lunes, 19 de diciembre de 2011

Red Hot Chili Peppers abarrotan el Palacio de Deportes de Madrid demostrando que siguen en buena forma



Pasa siempre igual, esperas con ansiedad que llegue determinado momento, la espera se hace interminable, y luego, ¡pum!, cuando quieres darte cuenta ya ha pasado todo en un suspiro. Es lo que me ha sucedido con el concierto de este sábado de Red Hot Chili Peppers en el Palacio de Deportes de Madrid. Compré las entradas antes del verano (tuve una suerte y una rapidez increíbles ya que se agotaron en cuestión de horas) y desde entonces llevaba esperando impacientemente poder verles por primera vez en directo. El sábado llegó y pasó en un pestañeo, y es que he de decir que fue un conciertazo, de esos en los que no puedes parar de bailar, saltar y berrear. Diversión pura y dura, y encima, de la mano de un grupo hiperveterano y que domina el escenario a la perfección. RHCP me retrotrajeron a los 90, aún recuerdo el momento en que salió su popularísimo disco Blood Sugar Sex Magik, y me hice con él. Me acuerdo porque entonces tendría unos 13-14 años, compraba mis primeros CD, veía con pasión religiosa la MTV a todas horas y comenzaba a salir. RHCP fueron la banda sonora de toda una generación, estaban por todas partes, Give it Away era indispensable en cualquier bar rockero o alternativo que se preciara, sin un descontrolado pogo de los RHCP, la noche no había tenido sentido. Os pongo en antecedentes para que veáis que además de por la música, este concierto tenía para mí un gran valor sentimental. Para abrir boca pudimos ver a los teloneros, los británicos Foals, que sin ser una revelación tienen ese sonido divertido y resultón del rock indie actual. Sonaron potentes y convincentes, así que investigaré un poco más sus canciones, a la espera de que vengan de nuevo en solitario.



Y a lo que vamos, los Red Hot, 18.000 personas dispuestas a disfrutar, entrega de público total. Salieron, vieron y vencieron, tanto con los temas clásicos que hacían que el Palacio de Deportes estuviera a punto de venirse abajo: Californication, Under the Bridge, By the way, Give it Away o una que no esperaba y me hizo mucha ilusión escuchar, la preciosa Breaking the girl; como con los del nuevo álbum I'm with you que está recibiendo unas injustas críticas. Personalmente creo que es muy buen disco, y que no tienen razón quienes critican que con este álbum se han rendido a lo comercial. Red Hot Chili Peppers siempre han sido un grupo a medio camino entre lo innovador y lo comercial. De hecho, recuerdo cuando salió el célebre Blood Sugar Sex Magik, tan celebrado y añorado ahora por los fans, y cómo en su momento leí una crítica en la que se decía que mezclaban "música para amas de casa", muy comercial, con canciones más cañeras. Lo mismo pasó con el imprescindible Californication o con By the way, discos que tienen canciones para todos los gustos y edades. Es su seña de identidad, y en I'm with you hay grandes canciones, os lo aseguro.



Fui al concierto con algo de miedo por lo que podía encontrar, ya que había estado leyendo críticas de su actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona, en las que por ejemplo se criticaba muchísimo al nuevo guitarrista Josh Klinghoffer, sustituto de John Frusciante quien ha abandonado al grupo. Bien, sin ser un gran guitarrista, y reconociendo que en algunos momentos simplemente no llegaba con su guitarra, hay que recordar que RHCP no son un grupo que se caracterice por su guitarra, nunca lo ha sido, ni de grandes solos ni de punteos espectaculares. Más me hubiese dolido perderme al increíble Flea, tan loco como siempre, pero tan genial como siempre también. Una demostración de que el tan denostado bajo en el rock puede dar mucho de sí, y no ser la mera base rítmica de un grupo: solos de bajo, punteos espectaculares y mucha, muchísima caña. Sobresalientes también el potente batería Chad Smith y la increíble voz de Anthony Kiedis. Y en general, asombroso cómo se conservan estos cincuentones que saltan, bailan, o incluso caminan con las manos (Flea) como si fueran adolescentes. Para mí fue una noche espectacular, hora y media de concierto bien pagado, un grupo ya clásico e imprescindible con el que he disfrutado tanto como cuando compraba mis primeros discos.

** EDITO: Se me había olvidado algo muy importante. Sé que con la velocidad con la que volaron las entradas mucha gente se ha quedado con las ganas de poder verles en directo, algo que tiene solución. Red Hot Chili Peppers han confirmado que volverán el 7 de julio a Madrid, será en el marco del festival Rock in Rio, del que se han comenzado ya a vender las entradas, tenéis toda la información aquí.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Museo ABC: otra Blancanieves, personajes animados de Japón e ilustraciones de moda del París de los años 30


Hoy os traigo tres exposiciones que pueden verse ahora mismo en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración, dos de ellas muy originales y que me han gustado mucho, y una tercera que menos, pero que creo que a algunos os puede interesar. La primera de ellas es la preciosa La caja secreta de Snowhite basada en el libro homónimo de Ana Juan, en el que la autora hace una libre interpretación del cuento de Blancanieves de los hermanos Grimm.


La muestra supone una recreación del mundo oscuro de Snowhite (que, por cierto, me ha recordado mucho a Tim Burton): una caja de madera de edición limitada con objetos personales de la protagonista; un cuaderno de bocetos; figuras interactivas colgadas del techo que podemos mover con hilos; figuras tridimensionales; cajas mágicas; o una casita creada con el más mínimo detalle.


Con la excusa del hallazgo de una caja escondida hace tiempo en el jardín de la mansión, Ana Juan nos cuenta la historia de Snowhite, hija de Lord Hawthorn y de su primera esposa, quien desapareció siendo una niña en extrañas circunstancias. 

 

La ilustradora valenciana Ana Juan inició su carrera ilustrando revistas que caracterizaron la época de la transición, como Madriz, La Luna o El Víbora. Posteriormente colaboraría con El País, El Mundo, Elle, Woman, Time Magazine o Boston Globe. Además, ha publicado numerosos libros ilustrados como Snowhite, Demeter y Wackfield. Actualmente es colaboradora de The New Yorker, y ha sido galardonada con innumerables premios en el mundo de la ilustración y el diseño gráfico, como el Premio Nacional de Ilustración en 2010 o la medalla de oro de la Society of Newspaper Design. La muestra puede verse hasta el 15 de enero.

Foto: Museo ABC

Me imagino que muchos de vosotros habréis crecido, como yo, con los personajes animados japoneses. Si es así os encantará Japón, paraíso de los personajes animados, que nos retrotrae a nuestra infancia o no tanto (yo tengo ahora mismo algunas cosas de Hello Kitty, uno de mis personajes animados favoritos). En colaboración con la Fundación Japón y Casa Asia, se ha organizado esta exposición que muestra que, si esas figuras han sido importantes para nosotros, han sido decisivas en Japón, donde son auténticos iconos que pueden encontrarse por doquier, desde la decoración al completo de una casa, hasta hombres de negocios que consiguen evadirse de su día a día con esas figuritas y personajes que les recuerdan tiempos más felices de su infancia, pasando por adolescentes que llevan un auténtico arsenal de objetos con la imagen de su personaje favorito. Desde los años 50 a la actualidad se hace un repaso a algunos de los personajes más populares: Astroboy, Ultraman, Hello Kitty, Monchhichi, Mazinger z, Doraemon, Tamagotchi o Pokemon. Podéis verla hasta el 8 de enero.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

'El baile' de Irène Némirovsky

 
Título: El baile (Le Bal)
Autor:  Irène Némirovsky
Editorial: Salamandra (2006)
Año de publicación: 1930
Páginas: 96
Precio: 10,50 euros

Me encantan los libros breves, pero intensos, que pueden leerse de una sentada en una tarde ociosa como hice con El baile de Irène Némirovsky. Me gustan este tipo de libros que no consiguen despegarse de las manos, una vez comenzado ya no se puede, ni se quiere dejar de leer. Me apasionan este tipo de obras que quedan en la memoria, que a pesar de haberlas terminado hace unos días, seguimos rumiándolas. Este tipo de libros me recuerdan por qué me gusta tanto leer, por qué un libro, una mantita y una taza de té siguen siendo el mejor de los planes. Irène escribió esta breve obra con 27 años, en una especie de desahogo por su propia infancia solitaria, con un padre banquero siempre en el trabajo y una madre desinteresada por su hija, siendo educada por una niñera francesa. El baile es un retrato de personajes certero y agudísimo, nos recuerda la crueldad tan inmensa que albergan niños y adolescentes, y cómo el relevo generacional siempre ha de llegar a través de un acto violento, ya sea meramente con las palabras o, como en este caso, a través de una acción espontánea pero decidida.

 Irène junto a sus dos hijas

La novela nos sitúa en París, en una lujosa vivienda habitada por los Kampf, una familia de nuevos ricos que ha conseguido muchísimo dinero gracias a la bolsa. Sin embargo, no pueden ocultar su origen humilde: su forma de hablar, su ansiedad por entrar en los círculos de la alta sociedad, su ostentación, la misma decoración de la casa, los delatan como los nuevos ricos que son. Para poder entrar a formar parte de la élite de la sociedad parisina, deciden dar un baile para 200 personas en el que no escatimaran en oros, lentejuelas, ostras, foie gras y todo lo que ellos consideran que es de postín. Sin embargo, en la sombra se encuentra su hija Antoinette. Ignorada por sus padres, la jovencita de 14 años quiere asistir a ese baile, bailar, flirtear con hombres, pasar en definitiva de niña a mujer. Su madre se lo prohibe tajantemente: "Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera..." La reacción espontánea y fruto de un arrebato de cólera de Antoinette será la venganza, una venganza que va más allá de lo que podría haber imaginado, una venganza que hace que el muro y la máscara que existía entre su madre, dominante y egoísta, y ella caiga, y la vea como es realmente, una mujer que comienza a tener sus primeras canas y arrugas, sus inseguridades, y que llora como una niña con una rabieta cuando no tiene lo que quiere. Antoinette tiene un secreto deseo por enfrentarse a su madre y vencerla, por pasar a la edad adulta y dar el cambio generacional. ¿Quién  no recuerda haberse sentido como ella alguna vez cuando no nos dejaban hacer lo que queríamos?

"Sucios egoístas; soy yo la que quiere vivir, yo, yo; yo soy joven... Me están robando, me roban mi parte de felicidad en la tierra... ¡Oh! ¡Entrar en ese baile milagrosamente, y ser la más bella, la más deslumbrante, con los hombres a mis pies!"

Eso no quita que nuestros sentimientos hacia el personaje sean contradictorios, por un lado podemos entender a la niña que quiere crecer, por otro, no deja de asombrarnos y horrorizarnos su crueldad e insensibilidad hacia su madre.

Irène y Michel con sus dos hijas, Denis e Élisabeth

Irène Némirovsky es una excelente escritora con una prosa certera y adictiva a la vez. Por desgracia, su vida no fue todo lo feliz y tranquila que debiera haber sido. Tras huir con su familia de Rusia en 1918, escapando de la revolución rusa, se instalaron en Francia, donde Irène se casaría con Michel Epstein con quien tendría dos hijas, Denise y Élisabeth. A pesar de ser una escritora reconocida y con prestigio en los círculos literarios y de la sociedad francesa, el gobierno francés rechazó su petición de nacionalización por su condición de judía. A pesar de que toda su familia se convirtió al catolicismo, fueron víctima de las leyes antisemitas del gobierno de Vichy, con lo que Michel tuvo que dejar su trabajo y a Irène le prohibieron volver a publicar, además, como todos los demás judíos tuvieron que llevar la estrella amarilla identificativa. En 1942 Irène fue arrestada e internada en el campo de Phitiviers de donde sería deportada a Auschwitz donde murió de tifus apenas un mes después de su arresto A pesar de que su marido lo intentó todo para lograr su liberación, fue inútil, y él mismo fue arrestado y deportado a Auschwitz donde fue asesinado en la cámara de gas tres meses después de la muerte de su mujer. Sus hijas, sin embargo, lograron sobrevivir escondidas por amigos de la familia. Ellas guardaron durante todo ese tiempo los manuscritos inéditos de su madre, entre ellos Suite Francesa, inacabada al haber sido deportada antes de poder terminarla. Esta se publicó en 2004 recibiendo el Premio Renaudot a título póstumo. Una historia terriblemente triste que nos da la medida de la cantidad de vidas valiosas que se perdieron en esa época por la locura y la barbarie humana. Os invito a que conozcáis la obra de Irène Nemirovsky, una autora a día de hoy fundamental, que he tardado demasiado en conocer, pero de la que pienso leer pronto todo lo que caiga en mis manos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

De viaje a Dublín: una ciudad llena de literatura, música, cultura y mucho más...

Molly Mallone

No tenía pensado tomarme un descanso tan largo, pero en el último momento surgió la oportunidad de hacer un viaje cortito, y no nos lo pensamos dos veces. Luego, he decidido aprovechar esta semana de puente para hacer un descanso algo más largo del blog, ya que llevaba tiempo sin oxigenarme de él y creo que a veces es bueno hacerlo. Llevaba años soñando con conocer Dublín y por fin he podido pasar unos días en la capital irlandesa y volver aún más enamorada de lo que me fui de su cultura.  Hemos pasado muchísimo frío, eso sí, y la lluvia no ha dado descanso, eso, sumado a que anochecía apenas llegadas las 16.30-17.00, y que cerraban más o menos a esas horas todos los museos, han hecho que nos quedaran muchas cosas en el tintero. De todos modos, creo que ha sido un viaje bastante aprovechado. Como podréis imaginar os muestro tan solo una minimísima muestra de las fotografías que he tomado estos días, pero en líneas generales creo que representan muy bien lo que ha sido el viaje.

Oscar Wilde

Si había algo prioritario en mi visita era todo lo relacionado con los magníficos escritores irlandeses, muchas veces e injustamente confundidos entre la maraña de escritores anglosajones. Es increíble como una pequeña isla ha podido contener tanto genio. Además de los que ya conocía, me traigo muchísimos nombres nuevos que voy a buscar para devorar sus obras y que podréis ver pronto por aquí. El que no podía faltar era mi admiradísimo Oscar Wilde (no os perdáis El retrato de Dorian Gray o La importancia de llamarse Ernesto) del que fuimos a ver su estatua en Merrion Square y su casa natal enfrente que ahora alberga la Irish American University.

James Joyce

Otro imprescindible es James Joyce, después del esfuerzo que os podéis imaginar que supuso leerme el Ulises, ha sido un placer poder pasear por las calles que retrata y ver cómo la impronta del autor está presente en toda la ciudad. No podía faltar su estatua en las inmediaciones de O'Connell Street y la visita al James Joyce Centre, una preciosa casa del siglo XVIII donde podemos ver la puerta original rescatada de la demolición del edificio número 7 de Eccles Street, donde sitúa el autor la residencia de Leopold Bloom, el protagonista de Ulises.

Puerta número 7 de Eccles Street

Si no os animáis con el Ulises (recomiendo que se lea siempre una edición crítica, si no es imposible, la mía es la de Cátedra Letras Universales, muy bien explicada y con resúmenes de cada capítulo), algo comprensible por lo complicada que es esta obra, os animo a que leáis otras dos de sus obras, estás totalmente asequibles y magníficas ambas: Dublineses y Retrato del artista adolescente.

Dublin Writers Museum


La gran parada literaria, y uno de los lugares donde más he disfrutado, ha sido el Dublin Writers Museum, donde se hace un repaso a la vida y obra de la gran cantidad de excelentes escritores que ha dado Irlanda: los ya nombrados James Joyce u Oscar Wilde, Jonathan Swift, William Butler Yeats, Bernard Shaw, Samuel Beckett (imprescindible su Esperando a Godott, magnífica obra tanto leída como puesta en escena), Thomas Moore, Maria Edgeworth... Un larguísimo etcétera que se detiene también en la enorme cantidad de escritores infantiles que ha dado este país, uno de los más conocidos C.S. Lewis autor de las Crónicas de Narnia, pero también los cuentos de Oscar Wilde o las innumerables historias de hadas o de leprechaun, esos duendecillos que guardan un caldero lleno de oro al final del arco iris.

Libro de Samuel Lover

En el Museo podemos admirar desde primeras ediciones, hasta manuscritos escritos por los autores, objetos personales... Podéis imaginar lo muchísimo que disfruté aquí y lo muchísimo que me demoré en cada sala. La propia casa que alberga el Museo merece una visita por sí sola, se trata de un precioso edificio del que podemos visitar sus habitaciones cuidadosamente decoradas.

En la zona de Temple Bar: "Feed your head, read" (Alimenta tu mente, lee)

Pero si hay algo que me ha entusiasmado realmente es el hincapié que hacen los irlandeses en sus escritores, por doquier hay referencias a estos, desde las mismas salas de espera del aeropuerto donde podemos leer fragmentos de diversas obras en enormes paneles, hasta cualquier rincón de la ciudad como este que os muestro cercano a la famosa zona de pubs de Temple Bar, incluso en las escaleras de los baños de un pub me encontré con un enorme graffiti con los retratos de varios escritores irlandeses. Otras visitas que hicimos fue la preciosa Chester Beatty Library, una librería que contiene en su interior una importante galería de arte oriental obra del coleccionista Alfred Chester Beatty; y la Marsh's Library, una biblioteca que se conserva tal y como se construyó en el siglo XVIII.

Saint Patrick

No podía faltar nuestra visita a la magnífica catedral de Saint Patrick, fundada en 1192. En ella se encuentra la tumba del escritor Jonathan Swift junto a la de su amada Stella, así como las tumbas de otros personajes importantes de la vida de la ciudad. El interior es impresionante, con estandartes antiguos colgando en jirones del techo y zonas conmemorativas a los caídos en las distintas guerras en las que ha participado Irlanda, entre ellas las dos guerras mundiales.

Cementerio de la catedral de Saint Patrick

Otras iglesias que vimos fueron la Christ Church Cathedral, el edificio de piedra más antiguo de la ciudad, legado de los normandos, fundada por el rey escandinavo Sitric Silkenbeard en 1038.
 
Christ Church Cathedral

También vimos la Findlater's Church, una iglesia construida en 1860 en estilo nuevo gótico para la creciente congregación presbiteriana de la ciudad, y financiada por un comerciante de la ciudad, Alexander Findlater, de quien tomó su nombre el edificio. La iglesia es popular por haber aparecido en un par de novelas de James Joyce.

Findlater's Church

El Dublin Castle, que fue sede el dominio inglés durante más de 700 años, se utiliza actualmente para reuniones de Estado. Se alza sobre un asentamiento vikingo, cuyos restos pueden visitarse también. Se encuentra en la esquina sudeste de la antigua ciudad normanda amurallada conocida como laguna negra o dubh linn, de donde derivó el actual Dublín. Lo interesante del castillo es la visita guiada que se hace en la que además de explicarnos el origen y posterior historia del edificio, conocemos interesantes datos de la historia irlandesa, tanto durante la ocupación inglesa, como con su posterior independencia. Hay visitas guiadas en varios idiomas, aunque si se puede, lo mejor es hacerla en inglés. Nosotros la hicimos así y pudimos entrar los primeros sin tener que esperar. El inglés que hablan los irlandeses es muy claro y con un nivel medio-alto se entiende todo a la perfección, aunque estas visitas estén pensadas para angloparlantes.

Dublin Castle

No podía faltar una visita un poco más ligera a la Guiness Storehouse, la fábrica de la popular cerveza Guiness. Además de explicarnos el procedimiento de fabricación de la cerveza, que su característico color negro se debe a la utilización de cebada en su preparación, o la importancia social y económica que ha tenido, al final de la visita se puede tomar una pinta de Guiness en la parte alta del edificio, en el Gravity Bar, donde hay unas vistas espectaculares de Dublín, gracias a que se trata de una sala circular situada a gran altura con las paredes totalmente cubiertas por cristal.

En el exterior de la Guiness Storehouse

Una de las mejores visitas fue la del Trinity College, la famosa Universidad de Dublín por la que pasaron la inmensa mayoría de sus célebres escritores y personajes ilustres. El campus es precioso, un pequeño oasis dentro de la ciudad, pero lo más impresionante es su preciosa biblioteca de forma abovedada, donde tienen una gran cantidad de libros de valor incalculable desde el suelo hasta el techo. No se podían hacer fotografías en el interior, por lo que si queréis verla, os enlazo a esta imagen. Allí también podemos ver el libro de Kells un antiquísimo evangelio, así como una importante colección de manuscritos medievales.

Trinity College

A Irlanda se la conoce como la isla esmeralda por lo verde que es, aún así sobrecoge verlo por uno mismo, el verde es el más verde que hayáis podido ver jamás, en las imágenes por desgracia no se aprecia, es tal el color que parece incluso artificial, un color realmente precioso y que encontraréis por doquier, porque otra cosa que les gusta y respetan los irlandeses es la naturaleza

St. Stephen's Green
Todo está limpísimo, los animales van tan tranquilos por los parques y siempre hemos visto a alguien dándole migas de pan a los pájaros. Estuvimos en el precioso St. Stephen's Green, que antiguamente era un territorio comunitario donde tenían lugar los ahorcamientos y que ahora es un precioso y verdísimo parque con patos y cisnes además de, como no, estatuas de ilustres escritores y personajes irlandeses. Es un placer poder pasear por él aunque, en nuestro caso, llovía bastante, pero si queremos verde y unos parques tan maravillosos, la lluvia es un ingrediente imprescindible en la ecuación.
St. Stephen's Green
¿Y qué otra cosa además de la literatura podía encantarme de esta ciudad? Pues sí, la música. De nuevo, una pequeña isla ha tenido grandes genios en este terreno, conocidísimos son U2 (que no paran de sonar en todos los pubs), Van Morrison, Sinead O'Connor, The Corrs, o los grupos de música celta The Chieftains o The Dubliners. Me quedo con Thin Lizzy y su cantante Phil Lynott. No os imagináis la ilusión que nos hizo encontrarnos con una estatua de él que no sabíamos que existía, ¡nos hicimos hasta cuatro fotos en ella! Thin Lizzy quizá no sea tan conocido por todo el público en España, pero en Irlanda son toda una institución, se escuchan continuamente en los pubs, sus discos están bien visibles en las tiendas de música, y hay imágenes de Phil Lynott por todos lados.

Phil Lynott, cantante, bajista y compositor de Thin Lizzy

Nos encantó ver este muro en una de las calles de Temple Bar, donde se refleja la gran riqueza musical de Irlanda. Y ahora que me doy cuenta, aún no os he hablado de Temple Bar. En Dublín estos días apenas llegadas las 16.30 de la tarde anochecía, con un frío espantoso y venga a llover, con todos los museos cerrados a partir de las 17 horas, ¿cuál era la mejor opción? Pues hacer lo que hacen los autóctonos, que siempre es la mejor idea: irnos de pubs a Temple Bar. Esta es una céntrica zona que toma su nombre de un aristócrata angloirlandés, William Temple, quien fue propietario de los terrenos en el siglo XVII.

Temple Bar
Esta zona peatonal está abarrotada de pubs con una estética cuidadísima y con actuaciones en directo todas las noches en todos ellos, un auténtico lujo, con lo que me gusta la música podéis imaginar lo que  ha supuesto para mí poder ir hasta a cinco o seis conciertos diferentes en una misma noche tan solo cambiando de pub. Y es que estos son gratuitos y a diferencia de lo que sucede muchas veces en España la gente está entregadísima, bailan y cantan las canciones (suelen ser un par de guitarristas o guitarra y bajo en acústico que tocan versiones de canciones conocidísimas). Que presumimos mucho en España de que tenemos la mejor juerga nocturna, pero a mí la de Dublín me ha parecido espectacular: música en directo todas las noches en todos los pubs (incluso el lunes), mucha animación, buena cerveza y gente animadísima.

Temple Bar


Podría estar horas y horas hablándoos de todo lo que hay que ver en Dublín y de lo muchísimo que he disfrutado en la ciudad, pero voy a ir terminando. Son muchas las cosas que visitar, y muchas se nos han quedado en el tintero, por lo que volveremos al país seguro. Uno de los paseos imprescindibles es O'Connell Street donde se encuentra la General Post Office donde se proclamó la República Irlandesa en 1916 y donde aún pueden verse los agujeros de bala en las columnas del pórtico. En esta calle también está el Monument of Light al que se conoce como The Spire (la aguja) con una impresionante altura de 120 metros. La ciudad se extiende a uno y otro lado del río Liffey, desde sus puentes hay unas preciosas vistas de la ciudad.
Río Liffey

La mezcla de pasado vikingo, celta y normando le da a Dublín un carácter muy personal. Algo con lo que me quedo es con lo impresionántemente amables, simpáticos y acogedores que son los irlandeses, nada que ver con los ingleses. En el Bed & Breakfast en el que nos alojamos todo fueron facilidades, en la calle, todo el mundo se paraba a ayudarnos con alguna dirección o duda, las visitas guiadas eran un gusto por lo simpatiquísimos que eran los guías. En especial el guía de la casa Number Twenty Nine, una visita obligada, fue encantador, contándonos constantemente anécdotas y chistes que hicieron la visita aún más divertida. Esta es una casa del siglo XVIII de estilo georgiano que se ha conservado íntegramente como era en la época para que podamos ver cómo era la vida de una familia de clase media-alta. Campanillas con distintos sonidos para que los criados acudieran a cada una de las salas de la casa, el cuarto del ama de llaves, los salones para recibir, los dormitorios de la familia o el cuarto de los niños son una delicia. Aunque se trate de épocas diferentes y de clases sociales diferentes, me ha recordado muchísimo a la serie británica Downton Abbey. También es buena idea darse una vuelta por la National Gallery donde hay una sala en exclusiva para los pintores irlandeses, muy poco o nada conocidos en España, y el resto de las salas con pintura de diversos países y donde es interesante ver obras de pintores británicos difíciles de ver en nuestro país.




La desventaja de ir a Dublín en diciembre ha sido el frío, la innegable ventaja ha sido ver la ciudad preciosamente decorada (allí no escatiman en decoración, las luces incluso las encienden mucho antes de que anochezca). El espíritu navideño está por todas partes, una época que sé que muchos odian, pero que a mí con los años cada vez me gusta más. Los escaparates y calles están decorados de una manera que no había visto jamás aquí. En una tienda de ropa, por ejemplo, representaban con maniquíes distintos ballets como El cascanueces o El lago de los cisnes. Otros eran más graciosos, como el del pavo que os dejo abajo que se movía en un baile muy loco e iba perdiendo las plumas.



En cuanto a la comida, la cosa ha ido mucho mejor de lo que esperaba, el Irish Stew (cordero asado en un lecho de puré de patata) estaba delicioso, también era excepcional la ternera irlandesa, y por supuesto, las patatas fritas son de categoría, caseras y deliciosas. Lo mejor es parar a comer o cenar en un pub, la comida está buenísima y son mucho más económicos que un restaurante. Y aunque hemos tirado mucho de sandwich para poder visitar mucho, éstos están bastante buenos y hay puestos donde comprarlos muy baratos. El , obviamente, delicioso, pero el café, a diferencia de en Inglaterra está también muy bueno, la leche y lácteos en general son también muy buenos. Hay que probar el extraordinario café irlandés, soy muy fan de este tipo de café, incluso lo he preparado en más de una ocasión en casa, y hay que reconocer que el que hacen ellos es excelente, por no hablar de que hacer una parada para tomar uno con el frío que hace allí, consigue que recuperes las fuerzas de manera inmediata. 

 

Para los golosos, malas o buenas noticias, según como se vea, porque hay dulces y pastelería por doquier, y lo presentan de una manera increíble como podéis ver en la foto de abajo, yo no caí, así que no os puedo decir qué tal está, pero todo tenía una pinta estupenda. Y por supuesto, hay que probar la Guiness que está increíblemente más buena que en España (es menos amarga), la Harp, la rubia irlandesa me ha gustado menos, era demasiado floja, como aguada. Tenéis de todos modos un montón de marcas en los pubs, y ante la duda se pueden beber pintas de la siempre socorrida Heineken.



Pero bueno, paro ya que me estaría todo el día, tan solo quiero recomendaros que si podéis visitéis esta magnífica ciudad, donde hay de todo: cultura y muchísima marcha nocturna. Me despido con la canción que ha sido la sintonía del viaje tanto en su versión tradicional como la que nos gusta a nosotros de Thin Lizzy, Whiskey in the jarr, y os deseo una feliz navidad en gaélico irlandés:

Nollaig shona duit


viernes, 2 de diciembre de 2011

'Madre Noche' de Rachel Pollack

Photobucket

Título: Madre Noche (Godmother Night)
Autor: Rachel Pollack
Editorial: Grupo Ajec (octubre 2011)
Año de publicación: 1996
Páginas:384
Precio: 18,95 euros

"Érase una vez dos mujeres que vivían sobre el lomo de una tortuga. Su casa se encontraba en el linde de una ciudad situada en la desembocadura de un río, allá donde el agua salada se adentraba en la tierra desde el mar."

Es una pena que con un comienzo tan bonito, con un arranque que engancha desde la primera palabra y que parece que va a sumergirnos en una fantástica historia, la novela se desbarate a las pocas páginas. Este es uno de esos libros que hubiera dejado en el primer capítulo, pero ya que es más o menos breve y que hemos hecho lectura conjunta de él, me he armado de paciencia y he seguido leyendo. A veces entre risas, otras incrédula, os puedo decir ya que Madre Noche es una lectura que no me ha gustado. Nada más terminarla os hubiera dicho que no me había gustado nada, ahora, pasados unos días, aunque sigo pensando que es bastante mala, creo que voy a ser menos dura con ella. Madre Noche nos cuenta la historia de Jaqe y Laurie dos chicas que un día se conocen por medio de una misteriosa mujer que se hace llamar Madre Noche, se enamoran y llevan adelante su historia de amor a pesar de que muchos las juzgan por ser lesbianas, entre ellos, los propios padres de Jaqe. Tendrán una hija, Kate, que pronto se adentrará en el mundo sobrenatural.


Bien, en principio la historia se supone que gira en torno al misterio de quién es esa mujer llamada Madre Noche, cuál es su poder y por qué está continuamente presente en las vidas de las tres mujeres. Lo malo es que el misterio es inexistente, a las pocas hojas se intuye ya quién es ella y realmente no hay misterio alguno, ni siquiera una trama definida, parece como si la autora se hubiese puesto un buen día a escribir sin tener muy claro qué quería contar. En una novela que ha sido la ganadora del Premio Mundial de Fantasía es sorprendente que el elemento fantástico sea casi inexistente, especialmente en la primera parte del mismo, donde los sueños son de los pocos elementos fuera de lo normal. La cosa se arregla con Kate niña, para mi gusto la mejor parte de la novela, en la que puede ver y hablar con los muertos y se producen algunas situaciones interesantes. Por último, la gran decepción es el destino de Kate, ya que está copiado de principio a fin del relato El ahijado de la muerte o La muerte madrina de los hermanos Grimm que podéis leer en este enlace, lo sé de buena tinta porque da la casualidad de que de pequeña me regalaron dos volúmenes de cuentos populares y en uno de ellos sale esta historia. Vamos, que elemento fantástico poco, y encima lo poco que hay y lo que podría resultar interesante del libro no es nada nuevo. 


Pasamos al tema lésbico y feminista. En un primer momento se me hizo un poco raro, es el primer libro que leo de este tipo, aunque pronto se olvida que son dos chicas y vives la historia de amor como cualquier otra. Eso sí, a la autora le encanta regodearse en las escenas sexuales que a veces resultan un tanto cómicas y excesivas, pero es que además, todas, y digo todas las mujeres de la historia son lesbianas. ¿Pero cómo es eso posible? Me parece un absurdo. Es ahí donde toda esa parte de reivindicación de la homosexualidad y de la identidad personal se viene abajo. Algo que podía haber sido un punto muy positivo de la novela, la igualdad de todos independientemente de sus opciones sexuales y el respeto a los demás, se viene abajo desde el momento en que la autora, por boca de sus protagonistas, desprecia a todos los que no sean mujeres y más aún si no son lesbianas. Las propias protagonistas están llenas de prejuicios.

"Es por la clase en sí, Llena de todos esos heteros... recién casados. Y yuppies. No se cuáles son peores. Los recién casados son todo sonrisas y felicidad; y los yuppies, todo seriedad. Y todo lo hacen bien. Como si fueran los movimientos de su carrera profesional. Y todos son heteros. Y están casados. Ni siquiera los hay que simplemente vivan juntos ¿Te lo puedes creer?"

 Rachel Pollack

La parte feminista es la que menos me ha gustado, y eso que yo siempre me he preciado de serlo, pero veo que no, que lo que yo consideraba ser feminista: luchar por la igualdad entre hombres y mujeres, pues somos iguales, y no creo en los tópicos sobre las diferencias entre hombres y mujeres, cada persona es individual y no se la puede agrupar solo por su sexo; veo que no es ese el concepto que tiene esta mujer. Para ella todo en el mundo son úteros y los hombres son poco menos que un mal dolor de cabeza que habría que cortar de raíz, una de ellas cursa Estudios de la Mujer, una asignatura en la que se habla de que las mujeres son el centro y el germen de todo. Por ejemplo, están estudiando una pintura rupestre en una cueva de la que la profesora dice que es "un útero gigante, un generador de energía femenina". Los hombres de esta novela cuando no son instrumentos de las mujeres o claramente idiotas, son unos depravados sexuales, todos los males de este mundo los causan los hombres. Como he comentado en alguna otra ocasión, yo no sé esta mujer, pero yo quiero a mi padre, a mi novio y a mis amigos de género masculino, creo que son grandes personas, inteligentes y con grandes sentimientos. También he conocido a mujeres que eran auténticas brujas, con una maldad dentro de sí  increíble, vamos, que no creo en ese tópico de que las mujeres son toda bondad, dulzura y desprendimiento.

"Eso se llama ser humano. Las mujeres son humanas, Los hombres pueden pensar continuamente en ellos mismos, pero las mujeres no. Tenemos que poner por delante a todos los demás."

En conclusión, poca fantasía, mucha reivindicación de la mujer y odio al hombre, y bastantes escenas lésbicas para caldear el ambiente. Una novela más que prescindible, que no cumple ni con el objetivo básico que ha de tener toda historia fantástica, que es entretener. Monótona, tediosa y sin ningún elemento que nos empuje a pasar una página más. Queda claro ¿no? No la recomiendo.  Si queréis saber que opinan mis compañeros de la lectura conjunta organizada por LadyBoheme, os dejo a continuación los enlaces a sus blogs que iré actualizando a medida que vayan publicándose.

Torre de Babel
Cargada de Libros
El bosque del duende rojo
En un rincón de la estantería
Escaleras de papel
La Caverna Literaria
Leo, luego existo