lunes, 8 de marzo de 2010

Ubú rey de Alfred Jarry, una reflexión sobre el abuso de poder

El Círculo de Bellas Artes de Madrid pone en marcha estos días una iniciativa de lo más interesante: la XV Muestra de Teatro de las Autonomías, que empezó el pasado 25 de febrero y que aún se puede disfrutar hasta el 22 de marzo. Cada día podemos ver a una compañía de teatro de distintos puntos de España presentando obras tanto clásicas como modernas. Lo mejor de todo, que es asequible para el público en general, pues podemos encontrar localidades desde los 7 a los 15 euros. En la página web del Círculo de Bellas Artes podemos encontrar más información de las obras que aún pueden verse. Yo pude ver este sábado Ubú Rey, una obra de Alfred Jarry, llevada a los escenarios por la compañía balear Iguana Teatro. Ubú Rey nació de un grupo de adolescentes como crítica a un profesor tirano, para ello, representaron una especie de parodia de Macbeth de Shakespeare. Uno de esos adolescentes era Alfred Jarry, quien años después, a finales del siglo XIX, reescribió la obra convirtiéndola en un clásico universal. La obra cuenta cómo Ubú, instigado por su ambiciosa mujer, derroca al rey de Polonia para llegar él al trono e instaurar una dura tiranía. La obra, pese a haber sido escrita en el siglo XIX es de una asombrosa actualidad y nos hace plantearnos si realmente somos tan libres y hemos logrado tantos avances con la democracia como nos quieren hacer creer. Ubú y su mujer son dos déspotas, pero también son estúpidos e ignorantes, sus medidas políticas se limitan a subir continuamente los impuestos y a colocar como un ministro a un retrasado mental y recién salido de una institución para enfermos mentales. Los abusos de los poderosos sobre la gente a la que gobiernan, las guerras absurdas y fraticidas, la ambición desmedida, son sólo algunos de los temas que trata esta obra, que puede tener múltiples lecturas. Y envolviendo todo eso, un humor negro y visceral, con el que el espectador no puede para de reír.

jueves, 4 de marzo de 2010

Fimin entretetiene, pero no es la gran novela que nos han prometido


Nunca me puedo resistir a los fenómenos editoriales, siempre pienso que si a tanta gente le ha gustado será por algo, y al final, en la mayoría de los casos, me llevo grandes desilusiones, quizá por mi culpa, porque tener demasiadas expectativas sobre un libro antes de leerlo nunca es bueno. Es lo que me ha pasado con Firmin de Sam Savage, uno de los grandes fenómenos editoriales de los últimos años, el primer libro que el autor cuando tenía más de 60 años,. Publicada por una pequeña editorial, ha logrado su gran éxito gracias al boca a boca de los lectores,y ha obtenido numerosos premios. Firmin cuenta la historia de una rata nacida en una librería de Boston que aprende a leer, pero su gran cultura le hace sentirse alejado de sus semejantes, y aunque intenta trabar amistad con los humanos, para ellos no deja de ser una "asquerosa" rata. A todo ello hay que sumarle la inminente demolición de la plaza Scollay, donde se encuentra la librería y hogar de Firmin. La novela no está mal, es entretenida, con sus altibajos, aunque con un potente final, sin embargo, no puedo evitar pensar que se ha sobrevalorado esta obra. Firmin tiene un arranque prometedor aunque algo pretencioso, en la primera parte del libro las citas a libros y autores clásicos es casi continua, algo que algunos han dado en llamar el "amor a la lectura" que desprende la obra, y que resulta bastante pesado y pedante. La mejor parte de la novela empieza hacia el final de la misma, cuando Firmin es recogido por un escritor medio hippy y vagabundo que la trata como si fuese una mascota. Las descripciones de las novelas que supuestamente ha escrito son insuperables, de una imaginación desbordante. Además, la destrucción de la plaza Scollay de Boston, un lugar marginal de la ciudad, fue un hecho real, recreado en esta novela con gran sensibilidad y que nos recuerda cuántos lugares emblemáticos se han destruido en muchas ciudades en aras del supuesto progreso.

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡Pero qué buena es Celda 211!


No me lo podía creer, mucha gente venía diciéndome que Celda 211 era una gran película y que tenía que verla, pero dobre mí pesaban dos grandes prejuicios: no me interesaba nada el tema de la cárcel, y el cine español en general no me atrae nada. Sin embargo, de vez en cuando, entre las tinieblas de nuestro aburrido e insistancial cine español, surge sin saber muy bien cómo una joya de este calibre. Celda 211 cuenta la historia de un funcionario de prisiones (Alberto Ammann), en su primer día de trabajo se produce un motín en la cárcel, por un absurdo accidente ha quedado confinado en la celda 211, por lo que ahora tendrá que hacerse pasar por un preso más para poder sobrevivir. La trama es interesante y engancha desde el primer minuto, la acción es imparable, lo de la cárcel es lo de menos, se trata de un thriller con todos los ingredientes necesarios que mantiene en vilo hasta el trágico final. Pero sobre todo, lo que hay que resaltar es el magnífico trabajo de los actores, simplemente sobresaliente. Luis Tosar ya era para mí uno de los grandísimos del cine de nuestro país, pero en esta película, en el papel del sanguinario y desquiciado preso Malamadre, está que se sale. Merece mención Alberto Ammann, Goya al actor revelación, un protagonista creíble tanto en los momentos de acción en la cárcel como en los románticos con Marta Etura, que aunque con un papel breve, está a la altura como siempre. El resto del reparto lo compone un Antonio Resines que consigue hacerse odiar, Carlos Bardem, quizá lo más flojo del film, interpretando a un colombiano poco creíble, Vicente Romero, Manuel Morón o Fernando Soto. Pero yo me quedo con el increíble trabajo de Luis Zahera, un actor increíble que hace el papel de Releches, quizá uno de los presos más chungos de la cárcel. Cuentan en Facebook, en la página de la película: "El primer día que Luís Zahera hizo su aparición en la galería de la prisión real donde rodábamos, rodeados de una figuración en bastantes casos compuesta por presos de tercer grado o antiguos “clientes” de la propia cárcel de Zamora, fueron muchos de ellos los que vinieron a preguntarme de dónde había sacado a semejante individuo. A ninguno se le ocurrió siquiera sospechar que no era un colgado, que aquel tipo vestido con atuendo imposible, que arrastraba pies, cerebro y palabras con dientes podridos y entre buches de saliva era un –portentoso– actor". Y es que su papel consigue robar planos al mismísimo Luis Tosar.

martes, 2 de marzo de 2010

Bunbury aburre con Las consecuencias


No pensaba hablar del nuevo álbum de Bunbury, Las consecuencias, pero mi amigo Pedro me lo ha pedido en uno de los comentarios de este blog, así que ahí va. Siempre he sido seguidora al cien por cien de Bunbury y fanática de Héroes del Silencio, pero de un tiempo a esta parte ha conseguido con sus últimos trabajos desprestigiar toda una carrera plagada de éxitos y de grandes discos. El viaje a ninguna parte, aunque todavía conservaba parte del genio de Bunbury con grandes canciones, empezaba a flojear: demasiado largo y muchas canciones de relleno. Luego vino Helville DeLuxe, un disco totalmente prescindible, aunque la gira fuera impresionante (fui hasta a tres conciertos de esta gira). Sin embargo, aún nos quedaba la esperanza de que su siguiente trabajo remontase un tanto lo hecho anteriormente. El susto llegó con la
versión de Jeanette Frente a frente, una canción que no pegaba nada con su trayectoria musical y que no aportaba mucho. Lo peor de todo es que una vez escuchado el disco entero, Frente a frente es la mejor canción del mismo, así que ya podéis imaginaros cómo es el resto. Bunbury ha calificado a su nuevo disco de oscuro y de guitarras, Nacho Vegas dice que es el disco que estaba esperando escuchar de Bunbury, y ambos se refieren continuamente a Bob Dylan. Bien, yo lo describiría con una única palabra: aburrido. Bunbury parece haber perdido la chispa, ese algo que tenía y que lo hacía especial, algo que suele pasarle a muchos artistas cuando llevan demasiado tiempo en esto de la música, y Bunbury lleva ya mucho tiempo, de hecho, podría dejarlo cuando quisiera con la cabeza bien alta, pues ha creado un buen puñado de buenas canciones y grandes álbumes. Las consecuencias carece de grandes hits y de canciones que emocionen o enganchen mínimamente, Bunbury se ha creído una especie de cantautor -una pobre imitación de Leonard Cohen en muchos casos-, y guitarra en mano se ha dedicado a torturarnos desde la primera a la última canción del disco. Dicho lo dicho, sigo pensando que Bunbury es uno de los mejores músicos de éste país, y en cuanto venga por España de gira iré a todos los conciertos que pueda. Pero éste, Bunbury, éste disco sí que no te lo compro, por mucho que te cabrees y despotriques contra las descargas y te pongas del lado de la SGAE.

lunes, 1 de marzo de 2010

La Ratonera, una obra de crímenes y suspense para pasar un buen rato

Hacía semanas que andaba detrás de unas entradas para la obra La Ratonera en el Teatro Reina Victoria de Madrid, misión casi imposible pues siempre colgaba el cartel de completo, pero por fin, el sábado pude hacerme con un par. ¿Valió la pena tanta espectación? Pues sí, la obra cumple con su propósito, es entretenida, las dos horas de duración pasan en un suspiro, y nos mantiene en vilo intentando averiguar quién es el asesino. La escenografía y vestuario son excelentes, y las actuaciones, aunque no se encuentran a la altura de lo que deberíamos esperar, tampoco son malas, correctas diría yo, con algún momento que desentona, pero por lo que llevo viendo, habitual en estas obras en las que se reune un reparto televisivo. La obra transcurre en una casa de huéspedes de la Inglaterra de los años 50 que acaba de abrir sus puertas, entre sus inquilinos hay un asesino, pero nadie puede salir o entrar de la vivienda, pues se encuentran incomunicados por una gran nevada. La labor de los inquilinos y de los espectadores será la de descubrir quién es el asesino antes de que sea demasiado tarde para todos. La obra está basada en una novela de la gran dama del suspense Agatha Christie, y es una de sus obras más representadas, tanto que en Londres lleva más de 50 años en cartel triunfando. Entre los actores, como ya he comentado, muchas caras conocidas que en mayor o menor medida hacen un buen trabajo: María Castro (Sin tetas no hay paraíso), Gorka Otxoa (Pagafantas), Paco Churruca (Amar en tiempos revueltos), Aroa Gimeno (Sin tetas no hay paraíso), Maribel Ripoll (Al salir de clase) o Leandro Rivera (Volver). Aparte del buen trabajo de los veteranos, me sorprendió enormemente Gorka Otxoa, que nos tiene acostumbrados a su faceta más cómica y gamberra en series como Vaya semanita o Cuestión de sexo, y que convence con su papel de inspector de policía.