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miércoles, 17 de octubre de 2012

'El camino del tabaco' de Erskine Caldwell

Tobaco Road

Título: El camino del tabaco (Tobacco Road)
Autor: Erskine Caldwell
Traducción: Horacio Vázquez-Rial
Editorial: Navona (mayo 2008)
Año de publicación: 1932
Páginas: 200
Precio: 12,50 euros
"No tiene sentido que traten de cosechar algodón; nunca ganarán dinero y ni siquiera les bastará para vivir, y si recogen un poco de algodón, seguro que vendrá alguno a sacárselo con engaños. Creo que el Señor no quiere que se recojan cosechas como antes porque, si no, ayudaría más a los pobres. Podría hacer que los ricos prestaran su dinero y dejaran de tenerlo tan guardado. Por más que lo pienso, no entiendo cómo hicieron para conseguir todo el dinero, y me parece que debería estar repartido entre todos."
Uno de mis autores favoritos, y quien sin duda alguna consiguió retratar con más acierto la terrible época de la Gran Depresión en EEUU, es John Steinbeck, pero no es el único. Un buen puñado de escritores estadounidenses tomó este periodo histórico que les tocó vivir como motivo de inspiración y de ahí surgieron algunas de las novelas más notables del siglo XX. Uno de ellos es Erskine Caldwell, un autor al que tenía muchísimas ganas de conocer, y con quien me estreno con esta novela: El camino del tabaco. Muy diferente en tono e intención a Steinbeck, podríamos decir que Caldwell fue un cronista de su época, a modo de espejo, nos muestra la realidad de esos seres que viven en la más absoluta de las miserias, degradados a todos los niveles, físicos y especialmente morales, sin juzgar, sin tratar de ser un intermediario entre nosotros y los personajes, tan sólo mostrando en toda su crudeza esa vida. Por ello, si los personajes son racistas, soeces o brutales, lo son, y no se trata de edulcorar de ninguna de las maneras.

Cola del pan durante la inundación de Lousville, Kentucky (1937). Margaret Bourke-White

En El camino del tabaco el autor nos sitúa en los campos de algodón de Augusta (Georgia), donde la gente que malvive allí trata de salir adelante como puede, hundidos en la miseria, después de que el algodón haya dejado de cultivarse y muchos de los campesinos se hayan marchado a las ciudades a trabajar en las hilanderías. Uno de los que se resisten a dejar el campo que perteneció a sus antepasados y que supone toda su vida es Jeeter Lester, pobre y arruinado, vive junto a su mujer Ada, con quien ha tenido 17 hijos de los que tan sólo dos, Dude y Ellie May siguen viviendo con ellos, además de la abuela, ignorada por todos, quienes desean abiertamente que muera cuanto antes para tener una boca menos que alimentar. No lejos de allí vive la menor de sus hijas, la pequeña Pearl de 12 años, casada por obligación con un vecino, Lov, a quien rechaza continuamente. 

Tormenta aproximándose (1954). Margaret Bourke-White

Se trata de un retrato de personajes sórdidos, acabados, sin futuro ni esperanzas de ningún tipo, su día a día, viendo cómo todo se desmorona a su alrededor sin que puedan ni quieran hacer nada por evitarlo. Es curioso cómo de un mismo tema pueden salir variantes tan diferentes, ya que si bien Steinbeck nos muestra la miseria de sus personajes, lo hace siempre con un gran cariño hacia ellos, arropándolos y presentándonoslos con su cara más amable, tratando de que empaticemos con ellos y sintamos piedad por una situación injusta que ellos no han pedido vivir. Por su parte, Caldwell hace el trabajo de un observador imparcial, desde su voz en tercera persona nos cuenta qué hacen los personajes, pero no los juzga ni los acicala para nosotros, deja que sean ellos mismos quienes se definan y se expresen con sus propias palabras y con sus actos. Caldwell no quiere suavizar una realidad, la presenta tal y como es, y es por ello que la novela está llena de momentos duros y de un realismo extremo, y es por ello por lo que nos es difícil simpatizar con esos personajes, aunque por otra parte, es inevitable no sentir piedad por ellos.

Joven granjero dirigiendo a sus caballos (1939). Margaret Bourke-White

Los personajes hablan con toda la rudeza que se espera de ellos, unos seres incultos, olvidados en esos campos que nunca más volverán a cultivarse, viviendo en el pasado, deseando que este regrese y que regrese también el esplendor de los campos algodoneros y la buena vida que llevaron sus antepasados, sin tener que huir a la ciudad, donde Jeeter tiene claro que no está su sitio. Como digo, son los personajes los que se expresan y se retratan, quienes muestran que no hay mañana y que ni siquiera lo esperan ya. La prosa fluida, de frases sencillas y breves, y con abundancia de diálogo, ayudan a que la acción se deslice ante nuestros ojos como si realmente pudiéramos ver a estos personajes. La trama en sí, es lo de menos: una disputa por un saco de nabos, las quejas de Lov porque la pequeña Pearl no quiera acostarse con él y cumplir así sus deberes de esposa, la búsqueda diaria de algo que echarse a la boca, la visita de una predicadora... son meras excusas para meternos de lleno en el mundo de estos personajes desarraigados, sin nada que ofrecerle al mundo, un mundo que tampoco está dispuesto a darles nada a ellos. En 1941, Tom Ford dirigió una película basada en la novela, aunque por los fragmentos que he podido ver me ha dado la impresión de que le dio un tono un poco más liviano a la historia, introduciendo incluso algunas escenas de humor, algo que está totalmente ausente en la novela, donde el tono es más bien desolador. Esta es una de esas novelas y autores que creo que hay que leer si o si, un clásico de las letras que no podéis perderos. En mi caso va a ser de esos autores a los que vuelva una y otra vez hasta haber devorado toda su obra, así que seguiréis viéndole a menudo por aquí.

Erskine Caldwell y Margaret Bourke-White en Rusia

Erskine Caldwell (Coweta County, Georgia 1903 - Paradise Valley, Arizona 1987), nació en Georgia, aunque pasó su infancia trasladándose de un punto a otro del sur de los EEUU debido al trabajo de su padre, ministro de la Iglesia Presbiteriana. Su vida fue de lo más intensa y ajetreada, aunque fue a la Universidad no llegó a graduarse, y realizó los trabajos más dispares que podáis imaginar, desde jugador profesional de fútbol americano, hasta diversos oficios como jornalero en los campos de algodón, que le hicieron simpatizar muy pronto con el movimiento obrero. Publicó sus primeras novelas a principios de los años 30, consagrándose con El camino del tabaco (1932) y La pequeña hacienda de Dios (1933), no sin pasar algunos apuros por culpa de la censura y la sociedad bienpensante de la época. Su primera novela, Bastardo (1929) fue prohibida de inmediato únicamente por sus título; con la publicación de La pequeña hacienda de Dios, la Sociedad Literaria de Nueva York consiguió que Caldwell fuera arrestado y que se secuestraran las copias de su obra durante una firma de libros en Nueva York, aunque el autor fue posteriormente exculpado durante el juicio que se celebró. Estos incidentes no parecieron afectar a su obra, más bien al contrario, ya que de La pequeña hacienda de Dios se vendieron 10 millones de ejemplares, 2 millones más que de la popular Lo que el viento se llevó. En los años 30 Caldwell y su mujer, la genial fotógrafa Margaret Bourke-White (de quien he aprovechado sus magníficas fotografías para ilustrar la entrada) regentaron una librería en Maine, y posteriormente, durante la II Guerra Mundial obtuvieron un visado de la URSS para viajar a Ucrania y trabajar él como corresponsal de guerra, y ella fotografiando cuanto veía. A su regreso a EEUU y tras separarse de su mujer, Caldwell se instaló en San Francisco, y aprovechó sus últimos años de vida dedicando seis meses cada año para viajar por el mundo y tomar notas en multitud de cuadernos. Erskine Caldwell, fumador empedernido, murió a causa de un enfisema y cáncer de pulmón a los 83 años.

lunes, 5 de marzo de 2012

'En lugar seguro' de Wallace Stegner

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Título: En lugar seguro (Crossing to Safety)
Autor: Wallace Stegner
Editorial: Libros del Asteroide (2008)
Año publicación: 1987
Páginas: 392
Precio: 21,95 euros


Nuestras discusiones más acaloradas eran siempre sobre cómo podríamos contribuir. No nos preocupaban las recompensas. Éramos jóvenes y serios[...] Más allá de un mínimo básico, el dinero no era un objetivo que respetásemos. Algunos sospechábamos que el dinero ni siquiera era muy bueno para las personas [...] Pero todos teníamos la esperanza de, en la medida en que nuestras capacidades nos lo permitieran, definir e ilustrar la vida digna de vivirse. [...] Dejar una huella en el mundo. En vez de eso, el mundo ha dejado huellas en nosotros. Nos hemos hecho mayores. La vida nos ha escarmentado tanto que ahora esperamos quietos a la muerte. (El lugar seguro)

Hay libros llenos de acción, en los que se suceden los acontecimientos, los giros, las sorpresas. Hay asesinatos, grandes dramas, situaciones intensas. Si es eso lo que buscáis, no os acerquéis a En lugar seguro de Wallace Stegner. Este pertenece a esa otra clase de libros, reflejo de la vida misma, un transcurrir sereno, con sus altibajos, pero sin grandes sobresaltos. Si tuviera que destacar la mayor virtud de esta novela sería la de ser lo más fiel a la vida de una persona que he leído nunca. En lugar seguro es la vida de dos parejas de amigos, los Lang por un lado (Charity y Sid) y los Morgan (Sally y Larry) por otro, y su larga amistad desde sus comienzos: ellos como profesores de Literatura en la Universidad de Wisconsin en plena Gran Depresión, y ellas embarazadas de su segundo y primer hijo respectivamente, hasta la actualidad, 34 años más tarde. La historia nos la cuenta Larry, quien va recordando los años pasados junto a sus amigos, los malos momentos, los buenos, las ilusiones y esperanzas, los primeros logros... Las dos parejas se reencuentran en la casa de veranero de los Lang en Vermont, un paraje idílico, lejos de la civilización, en un fin de semana que será el último que pasen los cuatro juntos.

Uno de los maravillosos bosques de Vermont donde podría encontrarse la casa de veraneo de los Lang

La novela transcurre a un ritmo sosegado y algo nostálgico, ya que es el propio Larry quien nos cuenta desde la edad madura sus recuerdos de juventud, con mucha añoranza y cariño hacia esos tiempos pasados. Esos momentos que no se sabían disfrutar al cien por cien, y que solo se disfrutan de verdad cuando ya han pasado. Esas grandes decepciones que con los años se relativizan y se ve que no eran para tanto, esos grandes momentos de alegría, incluso las desgracias con el tiempo llegan a atemperarse. Se nota mucho que se trata de la última novela que escribió Stegner cuando era ya anciano (con 84 años) por esa sabiduría que da  la edad, y que narra muchas vivencias personales. Él también fue profesor de Literatura en la Universidad de Wisconsin, y su gran amor por la naturaleza se ve reflejado en preciosos pasajes descriptivos de los inmensos bosques del estado de Vermont. Ese tono nostálgico, aunque no triste, sino más bien de cariño. incluso un tanto paternalista hacia uno mismo por no haber sabido disfrutar en su momento de la juventud y de los buenos momentos, siempre preocupados por algo, por el trabajo, por la falta de trabajo, por la llegada de hijos, por la casa, por la familia, por los amigos... Con el tiempo todas esas angustias se ven como lo que son, el día a día, la cotidianeidad de una vida humana, aunque cuando se viven sea imposible verlas de ese modo. Otra cosa que me ha gustado especialmente es la manera de escribir de Stegner, sus descripciones de la naturaleza son tan vivas que realmente nos mete entre los bosques de Vermont, nos hace sentir y respirar junto a sus personjes en el ambiente académico de Madison y viajamos con ellos a una Florencia mágica (con una escena realmente llena de magia, temprano por la mañana, contemplada por Larry y Sally desde el balcón de su cuarto), mucho más para ellos, americanos cultos y soñadores que ven en este viaje un retorno al germen de toda la cultura occidental. Parece que cuando leemos literatura norteamericana todo es Nueva York o California, y en ese sentido, me ha gustado mucho poder conocer otros dos estados nuevos: Vermont y Wisconsin, especialmente el primero con sus inmensos espacios naturales.

Universidad de Wisconsin

El libro es ante todo un relato vital, cómo uno trata de salir adelante, de luchar por sus sueños, aunque lo más habitual es que estos se vayan rompiendo o transformando por el camino. Un ensalzamiento de la amistad, en este caso, de largo recorrido. Y esencialmente, se trata de un relato que si bien nos sitúa en varios contextos históricos interesantes, como la Gran Depresión, la Guerra Civil española, la llegada al poder de Hitler y Stalin, la II Guerra Mundial... se tratan solo de eso, de contextos, ya que lo importante son los cuatro personajes, cada uno con su personalidad y anhelos, y cada pareja con su propia personalidad de dos. Además, al tratarse de dos profesores universitarios y de sus cultísimas esposas, la novela está salpicada de poemas y referencias a escritores y poetas, conversaciones intelectuales que tienen entre sí los protagonistas, viajes, arte... He disfrutado mucho de sus conversaciones y teorías sobre la vida y la cultura, de sus veladas escuchando música y cantando, de sus picnics... Me he sentido como una más. Para mí ha sido una autentica delicia disfrutar de la maravillosa manera de narrar de Stegner, conocer a Charity, Sally, Sid y Larry, a los que he sentido como a amigos muy cercanos, y de los que me ha costado mucho despedirme al terminar el libro.

Wallace Stegner


Wallace Earle Stegner nació en 1903 en Lake Mills (Iowa) y falleció en 1993, además de novelista, fue historiador, biógrafo y ensayista y se le considera "el decano de los escritores del Oeste". Hijo de inmigrantes escandinavos, vivió en distintos puntos del Oeste americano antes de asentarse en Salt Lake City. Fue profesor de Literatura en distintas universidades, entre ellas la de Wisconsin (al igual que los protagonistas del libro) hasta instalarse definitivamente en Stanford, donde pondría en marcha una de las escuelas de escritura más importantes del país en la que estudiarían autores tan célebres como Raymond Carver o Ken Kesey. Fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente y participó en varias campañas por la defensa de la naturaleza y con organizaciones como la red de parques de EEUU o la Wilderness Society, algo que en esta novela se nota intensamente en sus descripciones sensoriales de los bosques de Vermont. Recibió entre otros galardones la Commonwealth Club Gold Medal, el Premio Pulitzer por Ángulo de Reposo y el National Book Award por El pájaro espectador. Stegner murió a  los 90 años a causa de las lesiones que sufrió tras un accidente de coche en Santa Fé (Nuevo México), ciudad en la que se encontraba para dar una conferencia.

viernes, 24 de febrero de 2012

Fotografías de Lewis Hine y pinturas de Odilon Redon en la Fundación Mapfre. Firma de libros de Paul Auster

Niño de la calle (1910)

Comienza la temporada de exposiciones imprescindibles en Madrid, como la de Marc Chagall, de la que de momento sólo he visto la mitad que tienen en la Fundación Caja Madrid. En cuanto vea la otra parte del Museo Thyssen os comentaré aquí qué me ha parecido, aunque puedo adelantaros ya que es una auténtica maravilla y quien pueda no debería perdérsela. La muestra fotográfica de Lewis Hine que nos trae la Fundación Mapfre es otra imprescindible, especialmente para todos aquellos que amamos la fotografía. En mi caso, además, se trata de uno de esos fotógrafos-icono que tengo siempre en mente y que me entusiasma contemplar una y otra vez.

Patio de juegos en un pueblo industrial (1909)

Lewis Hine nació en Wisconsin en 1974 y murió en Nueva York en 1940, sus fotografías son ya todo un clásico, algunas de ellas os sonarán sin duda. Precursor de muchos otros que vinieron después (como por ejemplo Walker Evans), sus imágenes fueron un instrumento de denuncia y concienciación social sobre las penosas condiciones laborales y económicas en las que vivían muchos en la época, haciendo especial hincapié en la explotación infantil.

Niño recolector de algodón (1913)

La muestra está compuesta por unas 170 fotografías, en su mayoría vintage, procedentes de la George Eastman House. Podemos hacer un viaje a través de ellas desde sus primeras imágenes, tomadas de forma autodidacta con una sencilla cámara de fuelle, con la que retrató la llegada de inmigrantes a la isla de Ellis a principios del siglo XX. Allí se encontraba uno de los centros de recepción de inmigrantes, y en estas imágenes de pobreza, miedo y desesperación, podemos encontrar algo que será una constante en su fotografía: el respeto y la humanización de sus retratados, captando al individuo que hay detrás de cada situación que quería denunciar.

Familia italiana buscando equipaje perdido (1905)

En 1908 decidió dejar la enseñanza para dedicarse plenamente a la fotografía y denunciar las condiciones tan precarias en las que la gran depresión del 29 había sumido a muchos. De la llegada de los inmigrantes pasó a sus viviendas míseras e insalubres en las que se hacinaban familias enteras, así como las condiciones infrahumanas en las que tenían que trabajar para poder salir adelante.

Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas (1909)

Comenzó a trabajar como fotógrafo oficial para la National Child Labor Committee, una organización creada para combatir el empleo infantil. Durante esos años se dedicó a documentar el trabajo infantil en campos, minas, fábricas, como recolectores de algodón, vendiendo periódicos... Reconozco que mis favoritas han sido las abundantes imágenes dedicadas a los niños, a pesar de su miseria, de las duras condiciones de trabajo y de vida que llevaban todos ellos tienen un destello de esperanza y optimismo en su mirada, una valentía y coraje que Hine supo retratar muy bien.

Niño de una casa de vecindad, Chicago 1910
Tras la I Guerra Mundial Hine viajó a Europa para dejar constancia de las duras condiciones de vida de los refugiados y las consecuencias de la guerra, lo que ayudó a la Cruz Roja a obtener las subvenciones necesarias para darles ayuda humanitaria. Allí los niños vuelven a ser el centro de muchas de sus imágenes, pequeños vagabundos que malviven en las calles de las ciudades.

Golfillo de París (1918)

De vuelta de su primera y única experiencia europea, regresa a Nueva York, donde volvió su mirada al mundo del trabajo, pero esta vez para retratar su cara más amable: el trabajo como un elemento que dignifica al ser humano, en una exaltación del trabajo y los trabajadores, en medio de una auténtica revolución industrial en la que la máquina no es nada sin el trabajo del hombre.

Mecánico en una bomba de vapor de una central eléctrica (1920)

Esta serie dedicada al trabajo culminaría con sus popularísimas imágenes sobre la construcción del Empire State de Nueva York, en las que, para tomar algunas de las espectaculares imágenes, no dudó en hacerse descolgar a 400 metros de altura.

Ícaro sobre el Empire State Building (1931)

En los últimos años de su vida, los cambios sociales y políticos hicieron que su trabajo quedase en cierto modo obsoleto, teniendo cada vez menos encargos, por lo que acabaría dependiendo de la beneficencia. Las ayudas sociales ya no dependían de la buena voluntad de las donaciones privadas, motivadas muchas veces por las fotografías que tomaba Hine, sino que ese papel comenzaron a llevarlo a cabo las agencias gubernamentales del New Deal. A pesar de que trató de seguir en activo como freelance, y de que en 1939 se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Riverside Museum de Nueva York, en la que se le reivindicaba como fotógrafo visionario e innovador, en 1940 murió en la más absoluta pobreza.

Esperando a que abra el dispensario. Distrito de Hull House, Chicago (1910)

La muestra puede verse hasta el 29 de abril en la Fundación Mapfre (paseo de Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábados de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas. Además, hasta la misma fecha puede verse también en la misma Fundación la muestra Odilon Redon (1840-1916), una interesante retrospectiva sobre este pintor, menos masivamente conocido que sus contemporáneos los impresionistas, totalmente original y alejado de ellos. 

Araña sonriente (1881)

Precursor de los movimientos surrealistas, de la utilización del subconsciente y de lo onírico, muy influenciado por Goya o por los relatos oscuros de Edgar Allan Poe, es a su vez influencia clave para los simbolistas y los nabis. Podemos ver 170 obras procedentes del Musée d'Orsay, el Gemeentemuseum de La Haya, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Museo de Bellas Artes de Burdeos, el Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe y de colecciones particulares. Podéis ver más de ambas exposiciones en este vídeo.





Y aunque os hablaré más extensamente de ello cuando haga la reseña (estoy segura de que no voy a tardar mucho, estoy deseando devorar el libro), no puedo dejar de haceros un adelanto de la firma de libros que tuvo lugar ayer en Fnac Castellana con... ¡PAUL AUSTER! Estoy emocionadísima, de hecho, lo primero que he hecho esta mañana al levantarme ha sido comprobar que seguía ahí la firma. Además de tener mi ejemplar de Diario de invierno, su última novela, firmada, pude disfrutar de toda la ambientación neoyorquina que organizaron en la tienda. Hay que decir que Fnac se portó fenomenal, además de una banda de jazz en directo, repartieron durante toda la tarde pastelería con un aire muy neoyorquino (muffins, cookies, tarta de manzana...), lo que se agradecía después de las más de dos horas de cola que nos tocó esperar, y que en mi caso por lo menos, valieron realmente la pena.

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Paul Auster firmando mi libro

sábado, 14 de mayo de 2011

'Agua para elefantes' de Sara Gruen


Título: Agua para elefantes (Water for elephants)
Autor: Sara Gruen
Editorial: Punto de lectura (noviembre 2008)
Año de publicación: 2006
Páginas: 534
Precio: 9,95 euros

Parece que por fin se han solucionado los problemas que ha habido con Blogger en las últimas horas, y que nos han tenido en vilo a unos cuantos. He podido recuperar la reseña que publiqué el miércoles y otra que tenía en borrador y que habían desaparecido. Eso si, parece ser que algunos comentarios han desaparecido irremediablemente, y os pido perdón por ello. Esperemos que esto no vuelva a suceder. Os dejo a continuación la reseña que estaba pervisto que apareciera el viernes, y que os dejo tal y como tenía pensado publicarla. Disfrutad del fin de semana, y feliz San Isidro para los que estéis en Madrid.


¡Cómo me gusta que un libro me guste! Que me atrape desde la primera hasta la última página, disfrutarlo y vivirlo, sentir que los personajes son reales y querer que todo acabe bien para ellos, como si les conociese de verdad. Agua para elefantes de la canadiense Sara Gruen me ha producido esas sensaciones y muchas más. Conocí este libro a través de la magnífica reseña que hizo Isi en su blog, y supe que lo quería, terminé de animarme al ver que había salido ya en cines la película y me decidí a leerlo antes de ver el film. La película está protagonizada por Robert Pattinson, Reese Whitterspoon y Christoph Waltz, y está dirigida por Francis Lawrence (Constantine, Soy Leyenda). Yo aún no la he visto, aunque ahora que ya he leído el libro lo haré, os dejo el trailer a continuación por si os animáis.


Agua para elefantes nos mete de lleno en la vida de un circo de los años 30 del siglo XX, en plena Depresión, cuando la falta de trabajo, el hambre y la desesperación por la gran crisis económica asolaban EEUU (Os suena familiar ¿verdad?). Jacob es un joven estudiante de veterinaria que ha visto cómo muchos de sus compañeros han tenido que ir abandonando las clases porque sus padres, completamente arruinados, no pueden seguir pagándoles la Universidad. Un día, los padres de Jacob mueren en un accidente de coche, y este se da cuenta de que la crisis también les ha alcanzado a ellos, ya que no les queda nada. El dinero, la casa, todo lo que tenían se lo va a quedar un banco. Desesperado, Jacob se marcha de la Universidad antes de terminar sus exámenes finales y termina en un circo. Este se desplaza por todo EEUU en un tren de su propiedad, que les sirve de transporte y de alojamiento. Allí, conseguirá hacerse un hueco como veterinario de los pobres animales que tienen que sufrir muchas veces el hambre y los malos tratos, y conocerá a Marlena, una de las artistas del circo, que hace un asombroso número de equilibrio con los caballos. Pero también conocerá al terrible August, el posesivo y desequilibrado marido de Marlena. Alrededor de todos ellos se moverán un sinfín de personajes a cual más atrayente, como el enano Walter y su perrita Queenie, Barbara la de la carpa del placer... o la elefanta Rosie. A pesar de tratarse de una edición de bolsillo con un precio bastante asequible, incluye unas preciosas fotografías de circos de la época que la autora ha rescatado de diferentes museos y archivos y que nos ayudan a imaginarnos mejor todo ese mundo.
 Tegge Circus Archives, Baraboo, Wisconsin

La historia está dividida en dos partes, y los capítulos se van alternando. Por un lado, tenemos a Jacob anciano, con más de 90 años, esperando en una residencia que sus familiares le lleven al circo, con lo que se activan todos sus recuerdos de juventud. Por otro, tenemos la historia del joven Jacob contada por él mismo. Ambas partes se van entrecruzando, al igual que los recuerdos del anciano. Lo mejor del libro es cómo consigue meternos de lleno en ese mundo, podemos oler el algodón de azúcar que preparan en las casetas del circo, oímos a los animales, sentimos todo como si fuese real. Aunque en principio no os interese el circo, este libro consigue que si lo haga, por sus asombrosos personajes y las situaciones que viven. Además, asistimos a una época muy dura, la Gran Depresión que puede recordarnos en muchos aspectos a lo que se está viviendo con la crisis actual. Por último, el libro destila un gran amor por los animales, ya que tanto Jacob como Marlena hacen todo lo posible para que sus condiciones sean lo menos duras posibles, y los animales que aparecen en el libro son realmente importantes para la trama: el caballo Silver Star, el león Rex, el mono Bobo y especialmente la elefanta Rosie. Personalmente ya os digo que estoy totalmente en contra de que haya animales en los circos, de hecho, es el motivo principal por el que no voy desde que era pequeña, entonces por supuesto que me gustaba. Creo que es muy cruel adiestrar a un animal, muchas veces con violencia para que haga cosas para las que no está preparado por su naturaleza, un animal es un ser vivo, no una atracción. Aunque parezca mentira por lo mucho que me ha gustado el libro, tengo una pega que ponerle, y es que está escrito en presente. No sé por qué, pero en la parte de Jacob anciano no me ha chocado tanto, pero al rememorar su juventud, si que se me hacía raro ese tiempo presente en vez de utilizar el pasado, lo que me ha ralentizado un poco la lectura hasta que me he acostumbrado, pero esto ya son pequeñas manías personales.

viernes, 29 de octubre de 2010

Cuatro hermanas de Jetta Carleton

Gracias al concurso que organizó Sonia en su blog El rincón del libro (¡gracias Sonia!), que tuve la suerte de ganar, he podido leer una de esas novelas que no se olvidan fácilmente: Cuatro hermanas de Jetta Carleton. Una vez más, el cambio de título no le hace justicia al libro, y podrá disuadir a algunos lectores, especialmente masculinos, porque no, no se trata de una historia de chicas, ni de una almibarada novela. El libro en realidad se titula Moonflower Vine, unas flores que se abren sólo de noche, y que en el libro traducen como Damas de noche, yo las he conocido siempre como Don Diego de Noche. La familia Soames, protagonista del libro, ha ido desperdigándose con el tiempo, pero todos los veranos se reunen en la granja familiar, una bucólica propiedad entre bosques situada en Missouri (EE.UU.). Allí, se ha convertido en tradición el ver todos juntos cómo se abren éstas flores por la noche.

 Como digo, las protagonistas no son sólo las cuatro hermanas, también sus padres Callie y Mathew, y los dos nietos, Peter y Soames. La estructura del libro nos invita a conocer a la familia a través de cada uno de sus personajes, ya que cada capítulo se centra en uno de ellos, hay incluso acontecimientos que vivimos a través de los ojos de diferentes miembros de la familia. La novela comprende un amplio periodo de tiempo, desde finales del siglo XIX, cuando Callie y Mathew se conocieron de jóvenes, pasando por la Gran Depresión, hasta llegar a la guerra de Corea a la que va a ir el nieto más pequeño, Soames. Cada capítulo constituye una pequeña pieza de ésta historia que vamos reconstruyendo poco a poco. Desde la hija mayor, Jessica, que se rebela ante las ideas anticuadas de sus padres; Leonie, responsable y obediente, cuidando siempre a sus padres y desatendiendo de éste modo lo que ella realmente quiere hacer de su vida; Mathy, la más inteligente e independiente, siempre disgustando a sus padres con sus ocurrencias; y Mary Jo, la pequeña que se fue de la granja para trabajar en televisión en Nueva York. Hasta los padres, Mathew, un profesor de escuela insatisfecho con su esposa analfabeta, quien no puede evitar ir detrás de todas las jovencitas que se cruzan en su camino, y vive pendiente de la culpa y el remordimiento. Sin embargo, lo que no sabe Mathew es que su mujer Callie, siempre abnegada y perdonando sus infidelidades, tiene un secreto mucho mayor que ocultar. Y alrededor de todos ellos una serie de personajes a los que se les quiere nada más conocerles: como Tom, un jornalero que viaja de un lado para otro buscando trabajo en las granjas; o Ed, uno de los alumnos de la escuela que más quebraderos de cabeza da a Mathew con sus gamberradas. El libro es una auténtica maravilla, tiene momentos muy divertidos, aunque también otros muy dramáticos (he llorado a mares dos veces con él).

Jetta Carleton supo transmitir muy bien lo que era el medio rural estadounidense, un medio que conocía a la perfección ya que ella misma se crió en la granja de sus padres en Missouri con sus hermanas. Lo curioso es que Cuatro hermanas, publicada en 1962, fue su única novela. Los paisajes que nos describe la autora, sin llegar a hacerse pesadas las descripciones, son simplemente fabulosos, realmente nos arrastra hasta los ríos, bosques, flores, árboles y pequeños animales que rodean la granja. Sus personajes son además de carne y hueso, todos ellos, como nos sucede a la mayoría, comienzan con unos sueños y expectativas en la vida, que luego no se van cumpliendo o que se van cambiando por otros. Todos tienen sus defectos y sus virtudes, sus pequeños secretos. Me encantaría poder convenceros de que leyerais ésta novela: su lectura es ágil, pero a la vez está muy bien escrita, es divertida y dramática a la vez, y al pasar la última hoja, da pena pensar que tienes que decir adiós a una familia que has hecho tuya.