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lunes, 27 de febrero de 2012

'No pasa nada. Los poetas Beat y Oriente', antología

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Título: No pasa nada. Los poetas Beat y Oriente
Editorial: Los libros de la frontera (enero 2007)
Páginas: 264
Precio: 20 euros

No es la primera vez que os hablo de la Generación Beat, una de mis favoritas, especialmente por Jack Kerouac, al que adoro incondicionalmente. Esta antología poética no es quizá la más completa, ya que de algunos autores se incluyen tan solo uno o dos poemas y el esbozo biográfico que se hace de ellos es muy breve, pero sí que es una buena manera de recoger nombres nuevos e ir luego profundizando en los que más nos interesen. Por mi parte, tampoco voy a pormenorizar la biografía de cada uno de ellos, ya que en ese caso la entrada se eternizaría. Lo que pretendo es dar unas pequeñas pinceladas de cada poeta, y esencialmente mostraros los fragmentos de aquellos que más me han gustado, por si os interesa profundizar luego en alguno de ellos. En este libro se ha centrado el interés en la estrecha relación entre la Generación Beat y Oriente, y es que los Beat volvieron la mirada hacia Japón o la India (por algo fueron precursores del movimiento hippie que luego volvería de nuevo sus ojos a Oriente), a la espiritualidad, y a unos viajes tanto interiores como exteriores. Muchos de ellos viajaron e incluso vivieron en países orientales, todos ellos investigaron en temas que hoy en día parecen ya incluso agotados, pero que en aquel momento eran algo totalmente novedoso y revolucionario, como la meditación, el yoga, los mantras, el budismo...

Jack Kerouac y Allen Ginsberg

Abre el libro Jack Kerouac, más conocido como novelista (en concreto, su excepcional En el camino), y del que ya os hablé de su faceta poética con el libro Poemas dispersos. Su interés por la religión, la espiritualidad, y en concreto el zen, constantes en su obra tanto poética como narrativa, ayudaron a difundir estas disciplinas en Occidente cuando aún eran algo prácticamente desconocido.

Cómo meditar (Jack Kerouac)

-luces fuera-
junta las manos y cae hacia un éxtasis
instantáneo como en un chute de heroína o morfina,
la glándula de mi cerebro emanando
el buen fluido alegre (el Sagrado Fluido) mientras
me concentro hasta controlar todo mi cuerpo
y quedar casi muerto - Curándome
de todas mis enfermedades - borrándolo todo - ni
siquiera queda el jirón de un "Espero que tú" o de un
chiflado bocadillo de cómic, sólo la mente
en blanco, serena, vacía. Cuando un pensamiento
se aproxime dando saltitos para
ofrecerte una imagen mófate de él,
ridiculízalo, falsifícalo y
se desvanecerá, y nunca regresará -y
date cuenta por primera vez con regocijo de que
"pensar es lo mismo que no pensar-
de modo que no tengo que pensar
nunca
más".

Por su parte, Allen Ginsberg es sin duda el poeta más representativo y popular de la Generación Beat, y el enlace directo con el movimiento hippie. Su interés por la espiritualidad y la religión se plasma en su poemas, y también en su propia vida, ya que por ejemplo, practicó el budismo. El poeta conjuga esa espiritualidad con un agudo sentido del humor que está presente en toda su obra

En mi cocina de Nueva York (Allen Ginsberg)

Doblo mis rodillas, cambio el peso,
la calavera autorretrato del Picasso azul
está pegada a la puerta de la nevera
Éste es el único sitio del apartamento
suficientemente grande para hacer tai chi
Estiro el pie derecho y lo alzo, me pregunto
si tenía que haber apartado ese cubo
de basura
 (fragmento)

Diane di Prima, Anne Waldman y Lenore Kandel

En literatura, como en muchos otros campos, parece que todo haya sido cosa de hombres, sin embargo, los Beat también cuentan entre sus filas con algunas mujeres importantes, como por ejemplo Diane di Prima; Anne Waldman, cofundadora junto a Allen Ginsberg de la Jack Kerouac Disembodied School of Poetics; o Lenore Kandel, muy interesada en el budismo e inmortalizada por Kerouac en su novela Big Sur como Romana Swartz.



Canción budista de Año Nuevo (Diane di Prima)


al amanecer me enfrenté a Shiva, la luz fría
revelando los mundos "nacidos de la mente", así de
sencillo,
y lo vi propagándose, desbordándose,
o, por decirlo de modo más simple, como un espejo
reflejando otro espejo.
entonces rompí los espejos, a ti ya no se te veía
ni había razones para buscarte, y miré fijamente esta
nueva oscuridad
y los mundos nacidos de la mente se disiparon y la
misma mente desapareció
¿una locura o un nuevo comienzo?
 (fragmento)


Joanne Kyger y Gary Snyder


También contamos con la pareja de poetas formada por Joanne Kyger y Gary Snyder, quienes se casaron en Japón, donde vivieron l4 años, y viajaron por la India. Joanne estudió en EEUU con el maestro del budismo tibetano Chogyam Trungpa, mientras que Gary se interesó especialmente por la vida de los indios del norte de América y por la cultura japonesa, aprendiendo a meditar y traduciendo sutras budistas. Gary Snyder ganó, entre otros galardones, el premio Pulitzer de poesía en 1974.


Regresando a la vida de Naropa (Joanne Kyger)

Es espantoso. Ha estado
pasando durante algún tiempo.
Sentado inmóvil durante un año, tan quieto
como un trueno. Sin hablar.
Sin pensar. ¿qué pasa?
El maestro de Naropa no responde.

Pero al final se levanta y se sube a lo alto
del tejado del templo adornado. Naropa le sigue.
La primera palabra que pronuncia: "¡SALTA"!
Naropa salta al suelo.
Y roto, se queda ahí sufriendo terriblemente.
Gran Discípulo.
Su maestro le sana instantáneamente
diciendo:
"¡Te lo merecías, vasija de barro!
Por pensar que hay un Yo dentro de ese cuerpo
todo nacimiento y toda muerte y las etapas que hay
entre ambos
deben fundirse con la Radiante Luz
del Vacío".
Y regresa a su meditación silenciosa.




Compartimos nuestros votos con todos los seres (Gary Snyder)

Comiendo un bocadillo
mientras trabajamos en los bosques,
una cervatilla mordisquea la cola del macho en la
nieve,
se miran mutuamente,
mastican juntos,
un bombardero procedente de Beale
sobre las nubes
hace temblar el cielo,
ella alza la cabeza, escucha,
aguarda hasta que el ruido se disipa,
lo mismo hago yo.

Albert Saijo, Philip Whalen, Bob Kaufman Michael McClure y Lew Welch  

Y cómo no, la naturaleza, el ecologismo, refugiarse en lo salvaje como método de llegar al yo interior, fue una constante en muchos de ellos, así como las religiones en aquel entonces exóticas, como el budismo, la filosofía zen, etcétera. Fue el caso de Albert Saijo poeta y ecologista declarado; Philip Whalen quien llegó a ser abad zen de un monasterio en California; Bob Kaufman que fue durante dos décadas marino mercante y asistió a su padre judío en la sinagoga, a su madre católica en la iglesia, a su abuela en sus prácticas de vudú y estudio budismo y zen; Michael McClure, también dramaturgo novelista y ensayista; o el triste caso de Lew Welch quien cogió un revolver, escribió una nota de despedida y se adentró en un bosque, sin que se encontrase nunca su suerpo. 



Él se prepara para abandonar su choza (Lew Welch)

"¿Por qué tiene que se tan difícil renunciar
a busa¡car algo que sabes que no puedes poseer?"
"¿Quién dijo que iba a ser fácil"?
( fragmento)


Kenneth Rexroth, Lawrence Ferlinghetti y Harold Nose


El antimilitarismo fue otra de las señas de identidad de esta Generación, encontramos este tipo de poemas en Harold Norse, Lawrence Ferlinghetti, fundador de la librería y la editorial City Lights Books donde se publicaron los primeros libros Beat; o Kenneth Rexroth, pacifista y anarquista, autodidacta (sólo fue al colegio durante cinco años), además de poeta, pintaba cuadros abstractos, trabajaba en el teatro vanguardista y empezó a estudiar por su cuenta varios idiomas. 

Kali Yuga (Harold Nose)

los poemas no pueden desviar las balas ni
pueden cortar en dos
el sufrimiento
o hacerme olvidar por un instante
que moriré

es absurdo no estoy preocupado
por la muerte sino por el vacío que todavía
no he llenado con poemas o
comprensión 
(fragmento)

Como veis, esta antología es perfecta para una primera aproximación a la vertiente poética de la Generación, para tomar nombres y profundizar después en ellos, no solo en sus obras, sino como podéis observar en sus intensas vidas, tan interesantes como su propia obra.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

"Mujeres" de Charles Bukowski


 Bukowski se pasea por los Jardines de Ferraz

Charles Bukowski no tiene un punto medio, o le odias o le amas. Éste "escritor maldito," asociado erróneamente por muchos a la Generación Beat (encabezada por Kerouac y Burroughs), al mantener una actitud ante la vida parecida, desata filias y fobias a partes iguales. Gran parte de culpa de que suceda ésto la tiene su estilo directo y ácido, punzante y sin morderse la lengua. Bukowski habla de sexo sin tapujos, de alcohol y de su sentido pragmático y cínico de la vida, que llega al punto del egoísmo y el egocentrismo más extremos en la mayoría de los casos, sin que le importe lo más mínimo lo que puedan pensar de él.  En "Mujeres" (1979), a través de su alter ego Henry Chinaski, un escritor cincuentón con un creciente éxito, "viejo verde e indecente" (tal y como lo describen sus conquistas, todas ellas mucho más jóvenes que él), alcohólico y que tan sólo se dedica a acudir a distintos puntos de EE.UU. para recitar sus poemas, nos muestra sus relaciones con las mujeres. Chinaski tiene a todas las que quiere, se le ofrecen continuamente en los recitales de poesía, le escriben cartas, le telefonean y se presentan en su casa, y él aprovecha la situación, sumergiéndose en una vida de alcoholismo y sexo desenfrenado. Con éste libro Bukowski rompe y aviva a la vez su  mito de misógino y machista. Por un lado hay escenas de lo mas crudas, en las que su comportamiento con "sus" mujeres deja bastante que desear, y por otro, protagoniza momentos de una gran ternura y nos muestra al Bukowski más sensible, esclavo de unas relaciones en la mayor parte de las veces dependientes y negativas, abocadas al fracaso. 

"Había algo que no marchaba bien en mí: tenía una verdadera obsesión sexual. Me imaginaba estando en la cama con casa mujer que veía. Era una interesante manera de pasar el tiempo de espera en un aeropuerto. Mujeres: me gustaban los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadoramente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el fútbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, concentrándose, estudiando, decidiendo, si aceptarnos, descartarnos., cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos."

En todo éste periplo de borracheras y noches de sexo se esconde un profundo deseo por encontrar el amor, aunque sea de manera efímera, algo que no es capaz de lograr. Como siempre, el estilo de Bukowski es directo y sencillo, muy cercano al lenguaje de la calle, y en el que abundan los diálogos. Aún así, se me ha hecho un poco dura la lectura. Tanta aventura sexual (con todo lujo de  detalles), tanta sucesión de mujeres, puede llegar a saturar. Llega un punto en que no sabes distinguir a unas de otras, un efecto que bien podría haber sido buscado intencionadamente por el autor, como le sucede al propio Chinaski, ya no podemos distinguirlas. Eso sí, como sucede siempre en sus novelas, el sentido del humor es esencial, es imposible no reírse con las situaciones que nos presenta. Si tuviera que recomendar  algún libro de Bukowski, especialmente para aquellos que no hayan leído ninguna de sus novelas, me quedaría con La senda del perdedor, mucho más divertida y menos monótona que ésta. De todos modos, a Bukowski hay que leerlo, aunque sólo sea para descubrir si somos del bando de los que le amamos o de los que le odian.

** Y con éste libro completo por fin el Reto 2010, y ya era hora, casi no llego, y todo por mi maldita manía de ponerme las cosas más difíciles, me reté a mí misma a no usar ni un sólo comodín, y aunque lo he conseguido, como digo ha sido por los pelos, el próximo año lo haré normal para no ir con agobios.