martes, 3 de marzo de 2009

Rodin, Barceló y arte contemporáneo en CaixaForum

CaixaForum propone estos días tres propuestas interesantes, que permiten compensar un poco la visita a la muy dura muestra de Francis Bacon, en el cercano Museo del Prado, con una mirada bastante más amable del arte hacia la realidad. Para empezar, tenemos las siempre sorprendentes esculturas de Rodin, que están recorriendo la geografía española. Tuve ocasión de verlas hace poco en Sevilla, y a pesar de ello me he acercado en dos ocasiones a CaixaForum para poder contemplarlas. No me cansa nunca observarlas, con sus líneas imperfectas dentro de la perfección, y esos contrastes entre lo grandilocuente y lo sencillo.
Ya dentro del edificio podemos ver otras dos muestras interesantes. Por un lado tenemos El mar de Barceló, que puede visitarse hasta el 17 de marzo. En ella se explica el proceso creativo de Barceló para elaborar la cúpula de la sala XX del Palacio de Naciones de la ONU en Ginebra. Hay que reconocer que es una cúpula muy hermosa, pero también hay que reflexionar sobre el hecho de que se destinase una partida de 500.000 euros de los Fondos de Ayuda al Desarrollo. ¿No hubiera estado mucho mejor empleado ese dinero en alimentar miles de bocas en el mundo? ¿Es que Barceló necesita realmente ese dinero más que cualquier niño del mundo? ¿Es que el objetivo de esos fondos no era paliar la pobreza en el mundo? Como siempre, parece que nos vamos a quedar sin respuestas.
Por último, podemos ver hasta hoy Zonas de riesgo. Según Caixaforum se trata de "una exposición que recoge la sensibilización del arte por nuestro presente social, económico, político y cultural. Está compuesta por obras de la Colección de Arte Contemporáneo Fundación ”la Caixa”, de artistas de diferentes generaciones y países, que exploran y formulan su visión de la sociedad demostrando una gran capacidad para procesar estéticamente la compleja realidad en que vivimos". Lo que yo vi fue un puñado de disparates que por lo menos nos hacen esbozar una sonrisa: patinetes cubiertos con grasa de cerdo, un traje de novia colgando del techo, un tendedero lleno de juguetes... La única obra que me gustó de verdad fue Calle Preciados de Craigie Horsfield, donde rinde homenaje a la pintura barroca española con una fotografía que parece más un cuadro tenebrista.

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