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viernes, 20 de julio de 2012

'William Blake (1757-1827). Visiones en el arte británico' en Caixaforum



Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito. 
(El matrimonio del cielo y el infierno, William Blake)

Esta es una de esas exposiciones que, en cuando supe que iban a inaugurar tenía ganas de ver. No sé si recordaréis esta entrada en la que hablaba del libro de poemas Canciones de Inocencia y de Experiencia del genial poeta inglés William Blake, un libro que me gustó muchísimo y con el que descubrí por primera vez la faceta también de pintor, dibujante y grabador del artista. Caixaforum nos da la oportunidad de admirar el trabajo de William Blake a través de un centenar de obras, tanto del propio Blake como de destacados artistas británicos que se vieron posteriormente influenciados por él.

Pintura al temple ilustrando el Libro de Job

La muestra ha sido organizada en colaboración con la Tate Britain y supone una oportunidad única para poder contemplar unas obras visionarias, originales y muy adelantadas a su tiempo, tanto, que en vida Blake no alcanzó la fama como pintor y apenas pudo vivir de ello, ya que el público no comprendía sus complejas creaciones llenas de simbolismo y de un universo y mitología propios, rechazando sus creaciones por "absurdas y de mal gusto". Entre muchas de las cosas originales que tenía el trabajo de William Blake se encontraba el hecho de que sus creaciones partían de su imaginación, y no de lo que observara en el exterior. Desde muy pequeño comenzó a tener visiones que le acompañarían durante toda su vida y que servirían de inspiración para sus obras. Por ejemplo, con nueve años aseguraba haber visto un árbol lleno de ángeles. Su particular universo se centra principalmente en la eterna lucha del bien y el mal.

La noche del júbilo de Enitharmon (anteriormente conocida como Hécate) (1795-1805) 

Aunque en su momento sus obras no gustaron al gran público, con el tiempo fue reconocida su creatividad, convirtiéndose en uno de los artistas británicos más completos e influyentes. Especialmente influyó en la obra de los Antiguos, los prerrafaelitas y los simbolistas (Watts, Rossetti, John Linnell o Gilchrist); también a los pintores neorrománticos ingleses (Cecil Collins, John Piper, Ceri Richards o Graham Sutherland). Al final de la muestra puede verse una selección de cuadros de algunos de estos artistas y comprobar así la huella que dejó Blake en generaciones posteriores.

Tirania, Oberón y Puck bailando con las hadas (1786)

No solo la forma de pintar fue nueva y rebelde, también su actitud ante la vida, ya que a través de sus grabados, pinturas y poemas, Blake criticó y denunció los grandes males de su época, sin dejar ni un solo estamento fuera: política, sociedad o religión. Blake mantuvo una postura revolucionaria contra todos los valores y poderes establecidos, y defendió la libertad individual. A través de su obra interpretó los grandes acontecimientos de su época: la Revolución francesa, las guerras napoleónicas y la guerra de la Independencia de EEUU. Además, aplicó nuevos procedimientos artísticos como la pintura al temple y técnicas personales como el grabado en color que convertía cada obra en una pieza única.
¿Puedo contemplar la desdicha ajena,
y no sentir pena igualmente?
¿Puedo contemplar la angustia de otro
y no buscarle alivio bondadoso?

¿Puedo ver una lágrima cayendo
y no sentir mi parte de desdicha?
¿Puede un padre ver a su hijo
llorar, y no llenarse de congoja?



(Fragmento de Sobre la desdicha ajena de Cantos de Inocencia)
Elohim crea a Adán (1795-1805)


Su temática es también muy personal, ya que Blake creó su propio sistema cosmológico para transportar al espectador a un reino mítico donde las fuerzas del bien y del mal conviven en un conflicto eterno. Muchos de sus cuadros requieren de una explicación para poder entender qué estamos viendo realmente, algo que se hace en la muestra, ya que las obras tienen sus respectivos carteles con explicaciones sobre el tema del cuadro. A pesar de ello, la propia belleza de las obras es muchas veces más que suficiente, y sobran las aclaraciones. 


Satán en su gloria original: "Perfecto eras hasta que se halló en ti maldad" (1805)

La muestra está dividida en varios ámbitos que van desde sus primeros grabados, sus Libros proféticos, los grandes grabados en color, escenas de la Biblia y la pintura al temple, dibujos para el Libro de Job y la Divina Comedia de Dante y los Libros iluminados, para terminar con la influencia que ejerció en  en los prerrafaelitas, los simbolistas y los neorrománticos ingleses. La obra de William Blake hay que verla como una globalidad, es por ello que sus poesías y sus ilustraciones van casi siempre de la mano, de manera indivisible. Por eso he incluido en esta entrada un par de poemas de su obra Cantos de Inocencia.

Joven del contento, ven hacia aquí
y contempla cómo la aurora se desvela
imagen de la verdad recién nacida.

La duda ha huido, y las nubes de la razón,
y oscuras disputas, y mañas arteras.
La locura es maravilla sin término,
intrincadas raíces enredan sus caminos.

¡Cuántos han caído allí!
Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos,
y sienten un no sé qué, mas se preocupan,
y desean guiar a otros cuando ellos son quienes deberían ser guiados.


(La voz del bardo antiguo de Cantos de Inocencia)
    William Blake en un retrato de Thomas Phillips (1807)

    La muestra (gratuita) puede verse hasta el 21 de octubre en Caixaforum (Paseo del Prado, 36) de lunes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas. Si podéis, no dejéis de visitarla, ya que es una excelente manera de unir arte y literatura y conocer de cerca la obra de uno de los artistas ingleses más completos que han existido. ¡Feliz fin de semana!

    viernes, 13 de julio de 2012

    Expresionismo alemán: 'Ernst Ludwig Kirchner' en la Fundación Mapfre Vida. Recoletos

    Bañistas en la playa (Fehmarn), 1913

    Uno de mis movimientos pictóricos favoritos es el expresionismo, así que en cuanto inauguraron esta muestra dedicada íntegramente a uno de los padres del movimiento, allá por mayo, fui inmediatamente a verla. He tardado bastante en hablar de ella, lo sé, el ritmo del blog está siendo más pausado este verano, algo que necesito, no imponerme fechas ni plazos, escribir solo cuando me apetece. No exagero cuando os digo que se trata de una de las muestras imprescindibles entre las que hay ahora en Madrid. No en vano, se trata de una oportunidad única, ya que es la primera vez que se expone en España una muestra dedicada en exclusiva a él. Sé que la de Hopper en el Thyssen está teniendo mucha más repercusión (aún no la he visto porque no es un pintor que me entusiasme especialmente, aunque espero hacerlo en breve). Aún así, yo me quedo con Kirchner, la fuerza y la expresividad del color en sus cuadros, su asombrosa evolución a lo largo de los años y sus figuras casi tribales.

    El juicio de Paris, 1912-13

    La muestra nos ofrece la oportunidad de ver 153 obras entre óleos, esculturas y obras sobre papel, así como 35 copias de fotografías tomadas por Kirchner, procedentes de distintos museos y colecciones privadas de todo el mundo. Ernst Ludwig Kirchner nació en Aschaffenburg (Alemania) el 6 de mayo de 1880 y murió en Frauenkirch (Suiza) el 15 de junio de 1938. Kirchner se marchó a Dresde a estudiar arquitectura y allí fue donde, junto a otros tres estudiantes de la Escuela técnica superior de Dresde (Erich Heckel, Fritz Bleys y Karl Schmidt-Rottluff), fundaron el grupo expresionista Die Brücke (El Puente) en 1905. El movimiento se basaba en la experimentación y la innovación, así como en una firme protesta contra el academicismo. Sus pinturas estaban formadas por colores puros, formas planas sin apenas volumen, figuras sencillas de gran colorido y contornos bien marcados, inspirados en el arte primitivo y en el fauvismo francés. Más tarde se unirían al grupo Max Hermann Pechstein, Emil Nolde y Otto Müller.
    "Pertenece a nuestro grupo todo aquel que refleja directamente y sin falseamientos lo que le impele a crear"
    Casas de Fehmarn, 1908

    Die Brücke se disolvería definitivamente en 1913, ya en 1911 Kirchner se trasladó a Berlín donde pudo ejercitar temas nuevos como el ajetreo de una gran ciudad, los avances industriales, las diferencias sociales o la prostitución callejera. Su pintura se vio también influenciada por la atmósfera agitada de los años previos al estallido de la I Guerra Mundial con pinceladas nerviosas y un estridente colorido. 

    Tres bañistas entre las piedras 1913

    Kirchner ya contaba en esa época con el reconocimiento y el éxito como artista, pero en 1914 con el estallido de la I Guerra Mundial, su salud previamente deteriorada por el intenso trabajo y el abuso del alcohol y los somníferos, se agravó al ser movilizado. El artista sufrió una grave crisis nerviosa durante su instrucción como soldado siendo declarado inútil para el servicio. Fue internado en numerosas ocasiones en varios sanatorios, a pesar de lo cual, no dejó de pintar en ningún momento. 

    Mujeres bañándose (tríptico lienzo central), 1914-15 y 1925


    Tras ser internado en varios sanatorios, su salud mental no mejoró agravándose a causa de un atropello. Decidió entonces buscar la tranquilidad de las montañas suizas y se trasladó a Davos, donde se centró en la plasmación de paisajes, y la recreación de la vida de los campesinos y la naturaleza, volviéndose su pincelada más relajada y comenzando a yuxtaponer colores.


    Vida alpina (tríptico, lienzo central), 1917-1919
    El valle del Sertig en otoño, 1925-1926

    A pesar de su aparente aislacionismo, Kirchner no dejó de estar al día de lo que se cocía en cuanto al panorama artístico de su época, y de este modo, su obra se vio influenciada por la de Picasso, Léger y Le Corbusier, volviéndose sus cuadros cada vez más hacia figuras más abstractas y geométricas.  Es esta la parte que más me impresionó de la exposición, cómo su estilo, antes dentro de un contexto y un movimiento como el expresionista, se vuelve en esta etapa totalmente personal y fácilmente reconocible: con figuras rotundas de colores planos y con una gran fuerza expresiva del color.

    Gran pareja de enamorados (matrimonio Hembus), 1930
    Kirchner siguió con preocupación y horror el ascenso del nazismo en Alemania, de hecho, en1937 los nazis confiscaron sus obras al tacharlas de arte degenerado y retiraron 639 obras suyas de museos. La anexión de Austria a Alemania le llevó a creer que podría producirse una invasión a Suiza, esos temores, unidos a sus problemas personales, mentales y de salud, le hicieron destruir varias de sus obras, y el 15 de junio de 1938 se suicidó en Frauenkirch, cerca de Davos. Su tumba se encuentra en el cementerio del bosque de Davos, en el lugar donde residió durante gran parte de su vida. 

    Pareja de acróbatas (escultura), 1932-33

    Una última parte de la muestra está dedicada a las fotografías que Kirchner sacó a lo largo de su vida, muchas de ellas con afán documental, otras, como recordatorio de escenas y paisajes que posteriormente plasmaría en sus cuadros.

    Retrato de Franzi Fehrmann, Dresde 1910

    Autorretrato en el taller, 1913-15

    La muestra puede verse hasta el 2 de septiembre en la Fundación Mapfre Vida Recoletos (paseo Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábado de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas, siendo la entrada gratuita. Creo que es una oportunidad única de poder ver a un artista tan completo, padre de uno de los movimientos que más han influenciado posteriormente a otros artistas, y cuyas obras siguen teniendo una gran vigencia y modernidad hoy en día, no os la perdáis si tenéis la oportunidad de verla. ¡Feliz fin de semana!

    viernes, 2 de marzo de 2012

    Retrospectiva de Marc Chagall en el Museo Thyssen-Bornemisza y en la Fundación Caja Madrid

    El violinista (1912-1913)


    Ya os comenté la semana pasada que había visto la mitad de la muestra dedicada a Marc Chagall que tienen en la Fundación Caja Madrid, ahora, tras haberla completado con la visita al Museo Thyssen, os puedo asegurar que esta va a ser una de las exposiciones imprescindibles del año, algo que, si os gusta el arte no podéis perderos bajo ningún concepto. Marc Chagall es único, con el color, el dibujo y una fuerte carga simbólica como señas de identidad, sus cuadros son claramente reconocibles. Esta retrospectiva a su obra, la mayor que ha habido hasta el momento en España, recoge 169 obras procedentes de colecciones privadas y de los mejores museos y galerías de todo el mundo. Cada cuadro de Chagall es como un gran sueño con pequeños detalles, tanto que podríamos quedarnos contemplando cada cuadro horas y horas y seguir descubriendo pequeños guiños, gestos o personajes en él.


    Sueño de una noche de verano (1913)

    La muestra se estructura de manera cronológica, comenzamos en el Thyssen con El camino de la poesía, desde sus inicios en Rusia y sus primeros años en París hasta su exilio forzoso en Estados Unidos, así como su experiencia en la Rusia Revolucionaria y su regreso a Francia en los años 20, en un periodo que comprende de 1909 a 1947. En esta primera parte la fuerza de las tradiciones, lo sagrado, el mundo onírico, los cuentos, la biblia, la guerra y el Éxodo, son los temas recurrentes. La primera sala nos introduce en Rusia: fuentes y tradiciones, Marc Chagall nació en 1887 en Vitebsk (Bielorrusia), una población con una importante comunidad judía. Esa infancia feliz, llena de tradiciones, ritos, sentido de comunidad y familia, legado ruso y judío, impregnará su obra durante toda su vida. En 1907 Chagall se trasladó a San Petersburgo para estudiar en la escuela de la Sociedad de Patrocinadores del Arte, una vez conseguido cierto reconocimiento como artista, se trasladó a París, al bohemio barrio de Montparnasse, donde la vida cultural y artística bullía en aquel momento.

    Entre perro y lobo (1938-1943)

    A continuación, asistimos a Tradición y ruptura, donde podemos ver cómo toma la tradición pictórica para romper con ella y crear algo nuevo, algo que será su sello de identidad. Los años de París significan para Chagall un aprendizaje y un enraizamiento aún más profundo con su pueblo natal, al que añora profundamente. Lo sagrado y la poesía serán dos constantes en su obra, la religión siempre ocupará un papel importante en ella, la poesía será el otro eje vertebrador, siendo él mismo poeta y codeándose con los escritores más relevantes de la época como Apollinaire, Breton o Malraux.

    El poeta tumbado (1915)

    El sueño y la realidad es otra de las dualidades, quizá la más importante, de los cuadros de Chagall. Las obras presentan en principio un tema realista que, con poco que observemos, se descompone y deja paso a un mundo onírico y surrealista lleno de magia. La luz del color investiga en las tonalidades tan personales y fuertes que usa el artista, predominando los rojos y azules intensos. Siempre influenciado por su infancia, los Cuentos y fábulas aparecen una y otra vez reflejados en sus obras, resulta un lujo poder contemplar los maravillosos grabados que realizó para ilustrar la extraordinaria novela Almas Muertas de Gógol o las Fábulas de La Fontaine. Otra de sus grandes aportaciones a la ilustración fueron las que hizo de la Biblia que realizó tras un viaje a Palestina que le marcaría profundamente. Lo sobrenatural viene en este caso muy unido a su faceta religiosa.

    La casa azul (1917-1920)


    La guerra y el éxodo: con una vida tan longeva como la suya (murió a los 98 años en Francia) Chagall vivió las dos guerras mundiales, la Revolución Rusa y un sin número de conflictos que terminaban siempre con el éxodo y el sufrimiento de la población. En 1914 regresa a su pueblo natal donde se casa con Bella Rosenferld con quien tiene a su hija Ida. Permanecería durante la Primera Guerra Mundial en Vitebsk, para posteriormente participar de manera activa en la Revolución rusa. El Ministro de Cultura Soviética lo nombró Comisario de Arte para la región de Vitebsk, donde fundó una escuela de arte. Sin embargo, no supo desenvolverse dentro del complejo sistema soviético, por lo que terminó por mudarse a Moscú y regresando finalmente a París en 1923. 


    La virgen de la aldea (1938-1942)

    Con la ocupación alemana de Francia durante la II Guerra Mundial y la deportación de los judíos a los campos de exterminio nazis, Marc Chagall se vio obligado a marcharse de París y buscar refugio en Estados Unidos. Gracias al periodista estadounidense Varian Fry, pudo escapar de Francia a través de España y Portugal para instalarse en Estados Unidos. 

    Sobrevolando Vitebsk (sin fecha)


    Pasamos en este momento al edificio de la Fundación Caja Madrid donde continúa la muestra bajo el nombre de El gran juego del color, que se centra en la evolución artística posterior a 1950, con dos grandes temas: la Biblia y el Circo. Aquí encontramos grandes cuadros, escultura y cerámica, y obras más variadas. Al terminar la II Guerra Mundial, Chagall regresa con su familia a Francia y se instalan en el sur, en Vence, donde viviría hasta su muerte. Su obra ya no se circunscribe solo a los cuadros, sino que se amplía a vidrieras y teatros, como el techo de la ópera de París o murales para la Metropolitan Opera de Nueva York.

    Los tejados rojos (1953)

    Una parte importante y quizá menos conocida de su producción son sus bellas cerámicas y esculturas, de las que podemos ver una pequeña muestra. También experimenta con el negro, volviéndose más oscuras sus imágenes, aunque las Luces del Mediterráneo también serán otro camino expresivo, influenciado por la intensa luminosidad del lugar donde vive.

    Dos desnudos (1953)


    Destellos de la última obra, nos muestra las ultimas producciones del artista, quien no dejó en ningún momento de innovar y de experimentar tanto en técnicas como en temas. Los libros serán también una constante, una presencia que siempre ha estado muy ligada al propio Chagall, gracias también a su estrecha relación con los escritores de su época., que se traducirían en la producción de ilustraciones de libros, litografías y grabados.

    La guerra (1964-1966)

    El circo es uno de los grandes temas de esta última etapa, el color, el movimiento y vivacidad de este mundo en continuo trajín atraen al artista, quien plasma toda esa vida en un lienzo. A pesar de que su obra es muy vanguardista, es imposible adscribirle a una corriente concreta, Chagall es Chagall, y con esta exposición es algo que se ha querido mostrar, convivió con otros artistas pero siempre conservó su estilo único y personal.

    El circo rojo (1956-1960)

    Ambas muestras pueden verse hasta el 20 de mayo de 2012, en la Sala de exposiciones temporales del Museo Thyssen-Bornemisza de martes a domingo de 10 a 19 horas y los sábados de 10 a 23 horas, al precio de 9 euros; en la Sala de exposiciones temporales de la Fundación Caja Madrid de martes a domingo de 10 a 20 horas, con entrada gratuita. No siempre es así, pero en esta ocasión diría que ambas partes son imprescindibles, lo ideal sería ver las dos. Sin embargo, si lo que falta es tiempo, recomendaría ver la del Museo Thyssen, con obras más sobresalientes, aunque en la Fundación Caja Madrid sean más abundantes y abarquen un periodo de tiempo más amplio. Pero que no os detenga el tema económico, es cierto que la entrada en el Thyssen es algo cara, así que si es por un tema económico que nada os frene, en la Fundación Caja Madrid la entrada es gratuita y vale de verdad la pena perderse entre los cuadros de este genial artista, una oportunidad única de poder verlos en persona. Espero que hayáis disfrutado de la exposición (aunque sea virtualmente) y que los que podáis os animéis a verla. ¡Feliz fin de semana!

    viernes, 24 de febrero de 2012

    Fotografías de Lewis Hine y pinturas de Odilon Redon en la Fundación Mapfre. Firma de libros de Paul Auster

    Niño de la calle (1910)

    Comienza la temporada de exposiciones imprescindibles en Madrid, como la de Marc Chagall, de la que de momento sólo he visto la mitad que tienen en la Fundación Caja Madrid. En cuanto vea la otra parte del Museo Thyssen os comentaré aquí qué me ha parecido, aunque puedo adelantaros ya que es una auténtica maravilla y quien pueda no debería perdérsela. La muestra fotográfica de Lewis Hine que nos trae la Fundación Mapfre es otra imprescindible, especialmente para todos aquellos que amamos la fotografía. En mi caso, además, se trata de uno de esos fotógrafos-icono que tengo siempre en mente y que me entusiasma contemplar una y otra vez.

    Patio de juegos en un pueblo industrial (1909)

    Lewis Hine nació en Wisconsin en 1974 y murió en Nueva York en 1940, sus fotografías son ya todo un clásico, algunas de ellas os sonarán sin duda. Precursor de muchos otros que vinieron después (como por ejemplo Walker Evans), sus imágenes fueron un instrumento de denuncia y concienciación social sobre las penosas condiciones laborales y económicas en las que vivían muchos en la época, haciendo especial hincapié en la explotación infantil.

    Niño recolector de algodón (1913)

    La muestra está compuesta por unas 170 fotografías, en su mayoría vintage, procedentes de la George Eastman House. Podemos hacer un viaje a través de ellas desde sus primeras imágenes, tomadas de forma autodidacta con una sencilla cámara de fuelle, con la que retrató la llegada de inmigrantes a la isla de Ellis a principios del siglo XX. Allí se encontraba uno de los centros de recepción de inmigrantes, y en estas imágenes de pobreza, miedo y desesperación, podemos encontrar algo que será una constante en su fotografía: el respeto y la humanización de sus retratados, captando al individuo que hay detrás de cada situación que quería denunciar.

    Familia italiana buscando equipaje perdido (1905)

    En 1908 decidió dejar la enseñanza para dedicarse plenamente a la fotografía y denunciar las condiciones tan precarias en las que la gran depresión del 29 había sumido a muchos. De la llegada de los inmigrantes pasó a sus viviendas míseras e insalubres en las que se hacinaban familias enteras, así como las condiciones infrahumanas en las que tenían que trabajar para poder salir adelante.

    Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas (1909)

    Comenzó a trabajar como fotógrafo oficial para la National Child Labor Committee, una organización creada para combatir el empleo infantil. Durante esos años se dedicó a documentar el trabajo infantil en campos, minas, fábricas, como recolectores de algodón, vendiendo periódicos... Reconozco que mis favoritas han sido las abundantes imágenes dedicadas a los niños, a pesar de su miseria, de las duras condiciones de trabajo y de vida que llevaban todos ellos tienen un destello de esperanza y optimismo en su mirada, una valentía y coraje que Hine supo retratar muy bien.

    Niño de una casa de vecindad, Chicago 1910
    Tras la I Guerra Mundial Hine viajó a Europa para dejar constancia de las duras condiciones de vida de los refugiados y las consecuencias de la guerra, lo que ayudó a la Cruz Roja a obtener las subvenciones necesarias para darles ayuda humanitaria. Allí los niños vuelven a ser el centro de muchas de sus imágenes, pequeños vagabundos que malviven en las calles de las ciudades.

    Golfillo de París (1918)

    De vuelta de su primera y única experiencia europea, regresa a Nueva York, donde volvió su mirada al mundo del trabajo, pero esta vez para retratar su cara más amable: el trabajo como un elemento que dignifica al ser humano, en una exaltación del trabajo y los trabajadores, en medio de una auténtica revolución industrial en la que la máquina no es nada sin el trabajo del hombre.

    Mecánico en una bomba de vapor de una central eléctrica (1920)

    Esta serie dedicada al trabajo culminaría con sus popularísimas imágenes sobre la construcción del Empire State de Nueva York, en las que, para tomar algunas de las espectaculares imágenes, no dudó en hacerse descolgar a 400 metros de altura.

    Ícaro sobre el Empire State Building (1931)

    En los últimos años de su vida, los cambios sociales y políticos hicieron que su trabajo quedase en cierto modo obsoleto, teniendo cada vez menos encargos, por lo que acabaría dependiendo de la beneficencia. Las ayudas sociales ya no dependían de la buena voluntad de las donaciones privadas, motivadas muchas veces por las fotografías que tomaba Hine, sino que ese papel comenzaron a llevarlo a cabo las agencias gubernamentales del New Deal. A pesar de que trató de seguir en activo como freelance, y de que en 1939 se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Riverside Museum de Nueva York, en la que se le reivindicaba como fotógrafo visionario e innovador, en 1940 murió en la más absoluta pobreza.

    Esperando a que abra el dispensario. Distrito de Hull House, Chicago (1910)

    La muestra puede verse hasta el 29 de abril en la Fundación Mapfre (paseo de Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábados de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas. Además, hasta la misma fecha puede verse también en la misma Fundación la muestra Odilon Redon (1840-1916), una interesante retrospectiva sobre este pintor, menos masivamente conocido que sus contemporáneos los impresionistas, totalmente original y alejado de ellos. 

    Araña sonriente (1881)

    Precursor de los movimientos surrealistas, de la utilización del subconsciente y de lo onírico, muy influenciado por Goya o por los relatos oscuros de Edgar Allan Poe, es a su vez influencia clave para los simbolistas y los nabis. Podemos ver 170 obras procedentes del Musée d'Orsay, el Gemeentemuseum de La Haya, el Rijksmuseum de Ámsterdam, el Museo de Bellas Artes de Burdeos, el Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe y de colecciones particulares. Podéis ver más de ambas exposiciones en este vídeo.





    Y aunque os hablaré más extensamente de ello cuando haga la reseña (estoy segura de que no voy a tardar mucho, estoy deseando devorar el libro), no puedo dejar de haceros un adelanto de la firma de libros que tuvo lugar ayer en Fnac Castellana con... ¡PAUL AUSTER! Estoy emocionadísima, de hecho, lo primero que he hecho esta mañana al levantarme ha sido comprobar que seguía ahí la firma. Además de tener mi ejemplar de Diario de invierno, su última novela, firmada, pude disfrutar de toda la ambientación neoyorquina que organizaron en la tienda. Hay que decir que Fnac se portó fenomenal, además de una banda de jazz en directo, repartieron durante toda la tarde pastelería con un aire muy neoyorquino (muffins, cookies, tarta de manzana...), lo que se agradecía después de las más de dos horas de cola que nos tocó esperar, y que en mi caso por lo menos, valieron realmente la pena.

    Photobucket
    Paul Auster firmando mi libro

    miércoles, 23 de noviembre de 2011

    Un recorrido por la exposición 'Marino Marini. Más allá de la escultura' en el Conde Duque


    Me encanta el nuevo rumbo que ha tomado el Conde Duque, en cuanto a exposiciones se refiere, desde las obras de rehabilitación. Hace tiempo os hablé de la maravillosa exposición escultórica de Cornelis Zitman en este mismo lugar, y ahora nos traen otra muestra de escultura y pintura del no menos extraordinario artista italiano Marino Marini. 



    La muestra ha sido itinerante, y ha podido verse ya en Santiago de Compostela, Vigo, Valladolid y Murcia, terminando en Madrid desde donde volverá al Museo Marino Marini de Florencia a donde pertenecen. En Madrid puede verse hasta el 19 de febrero de 2012 en la sala 3 de exposiciones del Conde Duque (calle Conde Duque, 9) de martes a sábado de 10.30 a 21 horas y domingos y festivos de 10.30 a 14 horas, con entrada gratuita.


    Marino Marini nació en Pistoia en 1901 y murió en Milán en1980, está considerado uno de los mayores exponentes del arte moderno italiano del siglo XX, y ha influenciado poderosamente a muchos escultores de los siglos XX y XXI. Como podéis ver en la imagen superior, donde junto a los cuadros se reproduce una de sus citas "Yo no me inspiro en los etruscos, soy un etrusco", estuvo fuertemente influenciado por los etruscos, cuya cuna fue precisamente la Toscana donde nació el artista. En la muestra podemos admirar un total de setenta y cinco obras, en su mayor parte esculturas, aunque también  pinturas  y  dibujos, a través de las cuales podemos ir viendo su evolución artística.

     
    Sus pinturas están llenas de luz y color, y en ellas ya aparecen algunos de los temas que serían recurrentes en él a lo largo de los años: los caballos, jinetes, guerreros y las pomonas, la deidad etrusca símbolo de la fertilidad de la tierra. En el cuadro superior vemos otro de sus temas: el circo heredero de la tradición de la antigua Roma, con personajes en constante equilibrio.


    Son especialmente bellos sus bustos, donde se puede ver claramente esa influencia etrusca de la que hablábamos antes. En vez de recurrir a la idealización propia del arte griego y posteriormente del romano, Marini se centra en el realismo, en el detalle que hace que esa persona sea claramente reconocible, como hacían los etruscos.


    Ese gusto por representar a las personas tal y como son, sin embellecerlas, le trajo algún que otro problema, como con el pintor Marc Chagall, quien rompió totalmente su amistad con Marino tras ver el retrato que el artista había realizado de él y que podéis ver arriba. 


    Los caballos y jinetes son una de las obsesiones del artista, con ellos quiere representar esa unión entre el ser humano y el animal a lo largo de los siglos, cómo en lo más íntimo el ser humano no ha cambiado y sigue teniendo los mismo deseos y necesidades. En ellas el caballero muestra el coraje, el valor y la fuerza necesarias para dominar al caballo.


    Con la serie Milagros representa el dramatismo asociado al final el ser humano, entregado a un destino trágico. En esta etapa su figuración se transforma en una ligera abstracción.


    Sus estatuas de mujeres, influenciadas por las pomonas, la deidad etrusca símbolo de la fertilidad de la tierra, son una auténtica preciosidad. En ellas representa la feminidad, las amplias curvas y volúmenes asociadas a la fertilidad de la mujer y de la tierra.
     

    Por último, impresionan e ilustran esa evolución de la que os hablaba, las obras realizadas a raíz del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que marcó y afectó profundamente al artista. De hecho, su estudio fue destruido durante un bombardeo, por lo que no se pueden contabilizar todas las obras que realizó Marino a lo largo de su carrera. Las formas alcanzan una mayor abstracción, el jinete y el caballo se funden en una única figura y caen al vacío, metáfora sobre el fracaso y la decepción del hombre en el mundo moderno. Las figuras se distorsionan creando imágenes llenas de horror, de seres que han perdido su identidad.

    Espero que hayáis disfrutado con el recorrido a esta exposición (todas las fotografías de esta entrada las he tomado yo misma), y que los que podáis os animéis a visitarla. Quizá algún día, por qué no, podamos ir al Museo dedicado a este artista en Florencia, de momento, tenéis más arriba el enlace para visitar la web del museo, donde podéis ver más obras del artista.