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martes, 13 de noviembre de 2012

'La cena' de Herman Koch

lacena

Título: La cena (Het Diner)
Autor: Herman Koch
Traducción: Marta Arguilé Bernal
Editorial: Salamandra (enero 2012)
Año de publicación: 2009
Páginas: 288
Precio:  8,50 euros


Llevaba tiempo queriendo leer este libro y la verdad es que me ha sorprendido, porque no era lo que esperaba, porque tanto los personajes como lo que sucede en ella parecen una cosa y luego son otra. Aún así, aunque me ha gustado, la he devorado y la he comentado hasta la saciedad, ha habido dos detalles que han hecho que no fuera tan redonda como esperaba. El primero, un final algo predecible que se ve venir de lejos (aunque mi chico que la leyó primero me dijo que no se lo esperaba en absoluto y que tuvo incluso que volver atrás porque no se lo creía, así que igual es cosa mía) y en segundo lugar, el extremismo de cierto personaje principal que termina justificando las malas acciones de otro de los personajes. A pesar de esos dos "peros" y de alguno más que os comentaré más adelante, se trata de una novela muy recomendable, de las que se leen casi de una sentada, con un estilo ágil y muy fluido, muy cinematográfico en ocasiones (no es difícil imaginar su adaptación al cine o al teatro), plagado de diálogos y de giros que nos mantienen ávidos de saber más y más.


La cena nos sitúa en un lujosísimo restaurante de Ámsterdam, de esos en los que los enormes platos muestran más blanco que comida, y por los que te sacan un ojo de la cara. Allí se reunen dos parejas muy diferentes entre sí que tienen que abordar una peliaguda situación: sus hijos adolescentes Michel y Rick han hecho algo terrible, muy difícil de justificar, y es el momento de decidir qué hacer con ellos. Por un lado, el instinto de protección de los padres, de otro, el deber y la moral ¿Qué hacer? ¿Encubrir a un hijo aún a expensas de que ese mal comportamiento no sea castigado de ningún modo? ¿O permitir que la justicia haga su función y acaben en la cárcel? Hasta aquí, tan solo la superficie de lo que plantea la novela, ya que uno de los grandes puntos fuertes de ella es que invita a un extenso debate. Desde la responsabilidad de los padres hacia los hijos, las relaciones mal entendidas de "colegueo" que establecen muchos progenitores, la falta de disciplina, castigo o autoridad, el tratar a los niños como iguales e incluso el temor a decirles algo que pueda molestarles. Todo un catálogo de cómo son algunas relaciones padres-hijos hoy en día y que llevan a extremos como la violencia escolar, ejercida tanto por los hijos como por los padres que agreden a unos profesores a los que se les ha despojado de toda autoridad, o la incapacidad de algunos jóvenes para tener límites, saber lo que está bien o mal y actuar en consecuencia.


Antes de leer el libro pensaba que se encontraba en la línea de Un dios salvaje de Roman Polanski de la que hablé aquí, pero, una vez leído he visto que no tiene absolutamente nada que ver, ya que aquí el tono no es en absoluto humorístico y el tema se trata de una manera muy diferente. Además de las muchas reflexiones que el libro propone sobre la educación, la novela nos va presentando a esos padres a través de los ojos de uno de ellos, así que la realidad resultará un tanto distorsionada en función de lo que este piensa de los demás. Iremos de este modo descubriendo poco a poco quienes son, quién se esconde realmente detrás de esos matrimonios de clase media-alta que parecen haber perdido los valores esenciales para la convivencia. Por otro lado, la estructura de la novela, gracias al escenario en que se desarrolla (un restaurante de lujo) es de lo más original, dividiendo los capítulos en función de los distintos platos que van tomando (aperitivo, entrantes, segundo, postres, digestivo y propina), presentándonos cada uno de los platos que van pidiendo los protagonistas, y haciendo así una sutil crítica a esa clase pudiente que va a restaurantes carísimos en los que hay que reservar con meses de antelación y de los que se sale con más hambre de la que se tenía antes de entrar.


El libro es muy entretenido, como digo, tiene un estilo muy visual y ágil, con lo que su lectura es muy amena, algo a lo que ayuda el hecho de que la información se nos da con cuentagotas, con lo que queremos seguir leyendo para saber qué fue eso tan terrible que hicieron los chicos y cómo van a actuar finalmente sus padres. También ayuda el hecho de que se den varios giros que hacen que cambiemos nuestra percepción sobre los personajes, ya que, al final, ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos, e incluso hay malos que son aún peores de lo que pudiéramos imaginar. El libro invita a la reflexión sobre una sociedad que ya no sabe o no quiere ocuparse de la educación de los hijos, que se recrea en el gasto y el despilfarro por sí mismo, en regodearse en su posición social-dinero-cultura-estatus. Sin embargo, creo que podría haberse sacado más partido al tema, el autor se saca de la manga unos cuantos recursos muy efectistas, que llaman la atención, que propician ese giro en la percepción que teníamos de los personajes, pero que diluyen la verdadera cuestión: ¿en qué se está fallando en la educación de los jóvenes? No puedo contar mucho más sin destripar el argumento, sin duda, lo más jugoso del libro, ir descubriendo poco a poco la trama por nosotros mismos. Sin embargo, sí puedo apuntar que quizá con unos padres y una situación más normales, hubiese sido un libro más redondo. A pesar de que no se trate de una obra maestra y que mi valoración de la novela sea menor que las expectativas que tenía sobre ella antes de leerla, es un libro que vale la pena leer y recomendar, que da que pensar, que entretiene y que sabe jugar con el lector, bazas las tres más que suficientes para que haya sido una lectura satisfactoria.

Herman Koch

El escritor holandés Herman Koch (1953) escribe además columnas periodísticas y trabaja como actor en televisión. Publicó por primera vez en 1985 con la colección de relatos De voorbijganger. Fue su novela La cena la que le hizo saltar a la fama, tomando curiosamente como punto de partida unos hechos reales que sucedieron en Barcelona. La novela fue escogida Libro del Año 2009 y fue galardonado con el Premio del Público,  pasando a ser un superventas al superar los 340.000 ejemplares vendidos. Acaba de publicar una nueva novela, Casa de verano con piscina, que de momento ha recibido buenas críticas tanto de público como de crítica.

** He aprovechado el hecho de haber estado en Holanda hace unos años para ilustrar esta entrada con fotografías propias que hice de los canales de Ámsterdam. Un país y una ciudad que si no conocéis os animo a que lo hagáis ya que tienen muchísimo para ver y son una preciosidad. 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

'Un dios salvaje' de Roman Polanski



Con los años una va cogiendo experiencia, o creyendo que la coge, y volviéndose categórica, lanzando máximas de las que luego puedo y creo que me arrepentiré a los dos días, pero bueno, allá va la máxima que me ronda la cabeza últimamente: para acertar y ver una buena película hay que pasar olímpicamente del argumento de la misma, de sus actores o de los tráilers que muchas veces son más un resumen de la película entera (final incluido) que un reclamo. Para acertar a la hora de ver una peli solo hace falta fijarse en el director. Ya está, dicho queda. Y es que últimamente la experiencia me dicta que si voy a ver un film de Clint Eastwood, Lars von Trier, Woody Allen o Almodóvar, me da exactamente igual lo que quieran contarme, que me hablen de rugby que no me interesa nada, del apocalipsis que me es indiferente, de crisis de identidad o de cambios de sexo imposibles que me dejan fría, me da igual, porque hablen de lo que hablen, conseguirán engancharme en argumentos que en principio no me llamarían la atención, saldré encantada del cine y tendré la sensación de que ha sido un dinero bien gastado. Dentro de esa nómina de directores que nunca me defraudan (y crucemos los dedos porque siempre puede haber un batacazo) vamos a incluir a Roman Polanski, aunque haya hecho de las suyas con bodrios infumables como La novena puerta. Pasando eso por alto, Polanski suele ser sinónimo de buen cine y además entretenido. Quién me hubiera dicho a mí que las discusiones, fobias y problemas domésticos de dos parejas con hijos me iban a interesar. Y sí, Un dios salvaje me ha gustado y mucho. Ya me quedé con ganas de ver la obra de teatro de Yasmina Reza cuando estuvo en Madrid, así que no puedo comparar obra y film, pero lo que es la película, me ha encantado.


El argumento es tan sencillo como dos parejas de neoyorquinos reunidas en el apartamento de uno de ellos. El hijo de uno de los matrimonios ha pegado al hijo del otro, y los padres se han reunido para hablar civilizadamente del asuntillo y tratar de resolverlo lo más cordialmente posible. Pero no cuentan con ese dios salvaje que habita en todos nosotros, esa bestia que ni siquiera siglos de evolución ha conseguido apaciguar, y ya os podéis imaginar que la cosa se les va de las manos. Divertidísima a ratos, reflexiva en otros, Un dios salvaje nos hace reír mientras pensamos lo humanas que son esas reacciones y que quizá nosotros mismos caeríamos en ellas también. Kate Winslett, una actriz que antes no me decía nada y que cada vez me gusta más y más, está simplemente perfecta en su papel. El otro destacado es Christoph Waltz, absolutamente genial, y el personaje más divertido del film. Jodie Foster está perfectamente insoportable, el personaje que más he odiado del film, la típica mujer acomodada que sin embargo dice sufrir por las tragedias ajenas y se le llena la boca hablando de derechos humanos, sin ni siquiera darse cuenta de lo absurdo de su discurso y lo falso que resulta. John C. Reilly, en la piel del marido sumiso, borda también su papel. Una película como esta, que transcurre prácticamente toda en un apartamento y que recuerda constantemente al teatro e incluso a las películas clásicas donde lo importante eran los diálogos, las réplicas y contraréplicas agudas, sin ayuda de efectos especiales ni giros traídos de la mano del guión, necesitaba unos actores de altura, y los tiene. Las máscaras y convencionalismos sociales acaban cayendo "Yo sí sé lo que se sufre en África" dice una Jodie Foster rodeada de carísimos catálogos de Kokoschka en edición vintage desde su cómodo y lujoso piso neoyorquino. Polanski borda una película que pone sobre la mesa la falsedad de nuestra sociedad actual, las máscaras tras las que nos escondemos, las mil y una hipocresías que vivimos y esa falsa urbanidad en la que nos refugiamos a diario. Una película para disfrutar desde el primer minuto y a la que solo le puedo poner la pega de su brevedad, tan solo 80 minutos de metraje que dejan con ganas de más, o quizá eso también sea una virtud.