del grupo, Editors se portaron de diez. Tocaron todos sus grandes éxitos y se entregaron a un público que no estaba nada entregado: Race of rats, Munich o Papillon fueron sus momentos estelares. Yo me quedo de lejos con Eat raw meat = Blood drool, mi favorita del disco y para mi gusto la mejor canción de sus tres álbumes.