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miércoles, 28 de diciembre de 2011

'Un dios salvaje' de Roman Polanski



Con los años una va cogiendo experiencia, o creyendo que la coge, y volviéndose categórica, lanzando máximas de las que luego puedo y creo que me arrepentiré a los dos días, pero bueno, allá va la máxima que me ronda la cabeza últimamente: para acertar y ver una buena película hay que pasar olímpicamente del argumento de la misma, de sus actores o de los tráilers que muchas veces son más un resumen de la película entera (final incluido) que un reclamo. Para acertar a la hora de ver una peli solo hace falta fijarse en el director. Ya está, dicho queda. Y es que últimamente la experiencia me dicta que si voy a ver un film de Clint Eastwood, Lars von Trier, Woody Allen o Almodóvar, me da exactamente igual lo que quieran contarme, que me hablen de rugby que no me interesa nada, del apocalipsis que me es indiferente, de crisis de identidad o de cambios de sexo imposibles que me dejan fría, me da igual, porque hablen de lo que hablen, conseguirán engancharme en argumentos que en principio no me llamarían la atención, saldré encantada del cine y tendré la sensación de que ha sido un dinero bien gastado. Dentro de esa nómina de directores que nunca me defraudan (y crucemos los dedos porque siempre puede haber un batacazo) vamos a incluir a Roman Polanski, aunque haya hecho de las suyas con bodrios infumables como La novena puerta. Pasando eso por alto, Polanski suele ser sinónimo de buen cine y además entretenido. Quién me hubiera dicho a mí que las discusiones, fobias y problemas domésticos de dos parejas con hijos me iban a interesar. Y sí, Un dios salvaje me ha gustado y mucho. Ya me quedé con ganas de ver la obra de teatro de Yasmina Reza cuando estuvo en Madrid, así que no puedo comparar obra y film, pero lo que es la película, me ha encantado.


El argumento es tan sencillo como dos parejas de neoyorquinos reunidas en el apartamento de uno de ellos. El hijo de uno de los matrimonios ha pegado al hijo del otro, y los padres se han reunido para hablar civilizadamente del asuntillo y tratar de resolverlo lo más cordialmente posible. Pero no cuentan con ese dios salvaje que habita en todos nosotros, esa bestia que ni siquiera siglos de evolución ha conseguido apaciguar, y ya os podéis imaginar que la cosa se les va de las manos. Divertidísima a ratos, reflexiva en otros, Un dios salvaje nos hace reír mientras pensamos lo humanas que son esas reacciones y que quizá nosotros mismos caeríamos en ellas también. Kate Winslett, una actriz que antes no me decía nada y que cada vez me gusta más y más, está simplemente perfecta en su papel. El otro destacado es Christoph Waltz, absolutamente genial, y el personaje más divertido del film. Jodie Foster está perfectamente insoportable, el personaje que más he odiado del film, la típica mujer acomodada que sin embargo dice sufrir por las tragedias ajenas y se le llena la boca hablando de derechos humanos, sin ni siquiera darse cuenta de lo absurdo de su discurso y lo falso que resulta. John C. Reilly, en la piel del marido sumiso, borda también su papel. Una película como esta, que transcurre prácticamente toda en un apartamento y que recuerda constantemente al teatro e incluso a las películas clásicas donde lo importante eran los diálogos, las réplicas y contraréplicas agudas, sin ayuda de efectos especiales ni giros traídos de la mano del guión, necesitaba unos actores de altura, y los tiene. Las máscaras y convencionalismos sociales acaban cayendo "Yo sí sé lo que se sufre en África" dice una Jodie Foster rodeada de carísimos catálogos de Kokoschka en edición vintage desde su cómodo y lujoso piso neoyorquino. Polanski borda una película que pone sobre la mesa la falsedad de nuestra sociedad actual, las máscaras tras las que nos escondemos, las mil y una hipocresías que vivimos y esa falsa urbanidad en la que nos refugiamos a diario. Una película para disfrutar desde el primer minuto y a la que solo le puedo poner la pega de su brevedad, tan solo 80 minutos de metraje que dejan con ganas de más, o quizá eso también sea una virtud.

miércoles, 19 de octubre de 2011

'Contagio' de Steven Soderbergh



Quizá hayáis oído hablar ya de Contagio, esa película de Steven Soderbergh (Traffic, Ocean's Eleven, El buen alemán o Che) sobre virus y plagado de rostros famosos. Confieso mi debilidad por el cine de estas características, ya sean zombies, o como en este caso, virus infecciosos, las historias que muestran una plaga que se va extendiendo suelen entretenerme, por muy visto que esté ya el tema. Sin embargo, Contagio es diferente. ¿Y por qué? Porque, aunque lo pueda parecer a primera vista, no es la típica superproducción americana que presenta una catástrofe humana y cómo un grupo de valientes salvan a la humanidad. Hecha por otro, podría haber sido una película más sobre virus, hecha por Soderbergh, la película consigue crear algo nuevo donde parecía que ya estaba todo dicho. Aquí no hay héroes, tan solo personas anónimas, como tú o como yo, gente que ante una emergencia no se para a pensar cuál será la mejor manera de salvar el mundo, sino cómo nos podremos salvar a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. El heroísmo no es real, bien lo sabemos, tampoco esos aplausos tan falsos que se ven en tantas pelis americanas, la realidad es el miedo al contagio, el sálvese quién pueda. Todo comienza cuando Beth Emhoff (una soprendéntemente buena en su papel Gwyneth Paltrow) vuelve a Mineápolis desde Hong Kong trayendo consigo un virus letal que se trasmite por el aire y por el contacto físico. Poco a poco, el virus se va extendiendo por todo el mundo, y miles de personas comienzan a morir sin que haya una cura posible. Desde este momento vemos las distintas reacciones por las que pasan las distintas personas implicadas: desde el marido de Beth, Mitch (Matt Damon) quien trata a toda costa de salvar a su hija y a sí mismo del contagio aislándose de los demás; la doctora Leonora Orantes (Marion Cotillard) de la OMS quien investiga el origen del virus en Hong Kong; o la doctora Erin Mears (Kate Winslet) quien trata de contener la epidemia en EEUU. También tenemos la otra cara de la moneda, los saqueos, el robo y el allanamiento de viviendas para conseguir alimentos o medicinas, o los que tratan de aprovecharse de una situación crítica, como es el caso de Alan (Jude Law, quizá el actor que más se luce en el film con su excelente actuación), un blogger que trata de sacar tajada de la situación. 


Intencionadamente, Soderbergh no ha querido ahondar en los personajes, ya que ellos no son los protagonistas del film, sino el virus. Ellos tan solo son personas anónimas, engranajes de una situación. Si alguno de ellos cae, el mundo sigue girando, como sucede en la realidad. El montaje de la película es quizá lo que más me ha gustado de ella, con un ritmo trepidante, pasando de un punto del mundo a otro, de un personaje a otro, el virus se va extendiendo, el miedo y el pánico de los personajes también, y el nuestro. Y es que el director consigue contagiarnos ese pánico, tan solo unos primeros planos de pomos, vasos u objetos que ha podido tocar gente contagiada nos ponen los pelos de punta, todo ello acompañado de una excelente banda sonora que incrementa nuestra angustia. Yo soy una persona extremadamente hipocondríaca y escrupulosa, con lo que podéis imaginar cómo salí del cine, tenía ganas de estrangular a uno que salía de la sala tosiendo. Manías aparte, es cierto que la película plasma de una manera muy realista cómo podría desarrollarse una pandemia mundial, algo que podría suceder en cualquier momento, y que ya hemos vivido a menor escala con las Vacas Locas o la Gripe A, por ejemplo. Lo que sí que da que pensar es en lo indefensos que estamos, en las mil y una cosas antihigiénicas que hacemos al día (como tocarnos inconscientemente la cara miles de veces después de haber tocado cientos de objetos). En mi caso, si ya extremaba las precauciones, voy a ser más cauta aún, especialmente en invierno, no es cuestión de volverse loco u obsesionarse, pero sí de tener ciertas medidas higiénicas básicas. No sé ni la de veces que me he escandalizado al ver cuánta gente va al baño sin lavarse las manos después (puajj), o cómo no se las lavan antes de comer, o cómo comparten bebidas y comida con gente con la que no tienen una relación estrecha, etc, etc, etc... Os guste o no el género, Contagio es una buena película, llena de buenas actuaciones, con un punto diferente que la hace especial, y que os recomiendo sin reservas.

lunes, 23 de febrero de 2009

Revolutionary Road



Revolutionary Road,
la última película de Sam Mendes es un film duro, durísimo, en el que salen a la luz las miserias de una pareja. De principio a fin produce una sensación de desasosiego y malestar que culmina en un final terrorífico, la verdad es que sales del cine hecho polvo. Sin embargo, es una película muy recomendable, especialmente para ir a verla en pareja y después irse a comentarla delante de un mojito -o al menos eso es lo que yo hice-, para sacar lo bueno y lo malo de nuestra propia historia. Si algo nos enseña esta película es el poder del diálogo y la comprensión entre una pareja, aunque también cómo, de la noche a la mañana, el amor puede convertirse en el más profundo de los odios. Kate Winslet y Leonardo Di Caprio demuestran una vez más que son dos grandísimos actores, y Sam Mendes hace brillar en cada escena a su mujer, Winslet. Los secundarios de lujo, Kathy Bates como siempre desbordante, en su papel de la típica maruja con dos caras, amable y servicial delante de la pareja, para criticarles salvajemente a sus espaldas. Destaca especialmente el trabajo de Michael Shannon, en su papel de esquizofrénico, el único que en su locura dice las verdades y que es el más cuerdo de la historia. Además, en muchos aspectos Revolutionary Road recuerda a todo lo bueno que tiene el teatro: personajes profundos y complejos, diálogos intensos... Basada en una novela, cuenta la historia de una pareja americana en plena crisis, con infidelidades y con pocas posibilidades de salir a flote. París ha sido siempre su sueño, una ciudad idealizada en la que todo puede cambiar, o al menos eso creen ellos cuando deciden mudarse a la ciudad de las luces.