Mostrando entradas con la etiqueta Irlanda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Irlanda. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de febrero de 2012

'Antología Bilingüe' de W.B. Yeats

Photobucket

Título: Antología Bilingüe
Autor: W.B. Yeats
Editorial: Alianza Editorial (1990)

Ya antes de viajar en diciembre a Dublín tenía ganas de conocer a Yeats, allí, las ganas se incrementaron al verlo por todas partes: librerías llenas de sus libros, en el Writers Museum, en murales, en las calles... No en vano, se trata del poeta más importante del país, tanto por sus preciosos poemas, como por haber sido un importante activista en la causa por la independencia del país, llegando a ser incluso senador. Además, fue el primer irlandés en ser galardonado con el Nobel de Literatura en 1923, y por si eso fuera poco, fue cofundador del Abbey Theatre, el Teatro Nacional de Irlanda, que se encuentra en Dublín. Esta antología la leí durante las navidades (es por eso que la foto ha quedado un tanto desfasada, aunque con el frío que hace, me siento más en Navidad ahora que entonces), después volví a encontrármelo en El sueño del celta de Mario Vargas Llosa, donde se habla de él, ya que formaba parte del círculo de amigos del protagonista, Roger Casement. Después de tantos encuentros tenía que conocerlo ¿no creéis?

Los cisnes salvajes de Coole

Los árboles están en su esplendor de otoño,
las sendas en el bosque ya están secas,
bajo el crepúsculo de octubre el agua
refleja un cielo inmóvil;
sobre la plenitud del agua, entre las piedras,
cincuenta y nueve cisnes.

El decimonoveno otoño ha descendido sobre mí
desde que por primera vez contara
y viera, antes de conocer su número,
de pronto a todos ascender
y desplegarse en grandes semicírculos
sobre sus clamorosas alas.
He reparado en estos seres prodigiosos
con dolorido corazón.

Todo ha cambiado desde que oyera en el crepúsculo,
por vez primera en esta playa,
el golpe de sus alas sobre mi cabeza
y yo pasara con más leve paso.
Con fuerza aún, amante cabe amante,
hoy nadan en los fríos
arroyos amigables o ascienden por el aire;
sus corazones no han envejecido;
pasiones o conquistas, allí donde se encuentren,
aún hoy les conciernen.

Pero ahora vagan sobre el agua inmóvil,
misteriosos y bellos;
¿en qué cañaveral harán su nido?,
¿al borde de qué lago o charca
deleitarán los ojos de los hombres cuando yo despierte un día
y vea que han volado lejos?

William Butler Yeats

William Butler Yeats nació en 1865 en Dublín y falleció en Francia en 1939. Aunque yo voy a hablaros de su faceta poética, también tiene una importante producción teatral. La antología, aunque algo breve, es una perfecta manera de acercarse por primera vez a su obra, ya que recoge algunos poemas de sus libros más destacados, recorriendo así su extensa carrera literaria desde sus primeras publicaciones hasta las últimas, en un periodo de tiempo que comprende más o menos desde 1886 hasta 1938.

La isla del lago de Innisfree

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree iré,
y una choza haré allí, de arcilla y espinos:
nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.

Y tendré algo de paz allí, porque la paz viene goteando con calma,
goteando desde los velos de la mañana hasta allí donde canta el grillo;
allí la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
y el atardecer pleno de alas de pardillo.

Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día,
oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla;
mientras permanezco quieto en la carretera o en el asfalto gris
la oigo en lo más profundo del corazón.
Isla del lago de Innisfree © Copyright Kenneth Allen 

Yeats comenzó introduciendo el simbolismo en la poesía irlandesa, fuertemente influenciada en aquel entonces por la tradición anglosajona de su vecina Inglaterra. Una de sus señas de identidad es el marcado carácter irlandés que impregna todas sus composiciones, desde la introducción del mundo de leyendas y cuentos tradicionales irlandeses, llenos de gnomos, duendes, druidas y hadas, hasta la exaltación de la naturaleza y el paisaje de la isla esmeralda. Poco a poco, sus poesías se irían haciendo más y más combativas y políticas, ensalzando en muchas de ellas a héroes caídos por la independencia del país. Sea cual sea el tema que trate, la mano de Yeats se ve inmediatamente en todos sus poemas, con un estilo muy personal, incluso los poemas amorosos van más allá de un típico poema de amor, baste leer el a la vez hermoso y terrorífico poema Si sólo yacieras muerta y fría.

Si sólo yacieras muerta y fría

Si sólo yacieras muerta y fría
Y las luces del oeste se apagaran,
Aquí tu cabeza descansarías,
Y yo mi frente sobre tu pecho,
Tiernas palabras susurrarías,
Perdonándome, pues ya estás muerta:

No te alzarías ni partirías presurosa,
Aunque tengas alma de pájaro errante,
Sabes que tu cabello flotante
Está preso del sol, la luna y las estrellas;
Quisiera, amada, que en la tierra yacieras
Bajo las hojas delicadas,
Mientras los astros, uno a uno, se apagan.


Este ha sido sólo un aperitivo, un manera de conocerle un poco por encima para poder ir leyendo más adelante uno a uno sus poemarios llenos de una gran belleza y de interesantes reflexiones. Aunque sé que la poesía tiene muchísimos menos adeptos que la novela este es, sin duda, un poeta que os recomiendo os animéis a conocer.

Los sueños rotos

Hay canas en tu pelo.
Los jóvenes ya no se quedan de repente sin respiración
cuando tú pasas.
Pero quizás un viejecillo murmurando te bendiga
porque fueron tus oraciones
lo que le había salvado en su lecho de muerte.
Sólo por ti —que toda la aflicción del corazón has conocido,
y has dado a otros toda la aflicción del corazón,
desde que en magra mocedad te revistieras
de onerosa belleza— sólo por ti
el cielo ha desterrado la amenaza de su maldición,
tal es la parte de su paz que tú compones
sólo con adentrarte en cualquier cuarto.

Y tu belleza ha de dejar entre nosotros
vagos recuerdos; nada más que recuerdos.
Un hombre joven cuando los mayores callen
dirá a uno de ellos, “Háblame de aquella dama
a la que empecinado en su pasión cantó el poeta
cuando la edad podría haberle helado ya la sangre”.

Vagos recuerdos; nada más que recuerdos,
pero en la tumba todos, todos renacerán.
La certidumbre de que yo veré a esa dama
apoyada, o de pie, o caminando
en el primer encanto de su feminidad,
con el fervor más joven de mis ojos,
me ha puesto a murmurar como un demente.

Tú eres más hermosa que ninguna,
y aun así, tu cuerpo tuvo una imperfección:
que tus pequeñas manos no eran bellas,
y yo me temo que te escaparás
para adentrarte hasta que el agua llegue a tus muñecas
en ese misterioso lago, siempre en plenitud,
donde los que han obedecido a la sagrada ley
se adentran en su perfección. Deja inmudables
las manos que he besado,
por el recuerdo de los viejos tiempos.

Se apaga el último tañido: es medianoche.
Y todo el día en una misma silla
de sueño a sueño y verso a verso he ido
en mi divagación con una imagen de aire:
vagos recuerdos; nada más que recuerdos.

lunes, 23 de enero de 2012

'El sueño del celta' de Mario Vargas Llosa

Photobucket

Título: El sueño del celta
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara (2010)
Año de publicación: 2010
Páginas: 464
Precio:  22 euros

Desde que ha comenzado el año parece que voy de acierto en acierto lector, crucemos los dedos y esperemos que la racha siga igual. El sueño del celta de Mario Vargas Llosa ha sido uno de esos grandes aciertos, un libro magistralmente escrito, como suele suceder con los libros del Nobel peruano, entretenido y con el que a la vez se aprenden muchas cosas sin apenas esfuerzo. Mezclando la novela histórica, la biografía novelada, e incluso los libros de aventuras y viajes, Vargas Llosa devuelve a la actualidad la figura del irlandés Roger Casement, un personaje lleno de contradicciones, que ha pasado del desprestigio total a ser un héroe nacional en su país, pero ante todo, un personaje muy humano.
Roger Casement

Roger Casement nació en 1864 en Sandycove, cerca de Dublín, en el seno de una familia protestante y probritánica. Casement, como muchos irlandeses de la época, está ciego ante la invasión británica a su país, de hecho, trabajó como diplomático para el Gobierno británico y llegó a alcanzar grandes honores, como el de ser nombrado sir, por el país que terminaría por asesinarle. Su trabajo como cónsul le llevó a viajar por todo el mundo y conocer la realidad del colonialismo, en especial en las explotaciones de caucho del Congo y del Amazonas, donde los indígenas eran explotados y masacrados para que occidente tuviera el preciado caucho que luego se utilizaría por ejemplo en la fabricación de ruedas. En un principio Casement piensa, como muchos de su generación, que el colonialismo es necesario, un "favor" que los occidentales hacen a esos "salvajes" llevándoles educación, sanidad y una vida mejor. Poco a poco, a medida que va conociendo las barbaries que se cometen, se da cuenta de su error. El colonialismo solo beneficia a los colonizadores y aplasta a los colonizados. Es en ese momento cuando comienza a tener conciencia de que su propio país, Irlanda, es una colonia de la Inglaterra invasora. Y es en ese momento, cuando decide luchar por la independencia de su país, por la recuperación de su idioma, el gaélico, sus costumbres y tradiciones, prohibidas por el invasor. Esa  lucha por la libertad de Irlanda le llevará ante los tribunales británicos y finalmente a la horca, donde moriría a los 52 años de edad. No contentos con ello, los británicos orquestaron una política de desprestigio contra él, utilizando su condición de homosexual para desprestigiarle en una época en la que dicha tendencia sexual era algo condenable, especialmente en un país radicalmente católico como Irlanda.

Tumba de Roger Casement en Glasnevin
La historia de Casement es absolutamente fascinante, de hecho, al terminar el libro nos queda la sensación de que el autor podría haber escrito dos o tres libros más sobre el irlandés, dada la intensa vida que vivió este, y que, además, estaríamos encantados de leerlos. La novela se divide en tres partes, una dedicada al Congo, otra a la Amazonía y una tercera a Irlanda, todo ello con continuos saltos temporales al presente del protagonista, encerrado en la prisión de Pentonville, en Londres, días antes de su ejecución. A su alrededor, podremos conocer a personajes históricos como Leopoldo II, rey belga al que regalaron por su cumpleaños el Congo, y que trata el lugar y a sus gentes como si fueran de su propiedad, con terribles torturas; el famoso explorador Stanley, quien no siente ninguna piedad por los africanos; o el escritor Joseph Conrad, con quien Casement compartiría la experiencia del Congo y que el primero plasmaría en su genial novela El corazón de las tinieblas. Si la parte del Congo es dura, la dedicada al Amazonas, en la peruana zona del Putumayo, lo es aún más. Los indígenas son cruelmente torturados y mutilados, muchas veces tan sólo para la propia diversión de los jefes de las explotaciones caucheras, quienes, al no tener que rendir cuentas a nadie por lo que hacen, dejan aflorar sus instintos más sádicos. Casement escribió sendos informes sobre el Congo y el Amazonas, sobre las barbaridades que se cometían allí, que le valdrían el reconocimiento internacional por su labor en favor de causas humanitarias. Por último, la parte dedicada a Irlanda nos relata todo el movimiento revolucionario por la independencia del país, que se saldó con el sonoro fracaso del Alzamiento de Pascua. Por la novela desfilan numerosos personajes históricos y muchísimos escritores e intelectuales con los que se relacionó Casement, es el caso del escocés Arthur Conan Doyle, los irlandeses William Butler Yeats y George Bernard Shaw, el periodista Edmund D. Morel, o la historiadora Alice Stopford Green, entre muchos otros. Se trata de una novela en la que se aprende casi sin darnos cuenta, donde desde el primer momento simpatizamos con Casement a pesar de que nos llevemos las manos a la cabeza ante su ingenuidad, y su carácter soñador, los cuales le hicieron no ser todo lo práctico que debiera y acabar ajusticiado. Un libro para disfrutar y aprender, para que, especialmente los occidentales, nos planteemos en qué ha consistido la colonización y el daño que ha hecho a tantas personas, para viajar, para conocer a un personaje histórico que no era tan visible, en definitiva, un libro con el que disfrutar de la primera a la última página.

viernes, 20 de enero de 2012

Rory Gallagher: 'A million miles away'


Hace tiempo que no comparto música en el blog, algo a lo que quiero ponerle remedio ya mismo, porque para mí la música es tan importante como los libros. De hecho, el vídeo del absolutamente genial guitarrista irlandés Rory Gallagher que traigo hoy está muy relacionado con mis últimas lecturas. Como ya dije a mi vuelta del viaje que hice a Irlanda en diciembre, he estado sumergiéndome en la literatura irlandesa con algunos autores nuevos para mí como el increíble poeta William Butler Yeats o viejos conocidos como mi adoradísimo Oscar Wilde al que no volvía desde hacía años y con el que estoy disfrutando muchísimo de su ingenio y humor incisivo. También he podido adentrarme un poco más en la historia de Irlanda a través del activista por la independencia del país Roger Casement, retratado por Mario Vargas Llosa en la excepcional novela El sueño del celta. Aún me quedan lecturas que hacer, autores por descubrir y otros que retomar, pero para empezar el año no ha estado nada mal. Además, mi objetivo del año de tomarme mis lecturas y el blog con calma, y de escoger mejor los libros, están dando sus frutos, y estoy disfrutando el doble de lo que leo. De momento, y para recordar un viaje con el que disfruté muchísimo os dejo la preciosa canción  A million miles away de Rory Galagher, considerado uno de los mejores guitarristas de la historia. Espero que os guste. ¡Feliz fin de semana!

lunes, 12 de diciembre de 2011

De viaje a Dublín: una ciudad llena de literatura, música, cultura y mucho más...

Molly Mallone

No tenía pensado tomarme un descanso tan largo, pero en el último momento surgió la oportunidad de hacer un viaje cortito, y no nos lo pensamos dos veces. Luego, he decidido aprovechar esta semana de puente para hacer un descanso algo más largo del blog, ya que llevaba tiempo sin oxigenarme de él y creo que a veces es bueno hacerlo. Llevaba años soñando con conocer Dublín y por fin he podido pasar unos días en la capital irlandesa y volver aún más enamorada de lo que me fui de su cultura.  Hemos pasado muchísimo frío, eso sí, y la lluvia no ha dado descanso, eso, sumado a que anochecía apenas llegadas las 16.30-17.00, y que cerraban más o menos a esas horas todos los museos, han hecho que nos quedaran muchas cosas en el tintero. De todos modos, creo que ha sido un viaje bastante aprovechado. Como podréis imaginar os muestro tan solo una minimísima muestra de las fotografías que he tomado estos días, pero en líneas generales creo que representan muy bien lo que ha sido el viaje.

Oscar Wilde

Si había algo prioritario en mi visita era todo lo relacionado con los magníficos escritores irlandeses, muchas veces e injustamente confundidos entre la maraña de escritores anglosajones. Es increíble como una pequeña isla ha podido contener tanto genio. Además de los que ya conocía, me traigo muchísimos nombres nuevos que voy a buscar para devorar sus obras y que podréis ver pronto por aquí. El que no podía faltar era mi admiradísimo Oscar Wilde (no os perdáis El retrato de Dorian Gray o La importancia de llamarse Ernesto) del que fuimos a ver su estatua en Merrion Square y su casa natal enfrente que ahora alberga la Irish American University.

James Joyce

Otro imprescindible es James Joyce, después del esfuerzo que os podéis imaginar que supuso leerme el Ulises, ha sido un placer poder pasear por las calles que retrata y ver cómo la impronta del autor está presente en toda la ciudad. No podía faltar su estatua en las inmediaciones de O'Connell Street y la visita al James Joyce Centre, una preciosa casa del siglo XVIII donde podemos ver la puerta original rescatada de la demolición del edificio número 7 de Eccles Street, donde sitúa el autor la residencia de Leopold Bloom, el protagonista de Ulises.

Puerta número 7 de Eccles Street

Si no os animáis con el Ulises (recomiendo que se lea siempre una edición crítica, si no es imposible, la mía es la de Cátedra Letras Universales, muy bien explicada y con resúmenes de cada capítulo), algo comprensible por lo complicada que es esta obra, os animo a que leáis otras dos de sus obras, estás totalmente asequibles y magníficas ambas: Dublineses y Retrato del artista adolescente.

Dublin Writers Museum


La gran parada literaria, y uno de los lugares donde más he disfrutado, ha sido el Dublin Writers Museum, donde se hace un repaso a la vida y obra de la gran cantidad de excelentes escritores que ha dado Irlanda: los ya nombrados James Joyce u Oscar Wilde, Jonathan Swift, William Butler Yeats, Bernard Shaw, Samuel Beckett (imprescindible su Esperando a Godott, magnífica obra tanto leída como puesta en escena), Thomas Moore, Maria Edgeworth... Un larguísimo etcétera que se detiene también en la enorme cantidad de escritores infantiles que ha dado este país, uno de los más conocidos C.S. Lewis autor de las Crónicas de Narnia, pero también los cuentos de Oscar Wilde o las innumerables historias de hadas o de leprechaun, esos duendecillos que guardan un caldero lleno de oro al final del arco iris.

Libro de Samuel Lover

En el Museo podemos admirar desde primeras ediciones, hasta manuscritos escritos por los autores, objetos personales... Podéis imaginar lo muchísimo que disfruté aquí y lo muchísimo que me demoré en cada sala. La propia casa que alberga el Museo merece una visita por sí sola, se trata de un precioso edificio del que podemos visitar sus habitaciones cuidadosamente decoradas.

En la zona de Temple Bar: "Feed your head, read" (Alimenta tu mente, lee)

Pero si hay algo que me ha entusiasmado realmente es el hincapié que hacen los irlandeses en sus escritores, por doquier hay referencias a estos, desde las mismas salas de espera del aeropuerto donde podemos leer fragmentos de diversas obras en enormes paneles, hasta cualquier rincón de la ciudad como este que os muestro cercano a la famosa zona de pubs de Temple Bar, incluso en las escaleras de los baños de un pub me encontré con un enorme graffiti con los retratos de varios escritores irlandeses. Otras visitas que hicimos fue la preciosa Chester Beatty Library, una librería que contiene en su interior una importante galería de arte oriental obra del coleccionista Alfred Chester Beatty; y la Marsh's Library, una biblioteca que se conserva tal y como se construyó en el siglo XVIII.

Saint Patrick

No podía faltar nuestra visita a la magnífica catedral de Saint Patrick, fundada en 1192. En ella se encuentra la tumba del escritor Jonathan Swift junto a la de su amada Stella, así como las tumbas de otros personajes importantes de la vida de la ciudad. El interior es impresionante, con estandartes antiguos colgando en jirones del techo y zonas conmemorativas a los caídos en las distintas guerras en las que ha participado Irlanda, entre ellas las dos guerras mundiales.

Cementerio de la catedral de Saint Patrick

Otras iglesias que vimos fueron la Christ Church Cathedral, el edificio de piedra más antiguo de la ciudad, legado de los normandos, fundada por el rey escandinavo Sitric Silkenbeard en 1038.
 
Christ Church Cathedral

También vimos la Findlater's Church, una iglesia construida en 1860 en estilo nuevo gótico para la creciente congregación presbiteriana de la ciudad, y financiada por un comerciante de la ciudad, Alexander Findlater, de quien tomó su nombre el edificio. La iglesia es popular por haber aparecido en un par de novelas de James Joyce.

Findlater's Church

El Dublin Castle, que fue sede el dominio inglés durante más de 700 años, se utiliza actualmente para reuniones de Estado. Se alza sobre un asentamiento vikingo, cuyos restos pueden visitarse también. Se encuentra en la esquina sudeste de la antigua ciudad normanda amurallada conocida como laguna negra o dubh linn, de donde derivó el actual Dublín. Lo interesante del castillo es la visita guiada que se hace en la que además de explicarnos el origen y posterior historia del edificio, conocemos interesantes datos de la historia irlandesa, tanto durante la ocupación inglesa, como con su posterior independencia. Hay visitas guiadas en varios idiomas, aunque si se puede, lo mejor es hacerla en inglés. Nosotros la hicimos así y pudimos entrar los primeros sin tener que esperar. El inglés que hablan los irlandeses es muy claro y con un nivel medio-alto se entiende todo a la perfección, aunque estas visitas estén pensadas para angloparlantes.

Dublin Castle

No podía faltar una visita un poco más ligera a la Guiness Storehouse, la fábrica de la popular cerveza Guiness. Además de explicarnos el procedimiento de fabricación de la cerveza, que su característico color negro se debe a la utilización de cebada en su preparación, o la importancia social y económica que ha tenido, al final de la visita se puede tomar una pinta de Guiness en la parte alta del edificio, en el Gravity Bar, donde hay unas vistas espectaculares de Dublín, gracias a que se trata de una sala circular situada a gran altura con las paredes totalmente cubiertas por cristal.

En el exterior de la Guiness Storehouse

Una de las mejores visitas fue la del Trinity College, la famosa Universidad de Dublín por la que pasaron la inmensa mayoría de sus célebres escritores y personajes ilustres. El campus es precioso, un pequeño oasis dentro de la ciudad, pero lo más impresionante es su preciosa biblioteca de forma abovedada, donde tienen una gran cantidad de libros de valor incalculable desde el suelo hasta el techo. No se podían hacer fotografías en el interior, por lo que si queréis verla, os enlazo a esta imagen. Allí también podemos ver el libro de Kells un antiquísimo evangelio, así como una importante colección de manuscritos medievales.

Trinity College

A Irlanda se la conoce como la isla esmeralda por lo verde que es, aún así sobrecoge verlo por uno mismo, el verde es el más verde que hayáis podido ver jamás, en las imágenes por desgracia no se aprecia, es tal el color que parece incluso artificial, un color realmente precioso y que encontraréis por doquier, porque otra cosa que les gusta y respetan los irlandeses es la naturaleza

St. Stephen's Green
Todo está limpísimo, los animales van tan tranquilos por los parques y siempre hemos visto a alguien dándole migas de pan a los pájaros. Estuvimos en el precioso St. Stephen's Green, que antiguamente era un territorio comunitario donde tenían lugar los ahorcamientos y que ahora es un precioso y verdísimo parque con patos y cisnes además de, como no, estatuas de ilustres escritores y personajes irlandeses. Es un placer poder pasear por él aunque, en nuestro caso, llovía bastante, pero si queremos verde y unos parques tan maravillosos, la lluvia es un ingrediente imprescindible en la ecuación.
St. Stephen's Green
¿Y qué otra cosa además de la literatura podía encantarme de esta ciudad? Pues sí, la música. De nuevo, una pequeña isla ha tenido grandes genios en este terreno, conocidísimos son U2 (que no paran de sonar en todos los pubs), Van Morrison, Sinead O'Connor, The Corrs, o los grupos de música celta The Chieftains o The Dubliners. Me quedo con Thin Lizzy y su cantante Phil Lynott. No os imagináis la ilusión que nos hizo encontrarnos con una estatua de él que no sabíamos que existía, ¡nos hicimos hasta cuatro fotos en ella! Thin Lizzy quizá no sea tan conocido por todo el público en España, pero en Irlanda son toda una institución, se escuchan continuamente en los pubs, sus discos están bien visibles en las tiendas de música, y hay imágenes de Phil Lynott por todos lados.

Phil Lynott, cantante, bajista y compositor de Thin Lizzy

Nos encantó ver este muro en una de las calles de Temple Bar, donde se refleja la gran riqueza musical de Irlanda. Y ahora que me doy cuenta, aún no os he hablado de Temple Bar. En Dublín estos días apenas llegadas las 16.30 de la tarde anochecía, con un frío espantoso y venga a llover, con todos los museos cerrados a partir de las 17 horas, ¿cuál era la mejor opción? Pues hacer lo que hacen los autóctonos, que siempre es la mejor idea: irnos de pubs a Temple Bar. Esta es una céntrica zona que toma su nombre de un aristócrata angloirlandés, William Temple, quien fue propietario de los terrenos en el siglo XVII.

Temple Bar
Esta zona peatonal está abarrotada de pubs con una estética cuidadísima y con actuaciones en directo todas las noches en todos ellos, un auténtico lujo, con lo que me gusta la música podéis imaginar lo que  ha supuesto para mí poder ir hasta a cinco o seis conciertos diferentes en una misma noche tan solo cambiando de pub. Y es que estos son gratuitos y a diferencia de lo que sucede muchas veces en España la gente está entregadísima, bailan y cantan las canciones (suelen ser un par de guitarristas o guitarra y bajo en acústico que tocan versiones de canciones conocidísimas). Que presumimos mucho en España de que tenemos la mejor juerga nocturna, pero a mí la de Dublín me ha parecido espectacular: música en directo todas las noches en todos los pubs (incluso el lunes), mucha animación, buena cerveza y gente animadísima.

Temple Bar


Podría estar horas y horas hablándoos de todo lo que hay que ver en Dublín y de lo muchísimo que he disfrutado en la ciudad, pero voy a ir terminando. Son muchas las cosas que visitar, y muchas se nos han quedado en el tintero, por lo que volveremos al país seguro. Uno de los paseos imprescindibles es O'Connell Street donde se encuentra la General Post Office donde se proclamó la República Irlandesa en 1916 y donde aún pueden verse los agujeros de bala en las columnas del pórtico. En esta calle también está el Monument of Light al que se conoce como The Spire (la aguja) con una impresionante altura de 120 metros. La ciudad se extiende a uno y otro lado del río Liffey, desde sus puentes hay unas preciosas vistas de la ciudad.
Río Liffey

La mezcla de pasado vikingo, celta y normando le da a Dublín un carácter muy personal. Algo con lo que me quedo es con lo impresionántemente amables, simpáticos y acogedores que son los irlandeses, nada que ver con los ingleses. En el Bed & Breakfast en el que nos alojamos todo fueron facilidades, en la calle, todo el mundo se paraba a ayudarnos con alguna dirección o duda, las visitas guiadas eran un gusto por lo simpatiquísimos que eran los guías. En especial el guía de la casa Number Twenty Nine, una visita obligada, fue encantador, contándonos constantemente anécdotas y chistes que hicieron la visita aún más divertida. Esta es una casa del siglo XVIII de estilo georgiano que se ha conservado íntegramente como era en la época para que podamos ver cómo era la vida de una familia de clase media-alta. Campanillas con distintos sonidos para que los criados acudieran a cada una de las salas de la casa, el cuarto del ama de llaves, los salones para recibir, los dormitorios de la familia o el cuarto de los niños son una delicia. Aunque se trate de épocas diferentes y de clases sociales diferentes, me ha recordado muchísimo a la serie británica Downton Abbey. También es buena idea darse una vuelta por la National Gallery donde hay una sala en exclusiva para los pintores irlandeses, muy poco o nada conocidos en España, y el resto de las salas con pintura de diversos países y donde es interesante ver obras de pintores británicos difíciles de ver en nuestro país.




La desventaja de ir a Dublín en diciembre ha sido el frío, la innegable ventaja ha sido ver la ciudad preciosamente decorada (allí no escatiman en decoración, las luces incluso las encienden mucho antes de que anochezca). El espíritu navideño está por todas partes, una época que sé que muchos odian, pero que a mí con los años cada vez me gusta más. Los escaparates y calles están decorados de una manera que no había visto jamás aquí. En una tienda de ropa, por ejemplo, representaban con maniquíes distintos ballets como El cascanueces o El lago de los cisnes. Otros eran más graciosos, como el del pavo que os dejo abajo que se movía en un baile muy loco e iba perdiendo las plumas.



En cuanto a la comida, la cosa ha ido mucho mejor de lo que esperaba, el Irish Stew (cordero asado en un lecho de puré de patata) estaba delicioso, también era excepcional la ternera irlandesa, y por supuesto, las patatas fritas son de categoría, caseras y deliciosas. Lo mejor es parar a comer o cenar en un pub, la comida está buenísima y son mucho más económicos que un restaurante. Y aunque hemos tirado mucho de sandwich para poder visitar mucho, éstos están bastante buenos y hay puestos donde comprarlos muy baratos. El , obviamente, delicioso, pero el café, a diferencia de en Inglaterra está también muy bueno, la leche y lácteos en general son también muy buenos. Hay que probar el extraordinario café irlandés, soy muy fan de este tipo de café, incluso lo he preparado en más de una ocasión en casa, y hay que reconocer que el que hacen ellos es excelente, por no hablar de que hacer una parada para tomar uno con el frío que hace allí, consigue que recuperes las fuerzas de manera inmediata. 

 

Para los golosos, malas o buenas noticias, según como se vea, porque hay dulces y pastelería por doquier, y lo presentan de una manera increíble como podéis ver en la foto de abajo, yo no caí, así que no os puedo decir qué tal está, pero todo tenía una pinta estupenda. Y por supuesto, hay que probar la Guiness que está increíblemente más buena que en España (es menos amarga), la Harp, la rubia irlandesa me ha gustado menos, era demasiado floja, como aguada. Tenéis de todos modos un montón de marcas en los pubs, y ante la duda se pueden beber pintas de la siempre socorrida Heineken.



Pero bueno, paro ya que me estaría todo el día, tan solo quiero recomendaros que si podéis visitéis esta magnífica ciudad, donde hay de todo: cultura y muchísima marcha nocturna. Me despido con la canción que ha sido la sintonía del viaje tanto en su versión tradicional como la que nos gusta a nosotros de Thin Lizzy, Whiskey in the jarr, y os deseo una feliz navidad en gaélico irlandés:

Nollaig shona duit