miércoles, 16 de enero de 2013

'Ruido de fondo' de Don DeLillo

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Título: Ruido de Fondo (White Noise)
Autor: Don DeLillo
Traducción: Gian Castelli
Editorial: Austral Seix Barral (octubre 2011)
Año de publicación: 1984
Páginas: 431
Precio:  8,95 euros
¿Acaso no es la muerte la frontera que todos precisamos? ¿Acaso no es ella la que proporciona a la vida su preciosa textura y su sentido de la definición? Tienes que preguntarte hasta qué punto las cosas de esa vida poseerían belleza y significado alguno si no tuviéramos conciencia de una frontera, un confín o un límite final.
Por fin me he atrevido a repetir con Don DeLillo, un autor que me dejó sin palabras con Punto Omega (de la que podéis leer la reseña que hice aquí), una de las mejores novelas que leí en 2012, y aunque, como me temía, Ruido de Fondo (que ganó el National Book Award en 1985) no me ha supuesto el impacto de esa primera lectura, me confirma que DeLillo va a ser sin duda uno de mis favoritos, uno de esos autores de los que voy a devorar todo lo que haya publicado. De nuevo, el relato es una mera excusa para poner de relieve ciertas ideas y cuestiones que han estado dándome vueltas a la cabeza durante días y días. En este caso, el tema central es el consumismo desatado de las sociedades occidentales (en concreto, de la norteamericana) y el miedo a la muerte vinculado a ese acumular posesiones que parece que por unos momentos nos concede un respiro sobre la idea de nuestra mortalidad: cuantos más productos acumulamos, menos indefensos nos sentimos ante la muerte, aunque también, cuanto más acumulamos, más miedo tenemos a perder nuestras posesiones y por tanto nuestra vida, la posesión más preciada de cada uno.

Ingeborg Morath. Sin título. (de la serie Máscara con Saul Steinberg), 1962

La acción transcurre en una pequeña población universitaria de EEUU, allí vive Jack Gladney, profesor universitario especializado en estudios sobre Hitler, junto a su cuarta mujer Babette y toda una tropa de hijos que ambos han aportado de matrimonios anteriores. Plenos de salud, satisfechos con ellos mismos y sus vidas, pasan el día recorriendo largos pasillos de supermercado, adquiriendo productos y más productos, latas y envases que luego consumirán en casa donde el televisor es el centro neurálgico de sus vidas, sin olvidar la radio, también encendida a todas horas para que nunca se apague ese ruido de fondo sin el que no parecen saber vivir. Esa aparente felicidad capitalista esconde un profundo y primigenio miedo a la muerte que ni Jack ni Babette saben enfrentar. El punto de inflexión llegará un día cuando un accidente provoca un escape tóxico a la atmósfera para el que no están preparados.

Ingeborg Morath. Las Vegas, Nevada, 1960

Aunque, por supuesto, la novela tiene argumento, este se supedita totalmente a las ideas que el autor nos quiere transmitir, y lo hace con imágenes muy potentes que se nos quedan grabadas en la retina: las hileras e hileras de estantes en enormes supermercados llenas de alimentos; la televisión y la radio continuamente encendidas en casa, alrededor de las que, como si se tratara de un ídolo, se reune toda la familia; la reverencia y a la vez temor ante los médicos que pueden con una sola palabra incrementar ese temor a la muerte; ese escape tóxico preludio de una catástrofe que un capitalista de clase media-alta no puede asumir, ni siquiera puede aceptar la idea de que algo así le pueda suceder a él, eso son cosas que les pasan a los demás, a los pobres, a los que no tienen su posición.

Esas cosas le ocurren a la gente pobre que vive en zonas desprotegidas. La sociedad está organizada de tal modo que son los pobres y los analfabetos quienes sufren el impacto principal de las catástrofes naturales y artificiales. Son los habitantes de las zonas deprimidas quienes sufren las inundaciones, son los que viven en chabolas quienes soportan los huracanes y los tornados. Yo soy catedrático de Universidad. ¿Has visto alguna vez a un catedrático remando en un bote a lo largo de su propia calle cuando han salido inundaciones en televisión?
Ingeborg Morath. Nueva York, 1958. Clase de belleza en el Salón de Helena Rubinstein

Si algo me ha costado con esta novela, ha sido seleccionar solo algunos fragmentos, ya que la misma esta plagada de  frases y pasajes realmente interesantes que dan que pensar. DeLillo nos confronta con nosotros mismos, con nuestra sociedad consumista y nuestros temores. Cierto es que estamos aún a años luz de la sociedad estadounidense, pero no es difícil sentirse identificado con ese ansia por comprar, como le sucede al protagonista tras un encuentro con una persona que no le cae muy bien, siente que necesita comprar y comprar casi sin importar el qué, tan solo para sentirse mejor. O ese miedo a la muerte tanto propia como de la pareja o de los seres queridos, ese miedo al vacío, a la nada, a la no existencia y a la pérdida de todo lo que es importante para nosotros. DeLillo nos pone un espejo ante nosotros, un espejo en el que no es fácil mirarse, por un lado, reconocemos esos vicios y temores en nosotros mismos, por otro, deseamos no ser como los Gladney, poner distancia entre nosotros y ellos.

Ingeborg Morath. Memphis, Tennessee, 1960 

Tengo claro que ni es un libro que gustará a todos ni Don DeLillo es un autor con el que pueda disfrutar todo el mundo, definiría sus novelas como eminentemente intelectuales, en las que las ideas priman sobre la trama. De hecho, el suceso más relevante de la novela se da casi al principio de la misma, siendo uno de los capítulos más breves y no teniendo finalmente la relevancia que pueda parecer en un principio. Luego, la narración sigue en un discurrir lineal, casi monótono a veces. Y es que esa sería la mayor pega que le pondría a esta novela, que le sobran unas cuantas páginas, que DeLillo le da vueltas y vueltas a la misma idea, se vuelve redundante, que abusa de las conversaciones y pensamientos que nos llevan una y otra vez a lo mismo, con lo que puede resultar una lectura un tanto pesada, especialmente al final de la novela. A pesar de ello, ha sido un libro que no he podido soltar, que me ha tenido días y días rumiando sobre el consumismo y la muerte (quizá más sobre este segundo tema), la vida que llevamos y cómo nos engañamos a nosotros mismos tratando de pensar que no, que pese a vivir en una sociedad capitalista, somos diferentes, que a nosotros no nos pasa eso, cuando estamos inevitablemente inmersos en esa vorágine.

 Ingeborg Morath. Nueva York, 1957. Una llama en Time Square

Sé que no tiene nada que ver con la entrada y que quizá sería mejor crear una específica para cosas personales, pero como sois unos cuantos los que me preguntáis de vez en cuando, quiero agradeceros el interés contándoos un poco cómo van las cosas. Todavía estamos esperando a Emma y es que no salgo de cuentas hasta el lunes 21 de enero, parece que la cosa va para largo porque no tiene pinta de que vaya a salir aún. Eso sí, en cuanto llegue, os lo contaré inmediatamente. Estoy nerviosa, cansada y con sentimientos encontrados, deseando que llegue ya aunque también con miedo de que llegue el momento, algo que me imagino que es normal. Así que, de momento, y aunque con el ritmo más relajado que estoy llevando en el blog de una entrada semanal, seguiré por aquí. Leer estoy leyendo muchísimo, de hecho, las entradas se me acumulan, pero es que el sueño y los nervios no me dejan concentrarme mucho más, ahora lo único que me apetece es leer y leer, y así abstraerme un poco de la espera. Muchísimas gracias a todos por pasaros por aquí y por interesaros por nosotras.

miércoles, 9 de enero de 2013

'La peste escarlata' de Jack London

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Título: La peste escarlata (The Scarlet Plague)
Autor: Jack London
Traducción: Marcial Souto
Ilustraciones: Luis Scafati
Editorial: Libros del Zorro Rojo (febrero 2012)
Año de publicación: 1912
Páginas: 120
Precio: 22,90 euros


La pólvora aparecerá. Nada podrá impedir que se repita la vieja historia. Habrá más hombres y lucharán entre ellos. La pólvora permitirá que los hombres maten a millones de hombres, y sólo de esa manera, a fuego y sangre, evolucionará en algún remoto futuro una nueva civilización. ¿Y qué habrá mejorado? Así como desapareció la vieja civilización, desaparecerá la nueva. Quizá tarde cincuenta mil años en crearse, pero desaparecerá. Todo desaparece.

Después del largo descanso que me he tomado en el blog por las fiestas navideñas, voy a intentar sacudirme la pereza e ir poniéndome poco a poco al día con las entradas que tengo pendientes, algunas de ellas lecturas del 2012 que se quedaron en el tintero, y otras ya de este recién estrenado 2013. Estas Navidades mi chico y yo nos hemos autoregalado algunos libros bastante interesantes, entre ellos, La peste escarlata de Jack London, el primer libro que he leído este año. Se trata de una edición ilustrada,  con lo que a una historia magníficamente escrita, hay que añadirle unas ilustraciones inquietantes y con mucha personalidad que complementan a la perfección el texto. Estas ilustraciones han sido realizadas por el argentino Luis Scafati (Mendoza, 1947), y complementan el relato con imágenes llenas de terror y angustia, unas imágenes que he incluido en esta entrada y que podéis ver a continuación.




Soy una de las muchas fanáticas de las historias apocalípticas, tanto en literatura, como cine o series de televisión, así que esta breve pero intensa joya, pionera y visionaria del género, me ha encantado. Jack London sitúa además la fecha de una plaga que casi termina con la humanidad en el verano de 2013, algo que le supone ciertos anacronismos y errores inevitables, graciosos a nuestros ojos, e imposibles de prever por el escritor que publicó esta historia en 1912. Así, por ejemplo, para Jack London ese mundo futuro de 2013 está tan superpoblado que en San Francisco viven 4 millones de personas (cuando en realidad la cifra es de algo más de 700.000 habitantes) o señala que Londres es "la ciudad más grande del mundo después de Chigago". Pero, aparte de esto, la historia es bastante realista en cuanto a lo que podría ser una pandemia mundial, con la población humana diezmada por una extraña enfermedad que se expande rápidamente entre la población. 



En el presente en que se nos cuenta la historia han pasado 60 años de la peste, un anciano, el último superviviente de aquel mundo en el que trabajaba como profesor universitario, relata a sus nietos, pequeños salvajes, cómo sucedió todo y trata de transmitir algo de unos días que ya nadie recuerda ni echa en falta. Les cuenta cómo la peste escarlata, una enfermedad mortal y fulminante, fue propagándose diezmando a la población, cómo esos días el caos se apoderó de todo y cómo lo peor del ser humano salió a la luz (violaciones, asesinatos, robos...). Tan solo unos pocos lograron sobrevivir y llegar hasta ese presente en el que la cultura o la civilización ya no sirven de nada, de hecho, los niños no entienden que su abuelo fuera profesor y se dedicara a hablar y hablar a sus alumnos, algo que para ellos no tiene sentido. Ahora que los animales, libres del exterminio del ser humano, campan a sus anchas y son incluso más abundantes que los humanos y más salvajes, ahora que la vegetación se ha hecho con la Tierra, que las ciudades no tienen sentido y se ha vuelto a un estado de primitivismo total, los individuos que mejor sobreviven son los más salvajes, los que saben cazar y protegerse de los demás.



El anciano narrador lamenta todas esas pérdidas de las que tan sólo él es consciente: sus nietos ni siquiera saben hablar un inglés correcto, sino una serie de sonidos y palabras muy diferentes de lo que fue el idioma en su momento, más parecido a un lenguaje de salvajes que de humanos. Lamenta la pérdida de los libros, del saber y la cultura, que trata de preservar guardando en una cueva montones de libros para generaciones futuras, aunque con gran pesimismo considera también que quizá esa labor no sirva ya para nada en un mundo donde los más brutos, incultos y violentos son los que tienen el poder. Lo que para él era importante: la lectura, la música, una conversación inteligente, ya no tiene cabida en este nuevo mundo.

Podría destruir esos libros guardados en la cueva: lo mismo da que permanezcan o se pierdan, porque todas sus viejas verdades serán descubiertas y todas sus viejas mentiras serán vividas y transmitidas. Qué importancia tiene...




La novela tiene todos los elementos indispensables de toda buena historia apocalíptica, que ya hemos visto miles de veces en novelas como La carretera de Cormac McCarthy, Soy Leyenda de Richard Matheson o Apocalipsis de Stephen King, por poner algunos ejemplos, pero que resultan de lo más novedosos si pensamos que fue una obra escrita a principios del siglo XX y que además fue la precursora del género e influencia indiscutible de todas esas obras posteriores. El tono general de la novela es muy pesimista y catastrofista, London no cree en el ser humano, sino que apuesta por su lado más salvaje e incivilizado que, una y otra vez, termina con la civilización y con lo que esta ha construido. La vuelta a lo salvaje y la naturaleza dominando el mundo, dos de las constantes en la obra de Jack London, aparecen también en esta novela. 



El estilo es muy sencillo y directo, muy actual, eso, unido a la brevedad del relato hace que dure un suspiro entre las manos. Eso sí, posee muchos pasajes duros y perturbadores, especialmente durante el desencadenamiento de la peste, donde el "sálvese quien pueda" está a la orden del día. Sin duda, si os gustan las historias apocalípticas, os encantará La peste escarlata; si no sois asiduos a este género, os lo recomiendo igualmente: está magníficamente escrito, con una prosa sencilla y clara, muy evocadora, que nos permite imaginarnos perfectamente lo que se nos cuenta, con un relato que nos mantiene en vilo hasta el mismo final. De Jack London ya os he hablado muchas veces en el blog, es uno de mis autores favoritos y ya ha aparecido por aquí con obras como La llamada de lo salvaje, La quimera del oro o Colmillo blanco. En mi caso es siempre una apuesta segura, un clásico que nunca defrauda, que sabe conjugar historias interesantes y muy entretenidas, así como una prosa muy ágil y asequible, con temas que dan para pensar y para largas reflexiones.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Mis mejores lecturas de 2012

Henri Cartier-Bresson. Brasserie Lipp, París (1969)

Un año más que llega a su fin, y con él, el momento de balance del mismo. En lo personal este ha sido uno de mis mejores años, aunque se me está haciendo un poco largo esperando a una personita, Emma,  que me hará madre por primera vez a finales de Enero y seguro conseguirá que el próximo año sea aún mejor. Culturalmente, aunque la crisis se haya notado, lo poco que ha habido ha sido bueno y lo he disfrutado muchísimo: en cuanto a conciertos he podido ver, entre otros, a Black Keys, Maximo Park, Arctic Monkeys, Fanfarlo o Miles Kane

André Kertész. Fuente Medici, París (1948)

De exposiciones hace mucho que no os hablo en el blog donde me estoy centrando cada vez más en la literatura, más que nada por falta de tiempo y pereza, pero he visto algunas muestras muy interesantes que no puedo dejar de recomendar y que aún estáis a tiempo de ver. En el Centro de Arte Canal hasta el 5 de mayo puede verse Pompeya. Catástrofe bajo el Vesubio una muestra eminentemente divulgativa donde pueden verse piezas realmente interesantes extraídas de las ruinas de Pompeya. Para complementar esta exposición os recomiendo el libro Los últimos días de Pompeya del escritor romántico inglés del siglo XIX Edward Bulwer Lytton, quien noveló la tragedia. Muestras fotográficas hay unas cuantas muy interesantes: en la Fundación Canal podéis ver hasta el 5 de enero Mitografías. Mitos en la intimidad, donde se retrata a diez personajes que han marcado la historia de la humanidad, cada uno en su ámbito, como Marie Curie, Albert Einstein o Ernest Hemingway; aún podéis acercaros a ver la muestra fotográfica de Imogen Cunningham de la que os hablé aquí, es en la Fundación Mapfre Vida. Sala Azca y hasta el 20 de enero; y más fotografías en la Sala Canal de Isabel II hasta el 13 de enero con la muestra Los años de la Dolce Vita que podéis recordar aquí. En la sala que Mapfre tiene en Recoletos puede verse hasta el 6 de enero una colección excepcional de pinturas y esculturas de talentos de la altura de Brancusi, Picasso, Lempicka, Modigliani, Matisse, Bacon Magritte, reunidos bajo el título Retratos. Obras Maestras. Centre Pompidou. Esta muestra junto a la que puede verse en el Museo Thyssen, Gauguin y el viaje a lo exótico, que puede verse hasta el 6 de enero quizá sean las más interesantes que puedan verse ahora mismo en Madrid. De todas ellas, si tuviera que elegir solo una, me decantaría sin dudarlo por la de Gauguin, una oportunidad única de ver obras de este genio de la pintura pertenecientes a museos y salas de todo el mundo.

    Chicas del coro leyendo (1930)

En cuanto a lecturas, un año más ha habido de todo, mejores y peores, aunque en general no me puedo quejar, han sido mayores los aciertos que las decepciones, aunque muchas veces gracias a volver a autores que descubrí el año pasado y que me habían entusiasmado como Houellebecq o Modiano del que no he podido evitar meter dos de sus novelas en esta lista y que se está convirtiendo en uno de mis autores favoritos. Mi gran descubrimiento este año ha sido el excepcional Don DeLillo, me ha gustado tanto que aún no me he atrevido a repetir con otra de sus novelas no vaya a ser que me decepcione. Como siempre, esta lista es totalmente subjetiva, recoge mi gusto personal, ya que son los libros que he leído en 2012 que más me han gustado a mí, seguro que vosotros tenéis los vuestros y me encantará que los compartáis conmigo.


En cuanto a poesía han sido pocos los autores a los que me he acercado en esta ocasión, aunque creo que muy bien escogidos. Mi gran descubrimiento del año ha sido la poesía de W.B. Yeats tras el viaje que hice en las Navidades de 2011 a Irlanda, un autor imprescindible que os animo a conocer. Otro autor al que me he acercado por primera vez es el británico Dylan Thomas muy interesante también y lleno de claroscuros. Unos viejos conocidos y a los que habéis visto ya varias veces por el blog son los escritores de la generación beat: Kerouac, Ginsberg, Welch, Snyder o Kyger, entre otros. Esta vez ha sido a través de su vertiente poética y su acercamiento a oriente gracias a la magnífica aunque breve antología No pasa nada. Los poetas beat y oriente.

Fred Stein. Niños leyendo el periódico, París (1936)

Con este breve resumen de lo que ha sido lo mejor del año para mí, repito de nuevo deseos para 2013, en especial salir ya de la maldita crisis y que no nos quiten ni la sanidad, ni la educación, ni la cultura gratuitas y para todos, ya que son derechos fundamentales a los que todos tenemos derecho y que no pueden recortarse ni privatizarse bajo ningún concepto. Os deseo un año lleno de más y mejor cultura, lleno de felicidad y optimismo y en el que consigáis todas nuestras metas y sueños. 

¡Feliz Año!

jueves, 20 de diciembre de 2012

'We Wishlist a Merry Xmas': mi lista de deseos Fnac



Aunque es el tercer año consecutivo que participo sin que me haya tocado, la esperanza es lo último que se pierde, así que un año más me apunto a la iniciativa de Fnac We Wishlist a Merry Xmas, un concurso en el que los blogueros podemos ganar un vale de 2013 euros para gastar en Fnac. Suculento ¿verdad? Si queréis participar tan solo tenéis que publicar en vuestro blog una lista de aquellos productos de Fnac que queráis para Navidad, os dejo aquí las bases completas para que les echéis un vistazo. Este año mi lista es bastante ambiciosa y casi alcanzo la cifra que nos proponen (llego hasta los 2000,61 euros), pero soñar es gratis, así que estos son algunos de los caprichillos que me gustaría darme estas Navidades si me toca el premio:



















Manfrotto MK393-H Trípode+Rotula (91,71 euros)





Sony Reader PRS-T2 Wi-Fi Negro (143,10 euros)





Pack Sherlock (Temporadas 1 y 2) (31,99 euros)





Rolling Stones Grrr! (Edición Box Set Superdeluxe) (124,99 euros)




Estuche Jane Austen , Incluye: La abadía de Northanger - Persuasión - Mansfield Park - Juicio y Sentimiento - Sanditon (94,91 euros)




Cuentos de hadas clásicos anotados (33,16 euros)





Estuche La historia de Genji. 2 Vol (84 euros)


¡Feliz Navidad!

lunes, 10 de diciembre de 2012

'Barrio Perdido' de Patrick Modiano

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Título: Barrio Perdido (Quartier Perdu)
Autor: Patrick Modiano
Traducción: Adoración Elvira Rodríguez
Editorial: Cabaret Voltaire (septiembre 2012)
Año de publicación: 1984
Páginas: 224
Precio:  17,95 euros
Tras la verja, el viento acariciaba las hojas de los castaños, los pisos superiores de la place de l'Alma y la cúspide de la Tour Eiffel, en la otra orilla del Sena. Por aquel entonces, París era una ciudad que se ajustaba a los latidos de mi corazón. Mi vida solo podía inscribirse entre sus calles. Me bastaba con pasearme por París, solo y sin rumbo, para ser feliz.
Cuando llevas varias lecturas seguidas que no acaban de convencerte, nada mejor que volver a los autores que ya conoces y que sabes que nunca fallan. Para mí, uno de ellos es Patrick Modiano, al que la palabra evocador le va como anillo al dedo para describir sus libros. Barrio Perdido nos sumerge de nuevo en las calles de París, esta vez en un verano caluroso, donde las calles permanecerían desiertas si no fuera por la constante y apabullante presencia de turistas. Ambrose Guise, autor británico de novelas policíacas, vuelve a París tras veinte años de ausencia. La ciudad va desvelando su pasado, recupera su memoria y su verdadera identidad: el francés Jean Dekker que huyó en su momento tras un crimen que no pudo resolverse. La memoria, la nostalgia de un pasado irrecuperable, el paso del tiempo y la reconstrucción de la propia identidad, vuelven a ser las claves de una novela corta pero muy intensa.

Place Vêndome (1947). Willy Ronis

A medio camino entre la novela negra, aunque decir eso de Modiano es simplificar mucho las cosas, ya que sus novelas encierran mucho más de lo que parece a simple vista, y la novela nostálgica de un pasado perdido que ya no volverá jamás, Barrio Perdido tiene, como la mayoría de las novelas del autor, un protagonista indiscutible, la ciudad de París. Todo el libro se desliza entre las calles y barrios parisinos, nos envuelve, nos seduce, nos traslada hacia esa ciudad y nos enamora de ella. Los recuerdos del protagonista, el pasado y el presente se funden gracias a esos largos paseos que da por las Tuileries, la estación de Orsay, la orilla izquierda del Sena, la place Vendôme, el boulevard des Capucines, la place de la Concorde, los Campos Elíseos, la place de l'Alma, la Tour Eiffel... En el presente, una ciudad abandonada por los propios parisinos en un verano caluroso y asfixiante y lleno de la frivolidad de los turistas que se mueven en manada, pasando por los monumentos y lugares emblemáticos de París sin casi ver nada ni empaparse de la esencia de la ciudad. En el pasado, unos personajes perdidos, decadentes, largas noches de local en local hasta las primeras luces del amanecer, alcohol, mujeres inalcanzables, amores no correspondidos, un pasado idealizado desde el presente que también tenía sus luces y sombras.

Café de la Bidule (1957). Willy Ronis

El protagonista, y nosotros con él, va deshaciendo las tinieblas de su pasado a través de pequeños detalles, una tarjeta roja con el nombre Hayward escrito en letras negras, encuentros al azar, persecuciones nocturnas a un coche conducido por un fantasma del pasado, conversaciones crípticas con amigos a los que no se veía desde hacía años, necrológicas, informes policiales... El estilo, como siempre con Modiano es muy sencillo con frases cortas y abundancia de diálogo, la complejidad del autor, si puede hablarse de ella, se encuentra más bien en el trasfondo de lo que nos cuenta, en esa doble lectura en la que tenemos que ir intuyendo y descubriendo junto al personaje los engranajes de lo sucedido, ese pasado del que huyó en su momento el protagonista, además de esos finales crípticos y abiertos que tenemos que construir nosotros mismos con lo que se nos ha dado hasta el momento.

Los amantes de la Bastilla (1957). Willy Ronis

De nuevo la memoria y París protagonizan una novela de Modiano, mi tercer Modiano tras En el café de la juventud perdida y Calle de las tiendas oscuras. Las tres, novelas que recomiendo encarecidamente. Para mí es un autor que nunca me defrauda, más bien al contrario, con él, el placer de leer es siempre máximo, la historia atrapa y su prosa evocadora y mágica nos mete de lleno en la novela y en el ambiente que el autor quiere recrear. Antes de empezar a leer este libro intuía que se colaría entre mis favoritos del año, ahora lo confirmo, una vez más Modiano me recuerda que leer es más, mucho más, que una historia entretenida o un pasatiempo, es meterse de lleno en el libro, saborearlo con los cinco sentidos, sentir que viajamos con los protagonistas, que leer es, en definitiva, uno de los mayores placeres que podamos sentir en la vida, siempre y cuando elijamos al compañero de viaje adecuado, al libro adecuado.

Cruce Sévres-Babylone (1948). Willy Ronis

Para ilustrar esta entrada he seleccionado algunas imágenes del fotógrafo francés Willy Ronis (París 1910-2009) del que seguro reconoceréis la que es una de sus imágenes más icónicas: Los amantes de la Bastilla. Ronis entró en la fotografía un poco por obligación, ya que su sueño era ser músico, pero al enfermar su padre de cáncer, tuvo que dejar sus clases de violín y hacerse cargo del negocio familiar: un estudio de fotografía en Montmartre. Al morir su padre, cerró el estudio y se unió a la agencia Rapho junto a Brassaï o Robert Doisneau. Ronis fue el primer fotógrafo francés que trabajó para la revista Life y participó junto a Doisneau en el Grupo fotográfico Les XV. Sus imágenes han sido expuestas en el MOMA y ha sido galardonado con la medalla de oro en la Bienal de Venecia y con el Gran Premio de las Artes y las Letras en Fotografía por el Ministerio de Cultura francés. Ronis vivió y trabajó toda su vida en París donde falleció en 2009 a los 99 años de edad.