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viernes, 28 de septiembre de 2012

Fotografías de Imogen Cunningham en la Sala de Exposiciones Azca de la Fundación Mapfre

Imogen y Twinka, Judy Dater (1974)

Hasta el 20 de enero de 2013 puede verse en la Sala de Exposiciones Azca de la Fundación Mapfre la muestra dedicada a la fotógrafa norteamericana Imogen Cunningham (1883-1976), una pionera y una innovadora en su campo, así como en su vida personal, una adelantada a su tiempo que decidió desde muy joven dedicarse a la fotografía y trabajar fuera de casa, unas decisiones poco habituales en su época. 

Phoenix tumbada, Imogen Cunningham (1968)

Imogen nació en 1883 en una granja de Portland (Oregón), fue allí donde comenzó a positivar sus primeras fotografías en una leñera que su padre le acondicionó como cuarto oscuro. Estudió Química en la Universidad de Washington (Seattle), por ser en aquel momento lo más cercano que podía estudiar relacionado con la fotografía, y contó siempre con el apoyo incondicional de su padre, de hecho, fue la única de sus diez hermanos que tuvo estudios superiores.

Autorretrato, Imogen Cunningham (1906)

En 1906 compró su primera cámara con la que realizó diversas fotografías en el campus de su Universidad. Una de las imágenes más importantes de esa época fue un provocador y rompedor autorretrato (no olvidemos que estamos hablando de principios del siglo XX) totalmente desnuda y tumbada en la hierba.

Clare y semillas flotantesImogen Cunningham (1910)

Aprendió sus primeras técnicas fotográficas en el estudio de Edward S. Curtis, donde estuvo trabajando antes de irse a Dresde (Alemania) a completar sus estudios. Allí comenzaría su época más experimental y el desarrollo de un estilo propio, al fundar junto a Ansel Adams o Edward Weston el grupo f/64 cercano a la "nueva objetividad".

Gemelos con espejoImogen Cunningham (1923)

En 1917 se casó con el grabador Roi Partridge, con quien tendría tres hijos (Gryffid y los gemelos Rondal y Padraic). Los cuatro serían un motivo constante de inspiración y son realmente interesantes los retratos familiares que pueden verse al final de la exposición, que muestran la faceta más íntima de la fotógrafa, pero que no por ello dejan de ser experimentales y siguen mostrando su gran personalidad. 

Man Ray versión de Man RayImogen Cunningham (1960)

Una vez consagrada en el mundo de la fotografía, comenzó a retratar a personajes destacados de la época: artistas, bailarines, escritores o músicos, entre los que podemos ver el original e interesantísimo retrato a Man Ray que aplica las innovaciones estéticas introducidas por él, así como retratos a Cary Grant, Frida Kahlo o Lisette Model.

Cama deshecha, Imogen Cunningham (1957)

En 1975, ya consagrada como una de las fotógrafas norteamericanas más influyentes, fundó el Imogen Cunningham Trust (donde podéis ver más imágenes suyas), una institución privada dedicada a catalogar, investigar y preservar sus archivos fotográficos. La mayoría de las imágenes que pueden verse en la muestra pertenecen a este fondo, así como a varios museos como el Seattle Art Museum o la George Eastman House

Martha Graham 2, Imogen Cunningham (1931)

La muestra se estructura en función de las distintas temáticas que tocó la fotógrafa. Se abre con los Retratos, una serie que continuó a lo largo de toda su vida, retratando tanto a personajes públicos como a su propia familia. De hecho, su último proyecto, emprendido con 92 años, La vida después de los noventa, consistió en retratar a personas mayores de 90 años, una serie que quedó inacabada al morir la artista en 1976 a los 93 años de edad.

Flor de Magnolia, Imogen Cunningham (1925)

Por lo que cuento, está claro que la muestra me ha entusiasmado, salvo la sección que viene a continuación dedicada a Flores, paisajes, bodegones.

Cinco huevos, Imogen Cunningham (1951)

Es quizá la parte que menos me ha gustado de la exposición sin quitarle mérito, ya que esos primeros planos de flores me parecen totalmente arriesgados y provocativos, al tener un fuerte contenido sexual del que, sin embargo, carecen sus desnudos, mucho más sensuales que sexuales.

John Bovington 2, Imogen Cunningham (1929) 

El cuerpo y  la danza presenta los desnudos que fotografió y que para la época eran totalmente provocadores, especialmente los masculinos. Todos ellos, sin embargo, están hechos con mucho gusto, llenos de belleza y sensualidad, podría decirse que esos cuerpos forman parte del paisaje y de la naturaleza, que son ellos mismos naturaleza.

Tres bailarinas, Mills College, Imogen Cunningham (1929)

Además, son icónicas sus fotografías dedicadas a bailarines, donde la belleza y eslasticidad del cuerpo humano cobran su máxima expresión.

Vendedor de periódicos, Imogen Cunningham (1939)

Vida y arquitectura urbanas nos presenta fotografías de calle inspiradas por la fotógrafa Lisette Model a la que conoció en 1946.

Mi padre a los 90, Imogen Cunningham (1936)

Por último. y como comentaba antes, la parte final de la exposición está reservada a los retratos familiares, tanto de sus padres como de su marido y tres hijos, así como de las fotos que su marido le hizo a ella en un ambiente más relajado y familiar.

Dream walking, Imogen Cunningham (1968)

Además de la belleza en sí de las imágenes quiero destacar de nuevo la originalidad, innovación y especialmente el arrojo a la hora de hacer fotografías adelantadas a su tiempo, muchas veces arriesgadas y poco correctas para la época.

Desnudo, Imogen Cunningham (1939)

La muestra puede verse hasta el 20 de enero de 2013 en la Sala Azca (avenida General Perón, 40), la entrada es gratuita y puede visitarse los lunes de 14 a 21 horas; de martes a sábado de 10 a 21 horas y los domingos y festivos de 12 a 20 horas.

Otro brazo, Imogen Cunningham (1973)

Toda una innovadora y una oportunidad única de ver estas fotografías, si podéis acercaros, no os la perdáis. ¡Feliz fin de semana!

jueves, 2 de junio de 2011

'La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX' y 'Eugène Atget. El viejo París' en la Fundación Mapfre

Egon Schiele, Joven dormida (1909)

Eugène Atget

La Fundación Maphre (paseo de Recoletos, 23) me está sorprendiendo últimamente con unas exposiciones de gran calidad que están consiguiendo que esta sala sea uno de mis espacios expositivos de referencia. De hecho, en cuanto me entero de que inauguran algo nuevo me voy allí aún sin tener datos de las muestras que tienen, y de momento, no he fallado en ninguna. Así ha sido esta vez, me acerqué a ver con qué me sorprendían, y me he encontrado con dos magníficas exposiciones que os recomiendo no os perdáis, tenéis hasta el 27 de agosto para acercaros a verlas.

 Xavier Gosé, Personajes (1900)

La primera de ellas es la muestra La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX pertenecientes a las colecciones de la Fundación Mapfre, una selección de más de 100 obras en lápiz, tinta, tempera o acuarela, que hacen un recorrido por una de las expresiones pictóricas más simples y a la vez más complejas: el dibujo. La muestra se divide en varios periodos coincidiendo con distintos movimientos artísticos del siglo XX.

 Paul Klee, Joven palmera (1929)

Comenzamos con 'la tradición' donde vemos dibujos académicos y de aprendizaje, con trabajos de Mariano Fortuny, Joaquín Sorolla, Francisco Pradilla y Ortiz o Ignacio Pinazo. Todas estas obras tienen en común el estudio del modelo, la influencia de los pintores renacentistas. Quizá en esta primera parte se vea más el dibujo como un medio para llegar a un cuadro que como un fin en si mismo.


 Joaquín Sorolla, Sin título

Pasamos a 'la modernidad' donde comenzamos a ver ya dibujos entendidos como obras de arte en si mismas, el dibujo ya no es un medio para lograr un cuadro como sucedía antes, el dibujo puede ser ya contemplado y considerado como una pieza acabada.

 Gustave Klimt, Mujer sentada con sombrero (1910)
Este periodo que comprende los primeros años del siglo XX, se caracteriza por la mutua influencia de artistas españoles y extranjeros y por la figura como protagonista indiscutible, especialmente el cuerpo femenino.

Pablo Ruiz Picasso, Maternité (1902-1903)

Encontramos obras de Salvador Dalí, Gustave Klimt, Henri Matisse, Pablo Picasso, Auguste Rodin, George Grosz, Joan Rebull, Joaquim Sunyer o Egon Schiele.


 Henri Matisse, Mujer con agenda (1944)

'El espíritu de la vanguardia' nos acerca a los pintores cubistas como André Lhote, Juan Gris, Alexander Archipenko, Rafael Barrada, Lyonel Feininger o Albert Gleizes.

 Juan Gris, El guitarrista (1925-1926)

No podemos olvidar a Picasso, quien en París reunió a un grupo de artistas a su alrededor que se vieron influidos por él, conocidos como La escuela de París.

 Picasso, Arlequín y Polichinela (1924)

Estas obras se caracterizan por su geometría, por la cercanía del dibujo y la pintura a la escultura y a la construcción, entendiendo el cuadro como un volumen. 

Albert Gleizes, Nueva York (1916)

Surrealismo:los sueños del inconsciente nos mete de lleno en la obra de Salvador Dalí y de sus seguidores, artistas españoles claramente influenciados por Dalí que incluso utilizan muchos motivos característicos del pintor.

Salvador Dalí, Soledad mental (1932)

Vemos también obras de Joan Miró, Luis Fernández u Oscar Domínguez, de quien me llamaron la atención sus decalcomanías, una técnica experimental cercana al monotipo.
 
Óscar Domínguez, León saltando (1936)

En los límites de la vanguardia con unas magníficas obras de Antoni Tapies o Eduardo Chillida, entre otros, cierra la muestra. 

Eduardo Chillida, Sin título (1960) 
Podemos ver también en esta última parte de la muestra dibujos de Celso Lagar, Luis Castellanos, Arturo Souto, Gregorio Prieto, Genaro Lahuerta, Joaquín Peinado o Ángel Ferrant, que cierran el recorrido de la exposición que ocupa las salas de la planta calle y de la planta baja.

  Avenue de l'Observatoire (1826)

En la primera planta del edificio podemos ver otra exposición con fotografías de Eugène Atget, que retrata El viejo París. Los fondos pertenecen al Musée Carnavalet de París, a la George Eastmann House de Rochester y a las colecciones de la Fundación Mapfre. Se han seleccionado más de 200 imágenes que retratan la ciudad de París y sus alrededores, todas tomadas entre 1898 y 1927.

 
Cantante callejera y organillero (1898)

Nacido en Libourne en 1857 y fallecido en París en 1927, Atget no recibió formación como fotógrafo, si no que se dedicó a ello como medio para sobrevivir tras pasar por otras profesiones como actor, redactor y dibujante para una revista satírica. Empezó en 1888 vendiendo sus fotos de París a ilustradores, luego pasaría a venderlas a artistas, artesanos, aficionados a la historia e instituciones como el Musée Carnavalet y la Bibliothèque Nationale.

Esquina de la Rue de Seine y de la Rue de l'Echaudé distrito 6º (1924)

La muestra se divide en doce espacios temáticos, que tratan de seguir el propio orden establecido por el fotógrafo: Pequeños oficios, tipos y comercio parisinos (1898-1922); Las calles de París (1898-1913); Ornamentos (1900-1921); Interiores (1901-1910); Los coches (1903-1910); Jardines (1898-1914); El Sena (1900-1923); Las calles de París (1921-1924); Extramuros (1899-1913) y Alrededores de París (1901-1921).

Taberna  "Au Tambour" , Quai de la Tourneille nº 63 distrito 5º (1908)

Además, los amantes del surrealismo podemos contemplar una pequeña joya, el álbum del magnífico fotógrafo Man Ray, donde recopiló algunas fotografías que compró a Atget. En la muestra, además del álbum, podemos ver 43 fotografías de las que seleccionó en su momento el propio Man Ray, quien era vecino de Atget y adquirió estas fotografías que se publicaron anónimamente en la revista de los surrealistas porque Atget no se identificaba con el movimiento y veía sus imágenes como meros "documentos para artistas". 

 
 Rue Hautefeuille, distrito 6º (1898)

Sin embargo, los surrealistas apreciaron su obra y quisieron conservarla y darle el valor que tenía, ya que consideraban que las fotografías de Atget eran narraciones insconcientes liberadas de presiones críticas y convencionalismos. La fotógrafa Berenice Abbott, ayudante en aquel momento de Man Ray se encargó de dar a conocer la obra de Atget mediante exposiciones y catálogos.

Ancien Collège de Chanac, Rue de Bièvre nº 12, distrito 5º (1900)

Viendo hoy en día las fotografías de Atget podemos entender esa fascinación que sintieron los surrealistas y artistas posteriores por su obra. La modernidad de las imágenes es innegable, tienen además algo que produce desasosiego, esas calles vacías (prefería fotografiar sin personas y a primeras horas del día para que las calles estuvieran desiertas), esas casas que parecen deshabitadas, esa neblina y aire de irrealidad que parece impregnarlo todo, esa sensación de vacío, nos producen una cierta intriga y a la vez fascinación.


Interior de la vivienda de un obrero, Rue de Romainville, distrito 19º (1910)

El viejo parís que retrató Atget ha desaparecido en muchos de los casos, el fotógrafo quiso inmortalizar aquellos lugares de la ciudad que estaban a punto de desaparecer o transformarse bajo el proyecto de remodelación de París acometido por el barón Haussmann en la década de 1850, y que crearía una ciudad moderna y con grandes avenidas. 

 El otoño, escultura de François Barols, Jardin des Tuileries, distrito 1º (1911)

Atget utilizaba una cámara de placas de 18x24 para tomar unas imágenes que él consideraba un mero medio para que los artistas realizasen sus obras, no arte en si. Hoy en día es indiscutible el gran valor artístico que tienen y su influencia en artistas y fotógrafos como Berenice Abbott, Walker Evans o Man Ray, considerando sus imágenes como el origen de la fotografía documental del siglo XX. 

Los muelles del Sena en invierno, Île de la Cité, hacia el Pont-Neuf, distritos 1º y 6º (1923)

Espero que os hayan gustado ambas muestras y que si tenéis oportunidad no dudéis en ir a visitarlas, os recuerdo que ambas podrán verse hasta el 27 de agosto en la Fundación Mapfre (paseo de Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábado de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas. ¡Que paséis un feliz y esperemos que soleado fin de semana!

miércoles, 1 de junio de 2011

'Midnight in Paris' de Woody Allen



¿Sabéis cuando una película te enamora perdidamente desde el principio hasta el final? ¿Cuando adoras a su protagonista y querrías conocerle en la vida real? ¿Cuando te metes tanto en la historia que desearías poder entrar en la pantalla y vivirla personalmente? Eso mismo es lo que me ha pasado con la nueva película de Woody Allen, Midnight in Paris. Una película para la que no tengo calificativos suficientes, si os dijera que es maravillosa, divertida, inteligente, romántica, única, me estaría quedando corta. Sin duda, se ha convertido automáticamente en una de mis películas favoritas de Allen. ¿Demasiado entusiasmo? Puede ser, no son pocos los que me conocen y afirman que soy demasiado radical en mis gustos, lo que me gusta me encanta, lo que no, lo detesto. Quizá tengan razón. Woody Allen se encuentra entre mis directores favoritos, hasta el momento no ha habido ni una sola película suya que no me haya gustado (bueno, menos Vicky, Cristina, Barcelona, de la que prefiero pensar que no es de él y borrarla de mi mente), así que quizá mi opinión sea poco objetiva. Eso si, os puedo asegurar que toda la gente que salió el lunes del cine, lo hizo entregada con la película y con comentarios de lo más entusiastas.


Volviendo al film en si, Midnight in Paris nos sitúa en el París más bello que podáis imaginar, Allen utiliza unos planos y elige unas localizaciones que os enamorarán al instante de la capital francesa tanto si ya habéis estado allí como si no. Gil (Owen Wilson) es un escritor que se encuentra unos días en París con su prometida Inez (Rachel McAdams). Gil es un romántico, está profundamente enamorado de París, quiere trasladarse a vivir a una buhardilla de esta ciudad, le encanta pasear por las calles, especialmente bajo la lluvia, rebuscar entre los libros y discos de viejo, y desearía poder vivir en el París de los años 20 junto a algunos de sus escritores y artistas favoritos. Inez sin embargo es materialista y pragmática, sueña con vivir en la lujosa y amplia casa en Malibú. En vez de disfrutar de París, se dedica a salir a bailar a clubs, ir en taxi a todas partes, cenar y dormir en hoteles de lujo e ir de tiendas. Inez prefiere escuchar la cháchara pedante de su amigo Paul (Michael Sheen), quien es capaz de contradecir a una guía turística (una correcta, pero con un brevísimo papel, Carla Bruni) que pasear o charlar junto a su prometido. Una noche, al sonar las campanadas de medianoche, Gil se verá trasladado al París de sus sueños, al de los años 20 donde conocerá a Scott Fitzgerald y a su mujer Zelda, a Dalí, Picasso, Buñuel, Man Ray, Gertrude Stein, T.S. Eliot o Hemingway, entre muchos otros artistas e intelectuales.


Sin duda, los mejores momentos de la película son esos increíbles viajes al pasado. Cuánto me gustaría poder hacer algo así, aunque me costaría bastante elegir solo una época o un lugar. Las referencias a la literatura y el arte son constantes, y Gil vive esas noches como el gran regalo que son, por fin puede charlar con su admirado Hemingway quien le asegura que se sabe si es amor verdadero si al hacer el amor con la persona amada se pierde el miedo a morir, porque por un momento nos sentiremos inmortales; mostrarle su obra a Gertrude Stein (Kathy Bates); escuchar en directo a Cole Porter; admirar junto a Matisse sus cuadros; mantener un diálogo surrealista con Man Ray y Dalí, bajo la atenta mirada de Luis Buñuel; o enamorarse de una de las musas y amantes de Picasso, la adorable Adriana (Marion Cotillard).


Allen ha conseguido además que me enamore de Owen Wilson, o más bien de su personaje, ya que hasta ahora era un actor al que no soportaba. Sin embargo, Gil, con sus dudas, con su gusto por los viejos vinilos, por los clásicos de la literatura, por perderse por las calles de París y pasear bajo la lluvia, me ha hecho reconciliarme con este actor que espero aproveche la oportunidad que le ha brindado Allen y deje las absurdas comedias a las que nos tiene acostumbrados, ya que realmente tiene madera de actor. La otra gran joya de la película es la siempre chispeante Marion Cotillard, gracias a la cual, Gil se dará cuenta de que no podemos vivir siempre de nuestros sueños, y que la ilusión de que cualquier otra época pasada fue mejor, es tan solo eso, una ilusión provocada por la propia insatisfacción que la misma vida nos produce. 


Lo que más me gusta de Allen es la facilidad que tiene para hacerme salir del cine con una sonrisa en los labios, mucho más feliz, como en una nube en la que creo que todo es posible, que puedo conseguir lo que quiera y que los sueños, si se persiguen, pueden hacerse fácilmente realidad. Está claro que os animo a verla ¿verdad?

lunes, 23 de agosto de 2010

La subversión de las imágenes: surrealismo, fotografía y cine en la Fundación Mapfre

"El Surrealismo es el sabotaje de la realidad inmediata por los deseos" (Camille Bryen y Raoul Michelet)

Erótica Velada, Man Ray (1933-1934)

La sala de exposiciones Recoletos de la Fundación Mapfre ofrece hasta el 12 de septiembre la posibilidad de sumergirse en el particular mundo de los surrealistas a principios del siglo XX con la muestra "La subversión de las imágenes".

Dibujo colectivo, André Breton y Wilfredo Lam (1940)

La exposición, realizada en colaboración con el Centro Pompidou de París y el Fotomuseum Wintenthur, reune más de cuatrocientas piezas, en su mayoría fotografías, pero también antiguas películas, montajes, documentos de la época y pequeñas obras de arte, que recorren los primeros años del surrealismo, un movimiento creado en 1924 por André Breton.

Camille Goemans escribiendo, René Magritte (1928)

Para los surrealistas la aparición de la fotografía y del cine supuso todo un aliciente que dio alas a su creatividad, la mejor manera para "cambiar la vida", para lo que era necesario "cambiar la mirada".



Fantasmas a la hora del desayuno, Hans Richter (1927-1928)

Los surrealistas creían en la acción colectiva, defendían al grupo frente al individuo, por lo que podemos encontrar interesantes colaboraciones entre artistas que provienen de disciplinas muy diferentes como Man Ray, Paul Nougé, André Breton, Antonin Artaud, Luis Buñuel, Cartier-Bresson, Dalí o Picasso.