"Si se piensa que mis obras son violentas es que no se ha pensado previamente en la vida... No llego a ser tan violento como la propia vida". Eso decía el pintor Francis Bacon, sin embargo, quien se acerque al Museo del Prado hasta el 19 de abril, discrepará con el artista. Es una muestra imprescindible, de la que se pueden decir pocas cosas. Impactante como pocas, se sale de allí con una gran sensación de desasosiego y angustia. Por una parte, es algo positivo, ya que el arte debería mover siempre a un sentimiento, como en este caso, aunque por otro, llega a aborrecer al espectador. Yo por lo menos, en los últimos cuadros optaba por mirar lo menos posible, era difícil no apartar la mirada. Dolor, sufrimiento, angustia, miedo. Es lo que Bacon transmite, Hay que verla, no hay palabras que definan un sentimiento.
Ya he dicho en anteriores ocasiones que me gusta conocer de primera mano los fenómenos sociales tanto literarios como cinematográficos que provocan auténtico furor entre los jóvenes y los no tan jóvenes, fue el caso de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer o el recién empezado True Blood del que hablaré cuando termine de leer. Dentro de éstos, se encuentra el muy peculiar caso de Federico Moccia. Para empezar es un autor italiano, sus novelas han llegado además con cuentagotas, y aunque en su país es un auténtico fenómeno -se han estrenado dos películas basadas en su novela, que no han llegado aún a España-, aquí aún no hemos llegado a esos niveles. Es cierto que se ha dado bastante publicidad a los candados del puente Milvio, pero hay todavía mucha gente que no ha sucumbido al efecto Moccia. Son tres las novelas que este autor tiene publicadas en España: Perdona si te llamo amor,Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de tí (que acaba de llegar a las librerías españolas). Los tres tienen puntos comunes: chicas adolescentes que despiertan al primer amor, jóvenes macarras que luego no son tan duros y que realmente llevan a un romántico dentro, y la ciudad de Roma como escenario perfecto para el amor. Creo que realmente su éxito se basa en las ideas tan locas y a la vez tan románticas que se le ocurren al autor: escribir sobre un puente "Tú y yo... a tres metros sobre el cielo"; colocar un candado en el puente Milvio y tirar la llave al Tíber, como símbolo del amor eterno; robar una orquídea salvaje del jardín botánico; repartir pistas y regalos el día del cumpleaños de la chica, como una búsqueda del tesoro... Moccia llega así a su público -esencialmente femenino-, describe a un tipo de hombre muy alejado de la realidad, que por un lado puede defender a la chica de cualquier contratiempo, y por otro, tener los detalles más increíbles que pueda imaginar uno. Cualquier chica que lea las novelas de Moccia no podrá evitar pensar ¿por qué no puede sucederme eso a mi? Son novelitas sin mucho sentido literario, ciertamente, pero que hacen pasar un rato muy agradable, y consiguen hacernos soñar y desconectar del día a día. Si eso fuera poco, estos libros constituyen una auténtica guía turística de Roma: restaurantes, bares de moda... Eso sí, hay que leerlo con el estómago lleno, Moccia no para de hablar de espagueti, ñoquis, pizza... toda una tentación.
Revolutionary Road, la última película de Sam Mendes es un film duro, durísimo, en el que salen a la luz las miserias de una pareja. De principio a fin produce una sensación de desasosiego y malestar que culmina en un final terrorífico, la verdad es que sales del cine hecho polvo. Sin embargo, es una película muy recomendable, especialmente para ir a verla en pareja y después irse a comentarla delante de un mojito -o al menos eso es lo que yo hice-, para sacar lo bueno y lo malo de nuestra propia historia. Si algo nos enseña esta película es el poder del diálogo y la comprensión entre una pareja, aunque también cómo, de la noche a la mañana, el amor puede convertirse en el más profundo de los odios. Kate Winslet y Leonardo Di Caprio demuestran una vez más que son dos grandísimos actores, y Sam Mendes hace brillar en cada escena a su mujer, Winslet. Los secundarios de lujo, Kathy Bates como siempre desbordante, en su papel de la típica maruja con dos caras, amable y servicial delante de la pareja, para criticarles salvajemente a sus espaldas. Destaca especialmente el trabajo de Michael Shannon, en su papel de esquizofrénico, el único que en su locura dice las verdades y que es el más cuerdo de la historia. Además, en muchos aspectos Revolutionary Road recuerda a todo lo bueno que tiene el teatro: personajes profundos y complejos, diálogos intensos... Basada en una novela, cuenta la historia de una pareja americana en plena crisis, con infidelidades y con pocas posibilidades de salir a flote. París ha sido siempre su sueño, una ciudad idealizada en la que todo puede cambiar, o al menos eso creen ellos cuando deciden mudarse a la ciudad de las luces.
Reconozco que iba predispuesta al cine para que me gustara Slumdog Millionaire: me encanta Danny Boyle (Trainspotting y 28 días después); me interesa muchísimo la India y me encanta la música hindú. Pues bien, me gustó aún mucho más de lo que esperaba. Con un ritmo trepidante que no deja ni un momento de descanso, Boyle hace un retrato de la India de una realidad terrorífica, y a la vez dulcificada por elementos fantásticos como si se tratara de un cuento. La peli es dura, muy dura, de hecho, especialmente en la parte en la que se habla de la infancia de los protagonistas, niños huérfanos que viven en las calles de Bombay -los niños que encarnan a estos personajes son increíbles, sus actuaciones son impecables. Sin embargo, es un film en el que cabe de todo: terror, humor, drama... Varios premios la avalan y deseo fervientemente que consiga cuantos más Oscar mejor. Esta no es la India que ven los ingenuos turistas -retratados en la película con mucho humor-, sino la India real, esa que el Gobierno del país pretende escamotearnos, ya que dicen que el film de Boyle sólo saca lo malo del país. ¿Y no sería mejor solucionar los problemas en vez de ignorarlos?. Las actuaciones de los jóvenes son también impecables. Y comentario aparte mecere la maravillosa música de la película y el guiño tan divertido que hacen al final a Bollywood.En definitiva, es una película muy hermosa que, aparte de la crítica que hace a la situación que viven los niños de Bombay y la extrema pobreza del país, habla del amor verdadero, y cómo éste puede obrar milagros.
Lo dicho, Travis enamoraron el pasado 13 de febrero con su directo en Madrid. No es un grupo del que sea especial seguidora, de hecho, sólo tengo un disco suyo, sin embargo, tenía muchas ganas de ver a la banda escocesa en acción. Y no defraudaron. Con una puntualidad sorprendente, comenzaron a sonar los acordes del Do Re Mi de Sonrisas y lágrimas, un guiño muy divertido para comenzar un concierto, y a partir de ahí fue un no parar. No se dejaron ni uno solo de sus himnos en el tintero: Sing, Turn, Why Does It Always Rain On Me?, Flowers in the window, Side... El público estaba entregadísimo, y no era para menos. Travis ofrece una actuación impecable, son unos músicos de gran calidad, y aunque no hagan virtuosismos, consiguen una música bonita y llena de sentimientos. Además, no sólo consiguieron conectar con el público con sus temas clásicos, sino que consiguieron un equilibrio entre éstos, más melódicos, y los de su nuevo disco, mucho más rockeros.