martes, 23 de junio de 2009

Carmilla de Sheridan Le Fanu



Es innegable que los vampiros están de moda -Crepúsculo, Nocturna, True Blood..-, aunque cabría preguntarse si alguna vez dejaron de estarlo. El mito del vampiro ha ido cambiando a lo largo del tiempo hasta desfigurarse por completo, pero si hay algo que no ha cambiado nunca es esa irresistible atracción que ejercen. Quizá por eso, las novelas de vampiros siguen interesando a los lectores, a pesar de que Carmilla de Sheridan Le Fanu, la precursora del género (influyó a Bram Stoker para escribir su Drácula), naciese en 1872. Se trata de una novelita o relato breve, que cuenta cómo Carmilla, una vampiresa muy joven y muy hermosa, seduce a las jovencitas de un pueblo, alimentándose posteriormente de su sangre. La historia, que puede parecernos ahora algo manida, introduce varios componentes muy novedosos y adelantados para su época. En primer lugar la figura de la vampiresa como protagonista, ya que la mayoría de las novelas de este género están protagonizadas por hombres; y sobre todo, girar en torno el tema lésbico, ya que Carmilla siente una pasión hacia sus víctimas, siempre femeninas, que éstas en ocasiones confunden con un acto amoroso. Carmilla reune todos lo elementos de terror que una buena novela de vampiros debe tener. Aquí el vampiro pese a ser atrayente, es un ser absolutamente malvado con el que hay que acabar cuanto antes.
Al parecer Le Fanu se basó en el caso de la Condesa Elizabeth Bathory, un escalofriante caso real de una noble que mataba a mujeres jóvenes como diversión y que se bañaba en su sangre. Una historia que puede leerse en Ella, Drácula, una increíble novela de Javier García Sánchez.

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