Mostrando entradas con la etiqueta Ni de Eva ni de Adán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ni de Eva ni de Adán. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de mayo de 2013

'Matar al padre' de Amélie Nothomb

 photo fa26ab8c-11a4-4994-a874-557ec7b13be1_zps982873cc.jpg

Título: Tuer le père (Matar al padre)
Autor: Amélie Nothomb
Traducción: Sergi Pàmies
Editorial: Anagrama (2013)
Año de publicación: 2011
Páginas: 136
Precio: 14,90 euros


"Existe una diferencia fundamental: la magia deforma la realidad en interés de otro, con el fin de provocar una duda liberadora; la trampa, en cambio, deforma la realidad en detrimento de otro, con el objetivo de robarle su dinero."


Los lectores habituales de Amélie Nothomb ya sabéis que la autora tiene dos tipos de libros: los autobiográficos (que son los que más apreciamos) y los de pura ficción. Matar al padre se encuadra por desgracia dentro de esta última categoría, por desgracia porque, por lo que he podido leer hasta ahora de la autora belga, suelen ser los más flojos. No es que Matar al padre esté mal, reune las mejores cualidades de la autora: es un libro entretenido, con una prosa muy dinámica que fluye sola, con personajes únicos e interesantes y una historia original que atrapa de principio a fin, con un giro final interesante. Me resulta rara la contradicción de que me haya gustado y al mismo tiempo no pueda recomendarlo como una buena lectura. Es un libro altamente disfrutable porque es muy entretenido pero me ha faltado el humor mordaz de Nothomb, sus situaciones surrealistas y sus reflexiones un tanto disparatadas. Sin ser un mal libro, está muy por debajo de otras obras suyas que en su momento me encantaron como Estupor y Temblores o Ni de Eva ni de Adán. En ocasiones me daba hasta la sensación de que no estaba leyendo a la belga, de que se trataba de otro autor, quizá un aprendiz de Paul Auster.

Reno

La novela nos presenta a tres personajes, un singular triángulo de relaciones complejas y de dependencia: el célebre mago Norman Terence, quien acoge junto a su pareja Christina a un aprendiz de mago, el adolescente Joe Whip quien, tras ser echado de casa por su madre, busca un maestro que le enseñe todos los trucos y que encuentra en Norman a un padre. Entre ambos se establecerá una compleja relación, especialmente delicada al enamorarse Joe de la fascinante Christina, una malabarista de fuego, a la que tratará de conquistar de una peculiar manera, cumpliéndose así el complejo de Edipo de desear a la madre y matar al padre. Todo ello ambientado en la ciudad estadounidense de Reno como paso previo a los deslumbrantes casinos de Las Vegas, donde magia y fraude pueden confundirse fácilmente. A través de los personajes viviremos unas complejas relaciones de dependencia y de poder; pasaremos una semana en un macro festival en medio del desierto donde la libertad es una máxima; y veremos cómo la magia puede significar cosas diferentes para unos magos y otros. 

Reno


La tensa relación entre pare e hijo, el complejo de Edipo, la diferencia entre magia y fraude son algunos de los ejes de la novela que tiene un giro final que da un nuevo significado a toda la novela. Como si de un truco de magia se tratara, Nothomb da ese giro final interesante, si, pero quizá demasiado traído por los pelos y poco realista. Aunque hay que reconocerle que da un sabor diferente a la lectura. Quizá si se tratara de la primera novela que leo de la belga me hubiese gustado más, como digo, es un libro muy entretenido y que se lee sin esfuerzo, sin embargo, Nothomb tiene libros mucho mejores y cuando se han leído estos, una obra como esta se lee con agrado pero también con cierta decepción y melancolía de esas otras obras que nos hicieron disfrutar tanto en su momento.

Las Vegas


Lo que más he echado en falta en Matar al padre es ese humor tan suyo de Nothomb, a medio camino entre la ironía, el sarcasmo y la autodestrucción. Esta novela es tremendamente seria e incluso pesimista respecto a los jóvenes y la falta de sentimientos o escrúpulos que puedan albergar. También me ha faltado el punto loco y surrealista de otras obras suyas, como comentaba antes, había ocasiones en que no me parecía estar leyendo a la autora. Amélie se nos ha puesto más seria en esta lectura, parece que ha querido hacer algo diferente y no está mal, pero yo echo de menos a la Amélie alocada y poco convencional. Creo que este libro gustará más a los no habituales a la autora, a sus seguidores creo que os pasará como a mí, os dará la sensación de que se ha perdido cierta chispa en el camino que echaréis de menos a lo largo de la lectura.

martes, 3 de mayo de 2011

'Biografía del hambre' de Amélie Nothomb


Título: Biografía del hambre (Biographie de la faim)
Autor: Amélie Nothomb
Editorial: Anagrama (febrero 2006)
Año de publicación: 2004
Páginas: 208

Mal, mal Amélie Nothomb. Con lo bien que habíamos iniciado nuestra relación de lectora y autora, desde la hilarante Antichrista, pasando por Estupor y temblores, hasta llegar a Ni de Eva ni de Adán. Pero claro, supongo que lograr que te gusten todos los libros de un autor es algo poco habitual, y reservado solo a unos pocos. Biografía del hambre me ha decepcionado bastante, especialmente porque hasta ahora todo lo que había devorado de la autora belga me había hecho estallar en carcajadas, pasar ratos realmente divertidos, y cogí este libro de la biblioteca esperando más de lo mismo, y no, en este caso no ha podido ser. Biografía del hambre reune las mejores cualidades de Nothomb: es ligera, se lee sin casi darnos cuenta y nos presenta situaciones autobiográficas de la autora en clave de humor. ¿Qué ha pasado entonces? Que no me lo he creído. En sus otras dos obras autobiográficas Estupor y temblores y Ni de Eva ni de Adán, aunque las situaciones llegaban en ocasiones a ser algo surrealistas, siempre  conseguía meterme en la historia y vivirlas y creerlas como totalmente reales. Aquí no. 

 Amélie y sus locuras
Amélie nos habla de su infancia, desde su nacimiento y primeros años en la localidad japonesa de Kobe, pasando por los distintos países a los que trasladaban a su padre, embajador, y con él a toda la familia. Primero la China comunista, luego la hipercapitalista Nueva York, la pobreza extrema de Bangladesh, la belleza de Birmania o el reencuentro con una patria que no conocerá hasta los 18 años, Bélgica, para volver de nuevo a Japón. Estos viajes son sin duda lo mejor del libro, aunque Amélie ahonda poco en ellos, ya que, si habéis leído algo de ella, en el mundo de Amélie todo gira alrededor de Amélie. En realidad esos viajes exteriores tienen menos importancia que su crecimiento interior. Como se define a sí misma, Amélie es una niña con una inmensa hambre de todo: de libros, de conocimientos, de comida, de agua, de alcohol, de experiencias, de amor... Lo que en otra etapa de su vida me hubiese parecido interesante, aquí no me lo parece, principalmente porque no me lo creo. Amélie se representa a si misma como a una niña que lee como si nada La cartuja de Parma de Stendhal o el diccionario entero de la A a la Z, que mantiene conversaciones intelectualoides, de pensamiento elevado, siempre por encima de las demás niñas de su edad. Y aunque sé que puede llegar a ser un recurso estilístico, no soporto a los niños repelentes, ni en libros, ni en cine, ni mucho menos en la vida real, donde fíjate por dónde, no abundan tanto como en las películas o los libros. Que un niño de tres años hable como si se acabase de doctorar en Filosofía es algo con lo que no puedo, y en esta novela Amélie juega a hacerse la superdotada, la niña intelectual por encima de los demás. Es por ello que sus reflexiones y locuras, que en otros libros me divierten, no me arrancan aquí ni la más mínima sonrisa.

 Kobe, la localidad japonesa donde nació la autora

Tampoco ayuda el hecho de que se vuelva una alcohólica con pocos años, que sufra potomanía (una enfermedad que consiste en beber litros y litros de agua, y que puede a llegar a causar la muerte) y ya como el sumum de todo, sufra una anorexia terminal, dejando de comer "durante años" según sus propias palabras, y una noche vuelve a comer como si nada, sin ayuda de nadie se recupera de una enfermedad de la que suelen morir las chicas que caen en ella. De un lado, ¿realmente unos padres dejarían que su hija llegase a tales extremos? ¿Unos padres que además ella retrata como cariñosos y pendientes de sus hijos? De otro, me parece que la autora frivoliza con temas que no son para frivolizar, no dudo que sufriera anorexia, pero lo condensa todo en tan pocas páginas, le da tan poca importancia que parece que entrar y salir de esa terrible enfermedad es un juego más. Como veis, en este caso mis apreciaciones del libro son cien por cien subjetivas, no puedo decir que esté mal escrito porque no es así, no puedo decir que sea aburrido porque no lo es (aunque ese terrible inicio hablando de los habitantes sobrealimentados de Vanuatu me aburrió muchísimo), ni que no cuente cosas interesantes, pero es que en conjunto no me ha llegado como otros libros suyos, por esa imposibilidad de meterme en la historia. Amélie quiere contar muchas cosas y nos lleva en un viaje alocado a través de su infancia y primera adolescencia, quiere correr tanto, que nos quedamos con una sensación de atropello. Por supuesto, este tropiezo no ve va a hacer perder de vista a Nothomb, quien sigue pareciéndome una autora estupenda, de la que tengo ganas de seguir descubriendo más novelas, y a la que envidio como no podéis imaginar por haber podido vivir en tantos y tan diferentes países.

miércoles, 2 de marzo de 2011

'Ni de Eva ni de Adán' de Amélie Nothomb

Al libro de Amélie le acompaña uno de mis favoritos; té verde con cereza japonesa; y otra de mis adicciones: los chales

No se muy bien qué tiene Amélie Nothomb que me tiene totalmente enganchada a su prosa, tercer libro que leo suyo tras Antichrista y Estupor y temblores, y mismo resultado: adicción total. Las novelas de esta belga tienen la sorprendente capacidad de no dejarme indiferente, de tenerme todo el día comentando lo que he leído en sus libros, y todo ello, con una prosa sencilla y ágil, de esas con las que las páginas vuelan casi sin darnos cuenta. Es cierto que, pese a que había visto muchos comentarios señalando que esta Ni de Eva ni de Adán era mejor que Estupor y temblores, en mi caso no ha sido así. Estupor y temblores sigue en mi altar de lo mejor que he leído hasta el momento de Nothomb, un libro con el que no podía parar de reír y horrorizarme a partes iguales. Ni de Eva ni de Adán se sitúa un año antes de los acontecimientos de Estupor y temblores (aún así, es preferible leer aquel antes, ya que en este se hacen referencias a Estupor y temblores, aunque sean libros independientes y puedan leerse como tal), en el que la autora de origen belga, pero nacida en Japón, vuelve al país del sol naciente y entra a trabajar en una empresa nipona. En este libro, un año antes de entrar a trabajar, llega Amélie a un país que abandonó con cinco años pero del que conserva profundos y muy queridos recuerdos. Como manera de aprender japonés, Amélie decide dar clases particulares de francés, y es así como conoce a Rinri, un joven japonés con el que poco a poco inicia una relación sentimental. En este caso, las situaciones hilarantes no las provoca tanto el pobre Rinri, sino más bien la alocada de Amélie (me pregunto si de verdad estará tan loca como se retrata a sí misma en los libros), quien devora como un chacal la comida que le evoca recuerdos de su infancia en Japón ante la atónita mirada de los amigos de Rinri; sube y baja al monte Fuji como una exhalación; se encuentra rodeada por una tormenta de nieve al irse de excursión sola y mil historias más totalmente demenciales. A su lado, Rinri se limita a adorarla y a amarla, y a dar rienda suelta a sus propias extravagancias como la de querer convertirse en un caballero de la orden del Temple o preparar una fondue de queso con un material sintético que extrae de una maleta preparada para ello (Rinri tiene maletas para todo tipo de ocio, por ejemplo, tiene una para preparar fuegos artificiales). El choque cultural me ha parecido menor que en Estupor y temblores, y Amélie hace gala en esta ocasión del inmenso amor que le une a Japón. Esperaba que las situaciones cómicas se centrasen en  la relación entre una occidental y un oriental, pero no ha sido así, lo realmente chocante ha sido ver las reacciones de ella. Y aunque me cae muy bien, me hace reír, y lo paso genial con sus locuras, he de decir que en este libro me ha cabreado varias veces, en especial por su indiferencia hacia Rinri, un personaje realmente encantador, muy sensible y sentimental y locamente enamorado de Amélie. El pobre me ha dado mucha pena, especialmente teniendo en cuenta lo que tiene que aguantar al lado de ese torbellino de mujer.