viernes, 10 de junio de 2011

Nuevos discos de The Kooks y Kasabian y un paseo por las esculturas de Sophia Vari en la Castellana



¡Cómo me gustan los viernes! ¡Y cómo me gustan The Kooks! No puedo dejar de oír su primer disco Inside In-Inside out (2006), es escucharlo y ponerme de buen humor. Además, hay buenas noticias, porque los de Brighton sacan nuevo disco después de aquel lejano Konk (2008). El nuevo trabajo de The Kooks se llamará Junk of the heart y saldrá a la venta el 12 de septiembre. Otros que también traen un disco nuevo bajo el brazo son Kasabian (ya queda menos para verles en el Dcode). Su cuarto álbum saldrá a la luz el 19 de septiembre bajo el nombre de Velociraptor!. Y encima parece que la lluvia va a abandonarnos por fin, y que podremos tener algo de sol y calor. Crucemos los dedos, que no acabo de creermelo del todo.


Antes de que empezaran estos horribles días de lluvia me di un paseo por la Castellana (del nº 1 al 29) para ver las originales esculturas de la griega Sophia Vari y sacarles algunas fotos.


Hasta el 4 de septiembre pueden verse estas esculturas al aire libre, entre las que podemos pasear y olvidarnos por un momento de que nos encontramos en una de las zonas con más tráfico de la ciudad.


En total son quince esculturas de esta artista que empezó su carrera como pintora, pero que fue evolucionando hacia la escultura. "Quería poder girar alrededor de la obra, darle forma en el espacio, sentir que aquello que había creado existía de verdad", dijo Vari durante la inauguración de esta muestra llamada Forma y color.


Vari lleva años investigando en Atenas, Londres y París, un viaje que tuvo un punto cumbre en 1969 al encontrarse con el escultor británico Henry Moore, cuyas obras impactaron a Vari profundamente.


A partir de ese momento cambió sus esculturas figurativas por formas geométricas, planos y curvas y la monumentalidad de estas grandes piezas.


Si el tiempo acompaña, os animo a que os deis un paseo por la Castellana entre estas originales esculturas que por un lado recuerdan a la forma humana, pero por otro son formas extrañas que podemos admirar e interpretar a nuestro gusto.

miércoles, 8 de junio de 2011

'Nowhere boy' de Sam Taylor-Wood


No cuento nada nuevo si digo que los Beatles se encuentran en mi santísima trinidad de grupos favoritos (Beatles - Led Zeppelin - Cream), así que Nowhere boy, la película dirigida por Sam Taylor-Wood en la que se retrata a John Lennon en su juventud y sus primeros pasos con los Beatles era algo casi obligado para mi. Sin embargo, parece que con cuantas más ganas vas a por algo, mayor es la decepción. No es que no me haya gustado la peli, la recomiendo sin duda, lo que sucede es que con los Beatles tiene poco que ver, así que si no sois demasiado fans de los cuatro de Liverpool (que sé que por ahí hay unos cuantos que no lo son) podéis verla tranquilamente. Nowhere boy podría ser la historia de cualquier chico inglés a mediados de los años 50, lo que la película nos cuenta es la historia de un chico de Liverpool, el rebelde John, a quien ha criado su tía Mimi. No conocerá a su madre Julia hasta que no es un adolescente, e intentará recuperar el tiempo perdido pasando horas con ella. Julia será quien le inculque el amor por la música y por Elvis Prestley, y quien le enseñe a tocar la guitarra. Sin embargo, su tía Mimi y su madre se encuentran enfrentadas, después de que esta abandonase a su marido, dejase a John con sus tíos y formara una nueva familia. Julia tiene que enfrentarse a los prejuicios de la época, a ser diferente, y a no estar preparada para ser responsable de este hijo del que había perdido el contacto durante todos esos años. Julia marcará tanto a John Lennon que, años después, le dedicaría una preciosa canción a su madre ya desaparecida.



La pega que le veo a todo esto es que los Beatles como grupo aparecen solo al final de la peli, y ni siquiera, porque aún no se había juntado la formación original y falta el batería Ringo Starr, la historia termina cuando John Lennon, Paul McCartney y George Harrison se marchan a Hamburgo a dar una serie de conciertos que significarían el comienzo de su fulgurante carrera, vamos, que el film termina por donde debería empezar. Lo sé, la película habla de John Lennon, no de los Beatles, pero en ese caso quizá hubiese sido más interesante mostrar más etapas de la vida del beatle, y no solo una parte de su adolescencia. Además, en la película se empeñan absurdamente en no decir ni una sola vez el nombre de los Beatles, ni el de McCartney o Harrison, que son simplemente Paul y George, como queriendo jugar al despiste. Un despiste que hubiese quedado absolutamente genial si se hubiese hecho al cien por cien, y no llamando a John todo el rato John Lennon no vaya a ser que a alguien se le escape que estamos hablando de él.




Como película británica que habla de la adolescencia, de los sueños realizados y de los rotos, y del proceso de crecimiento, me parece una gran película. La época, mediados de los años cincuenta, está perfectamente ambientada, y los actores están absolutamente geniales. Empezando por la siempre magnífica Kristin Scott Thomas en el papel de la arisca y severa tía Mimi, siguiendo por la encantadora y alocada Anne-Marie Duff en la piel de Julia, y por supuesto, Aaron Johnson como John Lennon que, aunque físicamente no se parecen en lo más mínimo y el beatle ha ganado en físico, se mete bastante bien en la piel del músico. El más flojo de todos es sin duda el enclenque Thomas Brodie Sangster en la piel de Paul McCartney, por no hablar de San Bell como Harrison, quien creo que ni siquiera tiene unas líneas.


La película es entretenida, si os gusta el cine británico os encantará, pero aún está por hacer una buena película sobre toda la trayectoria de los beatles, cómo se gestó el grupo, sus años de éxito y su abrupto final. Para mi gusto es la mejor banda de rock que ha habido nunca: tocaron rock clásico, versionaron a los maestros del blues americano, jugaron con la psicodelia, introdujeron el sitar y la música hindú en la música de masas occidental, crearon el mayor fenómeno fan que se ha conocido en la historia cuando aún no existía el fenómeno fan, hicieron canciones lentas y otras rabiosamente rockeras, su música fue comercial pero también innovadora y experimental. No existe solo un The Beatles, son muchos The Beatles dentro de un mismo grupo que supo evolucionar, cambiar, experimentar, no dejarse llevar por el éxito sin más. A los que decís que no os gustan los Beatles, no os quedéis solo con Money o Help (geniales, de todos modos), escuchad el increíble White album, Revolver o Rubber Soul y veréis como The Beatles no es solo un grupo de guateques como cree mucha gente. 

lunes, 6 de junio de 2011

'Dos chicas de Shanghai' de Lisa See


Título: Dos chicas de Shanghai (Shanghai Girls)
Autor: Lisa See
Editorial: Salamandra (septiembre 2010)
Año de publicación: 2009
Páginas: 352
Precio: 19 euros 

Leí hace años El abanico de seda, el libro que dio fama mundial a Lisa See y con el que vendió miles de ejemplares. Con él descubrí lo que era el nu-shu, el idioma secreto que las mujeres chinas utilizaban para poder escapar un poco de la opresiva atmósfera familiar en la que vivían; viví con horror el vendado de pies que les hacían a las mujeres desde niñas, para conseguir unos "lotos" perfectos, y en definitiva, aprendí bastantes cosas de la China más tradicional. Ya sabéis que normalmente en cuanto a literatura oriental soy más japonesa, pero poco a poco me estoy adentrando en la cultura china, y he de decir que es ciertamente interesante, por no hablar de que los chinos nos dan otra visión de Japón. Con Dos chicas de Shanghai repito con Lisa See, y aunque sigue gustándome mucho más El abanico de seda que os recomiendo, esta ha sido una lectura muy entretenida y con la que he aprendido de nuevo muchas cosas. Lisa See tiene una prosa muy fluida y fácil, construye unos personajes, especialmente los femeninos, y unas sagas familiares que en seguida se vuelven de carne y hueso, y hay momentos en los que es difícil pensar que esos personajes no existieron de verdad. Aún así, hay muchos personajes reales en la historia, por no hablar de los propios acontecimientos históricos reales.


Dos chicas de Shanghai nos sitúa en esta ciudad china a finales de los años treinta, cuando era conocida como el París de Asia tanto por su riqueza y prosperidad, como por su cultura y refinamiento, y porque los habitantes más acaudalados de la ciudad adoptaban muchas costumbres y modas occidentales. Pearl y May son dos jóvenes hermanas sin preocupaciones, su padre regenta un próspero negocio, gozan de libertad, son hermosas y trabajan como chicas bonitas posando para Z.G. y otros pintores que las retratan para que aparezcan en calendarios publicitarios. Ellas son muy moderas, Pearl incluso ha ido a la universidad, ambas hablan un perfecto inglés y se codean con los occidentales de las colonias de Shanghai. Todo parece idílico hasta que un día su padre les confiesa que se ha arruinado con el juego y ha perdido todo, por lo que, para pagar sus deudas, les ha concertado matrimonio con los dos hijos del venerable Louie, un chino que se ha ido a vivir a EEUU. Aunque se rebelan, no les queda más remedio que casarse Pearl con Sam, un joven atractivo pero al que no ama porque ella está enamorada de Z.G., y May con Vern un niño de apenas 14 años demasiado infantil para su edad y para su prometida que ya tiene 18. Las jóvenes idean un plan y en vez de irse con sus nuevos maridos a EEUU, consiguen quedarse en Shanghai. Sin embargo, los problemas no han hecho más que empezar, Japón invade China, los bombardeos, asesinatos y violaciones serán ahora el día a día de estas chicas bonitas que tendrán que huir de todo lo que han conocido hasta el momento, hasta llegar a la supuesta tierra prometida, EEUU. Sin embargo, allí tampoco es oro todo lo que reluce y tendrán que enfrentarse a las rígidas aduanas de inmigración, al racismo y a una vida de pobreza y privaciones en el Chinatown de Los Ángeles.

 Chinatown, en Los Ángeles (1938) propiedad del Online Archive of California

A pesar de que la novela no es muy larga, se cuentan muchas cosas en ella: conocemos los mejores años de Shanghai, cómo las hermanas viven allí una vida de opulencia a pesar de la pobreza en la que viven otros que ellas ignoran; asistimos a la invasión japonesa y las auténticas atrocidades que cometieron con la población china creando un odio entre ellos casi insuperable; vemos las dificultades que el gobierno de EEUU ponía a los extranjeros para entrar en el país y el clima de racismo que reinaba. El libro está lleno de detalles interesantes y de pequeñas historias que se van entrelazando entre sí. Por ejemplo, vemos cómo en el Hollywood de la época utilizaban a chinos como extras, pero los papeles principales se los daban a occidentales burdamente disfrazados a los que ponían esparadrapo en los ojos para achinárselos. Los chinos tuvieron que pasar muchas penalidades en este país, primero porque por su raza no eran aceptados, no se les permitía ir a determinadas escuelas o comprar casas en barrios que no fuesen chinos; por otro, tuvieron que sufrir durante la II Guerra Mundial la persecución e incluso las palizas de los norteamericanos que les confundían con japoneses, por lo que tenían que llevar brazaletes y certificados expedidos por el gobierno, en los que se aseguraba que eran chinos y no japoneses. Posteriormente vivieron toda el terror anticomunista y las persecuciones y delaciones al pasar a ser China comunista y ellos sospechosos de ser espías o de apoyar al régimen, cuando, en muchos de los casos, eran ciudadanos que llevaban años sin pisar su país natal, o que incluso, no lo habían pisado nunca.

Ejemplo de uno de los carteles de chicas bonitas

Además de los acontecimientos históricos que se presentan de una manera muy amena, lo mejor del libro son los personajes y sus historias personales que no os cuento en profundidad para no destripar nada. Los personajes de Pearl y May son de un gran realismo, Pearl es la mayor, inteligente, culta y sensata, pero con unos tremendos celos de su hermana pequeña May porque ella es más guapa y sus padres la quieren más. May es divertida, independiente y siempre quiere salirse con la suya. Poco a poco los personajes irán evolucionando, especialmente Pearl, quien nos cuenta la historia en primera persona. Lo bueno es que esto sucede con todos los personajes, no son estáticos, si no que van evolucionando, e incluso algunos que nos caían mal al principio acabamos comprendiéndoles poco a poco. Porque si hay una constante en este libro son los secretos, secretos que todos guardan para protegerse o proteger a los demás y que poco a poco se irán desvelando. Lisa See nos describe con mucho realismo los distintos escenarios, nos traslada a las calles de Shanghai, nos descubre los olores y colores del Chinatown de Los Ángeles y nos hace sentir como si estuviésemos allí.


 Esta bonita estatua de dos niños leyendo está en el paseo de Recoletos

Como todo, el libro tiene sus pegas, y es que cubre un periodo que comprende desde 1937 hasta 1957, muchos años para tan pocas páginas, así que hacia el final del libro la acción se precipita y pasan varios años quizá demasiado deprisa. Pero la gran pega es que el libro tiene un final abrupto porque hay una segunda parte, algo que no sabía cuando cogí el libro, la segunda parte se titula Dreams of Joy que creo aún no ha salido en español, así que toca esperar. Aún así, os animo a que leáis Dos chicas de Shanghai y que conozcáis a Pearl y a May.

jueves, 2 de junio de 2011

'La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX' y 'Eugène Atget. El viejo París' en la Fundación Mapfre

Egon Schiele, Joven dormida (1909)

Eugène Atget

La Fundación Maphre (paseo de Recoletos, 23) me está sorprendiendo últimamente con unas exposiciones de gran calidad que están consiguiendo que esta sala sea uno de mis espacios expositivos de referencia. De hecho, en cuanto me entero de que inauguran algo nuevo me voy allí aún sin tener datos de las muestras que tienen, y de momento, no he fallado en ninguna. Así ha sido esta vez, me acerqué a ver con qué me sorprendían, y me he encontrado con dos magníficas exposiciones que os recomiendo no os perdáis, tenéis hasta el 27 de agosto para acercaros a verlas.

 Xavier Gosé, Personajes (1900)

La primera de ellas es la muestra La mano con lápiz. Dibujos del siglo XX pertenecientes a las colecciones de la Fundación Mapfre, una selección de más de 100 obras en lápiz, tinta, tempera o acuarela, que hacen un recorrido por una de las expresiones pictóricas más simples y a la vez más complejas: el dibujo. La muestra se divide en varios periodos coincidiendo con distintos movimientos artísticos del siglo XX.

 Paul Klee, Joven palmera (1929)

Comenzamos con 'la tradición' donde vemos dibujos académicos y de aprendizaje, con trabajos de Mariano Fortuny, Joaquín Sorolla, Francisco Pradilla y Ortiz o Ignacio Pinazo. Todas estas obras tienen en común el estudio del modelo, la influencia de los pintores renacentistas. Quizá en esta primera parte se vea más el dibujo como un medio para llegar a un cuadro que como un fin en si mismo.


 Joaquín Sorolla, Sin título

Pasamos a 'la modernidad' donde comenzamos a ver ya dibujos entendidos como obras de arte en si mismas, el dibujo ya no es un medio para lograr un cuadro como sucedía antes, el dibujo puede ser ya contemplado y considerado como una pieza acabada.

 Gustave Klimt, Mujer sentada con sombrero (1910)
Este periodo que comprende los primeros años del siglo XX, se caracteriza por la mutua influencia de artistas españoles y extranjeros y por la figura como protagonista indiscutible, especialmente el cuerpo femenino.

Pablo Ruiz Picasso, Maternité (1902-1903)

Encontramos obras de Salvador Dalí, Gustave Klimt, Henri Matisse, Pablo Picasso, Auguste Rodin, George Grosz, Joan Rebull, Joaquim Sunyer o Egon Schiele.


 Henri Matisse, Mujer con agenda (1944)

'El espíritu de la vanguardia' nos acerca a los pintores cubistas como André Lhote, Juan Gris, Alexander Archipenko, Rafael Barrada, Lyonel Feininger o Albert Gleizes.

 Juan Gris, El guitarrista (1925-1926)

No podemos olvidar a Picasso, quien en París reunió a un grupo de artistas a su alrededor que se vieron influidos por él, conocidos como La escuela de París.

 Picasso, Arlequín y Polichinela (1924)

Estas obras se caracterizan por su geometría, por la cercanía del dibujo y la pintura a la escultura y a la construcción, entendiendo el cuadro como un volumen. 

Albert Gleizes, Nueva York (1916)

Surrealismo:los sueños del inconsciente nos mete de lleno en la obra de Salvador Dalí y de sus seguidores, artistas españoles claramente influenciados por Dalí que incluso utilizan muchos motivos característicos del pintor.

Salvador Dalí, Soledad mental (1932)

Vemos también obras de Joan Miró, Luis Fernández u Oscar Domínguez, de quien me llamaron la atención sus decalcomanías, una técnica experimental cercana al monotipo.
 
Óscar Domínguez, León saltando (1936)

En los límites de la vanguardia con unas magníficas obras de Antoni Tapies o Eduardo Chillida, entre otros, cierra la muestra. 

Eduardo Chillida, Sin título (1960) 
Podemos ver también en esta última parte de la muestra dibujos de Celso Lagar, Luis Castellanos, Arturo Souto, Gregorio Prieto, Genaro Lahuerta, Joaquín Peinado o Ángel Ferrant, que cierran el recorrido de la exposición que ocupa las salas de la planta calle y de la planta baja.

  Avenue de l'Observatoire (1826)

En la primera planta del edificio podemos ver otra exposición con fotografías de Eugène Atget, que retrata El viejo París. Los fondos pertenecen al Musée Carnavalet de París, a la George Eastmann House de Rochester y a las colecciones de la Fundación Mapfre. Se han seleccionado más de 200 imágenes que retratan la ciudad de París y sus alrededores, todas tomadas entre 1898 y 1927.

 
Cantante callejera y organillero (1898)

Nacido en Libourne en 1857 y fallecido en París en 1927, Atget no recibió formación como fotógrafo, si no que se dedicó a ello como medio para sobrevivir tras pasar por otras profesiones como actor, redactor y dibujante para una revista satírica. Empezó en 1888 vendiendo sus fotos de París a ilustradores, luego pasaría a venderlas a artistas, artesanos, aficionados a la historia e instituciones como el Musée Carnavalet y la Bibliothèque Nationale.

Esquina de la Rue de Seine y de la Rue de l'Echaudé distrito 6º (1924)

La muestra se divide en doce espacios temáticos, que tratan de seguir el propio orden establecido por el fotógrafo: Pequeños oficios, tipos y comercio parisinos (1898-1922); Las calles de París (1898-1913); Ornamentos (1900-1921); Interiores (1901-1910); Los coches (1903-1910); Jardines (1898-1914); El Sena (1900-1923); Las calles de París (1921-1924); Extramuros (1899-1913) y Alrededores de París (1901-1921).

Taberna  "Au Tambour" , Quai de la Tourneille nº 63 distrito 5º (1908)

Además, los amantes del surrealismo podemos contemplar una pequeña joya, el álbum del magnífico fotógrafo Man Ray, donde recopiló algunas fotografías que compró a Atget. En la muestra, además del álbum, podemos ver 43 fotografías de las que seleccionó en su momento el propio Man Ray, quien era vecino de Atget y adquirió estas fotografías que se publicaron anónimamente en la revista de los surrealistas porque Atget no se identificaba con el movimiento y veía sus imágenes como meros "documentos para artistas". 

 
 Rue Hautefeuille, distrito 6º (1898)

Sin embargo, los surrealistas apreciaron su obra y quisieron conservarla y darle el valor que tenía, ya que consideraban que las fotografías de Atget eran narraciones insconcientes liberadas de presiones críticas y convencionalismos. La fotógrafa Berenice Abbott, ayudante en aquel momento de Man Ray se encargó de dar a conocer la obra de Atget mediante exposiciones y catálogos.

Ancien Collège de Chanac, Rue de Bièvre nº 12, distrito 5º (1900)

Viendo hoy en día las fotografías de Atget podemos entender esa fascinación que sintieron los surrealistas y artistas posteriores por su obra. La modernidad de las imágenes es innegable, tienen además algo que produce desasosiego, esas calles vacías (prefería fotografiar sin personas y a primeras horas del día para que las calles estuvieran desiertas), esas casas que parecen deshabitadas, esa neblina y aire de irrealidad que parece impregnarlo todo, esa sensación de vacío, nos producen una cierta intriga y a la vez fascinación.


Interior de la vivienda de un obrero, Rue de Romainville, distrito 19º (1910)

El viejo parís que retrató Atget ha desaparecido en muchos de los casos, el fotógrafo quiso inmortalizar aquellos lugares de la ciudad que estaban a punto de desaparecer o transformarse bajo el proyecto de remodelación de París acometido por el barón Haussmann en la década de 1850, y que crearía una ciudad moderna y con grandes avenidas. 

 El otoño, escultura de François Barols, Jardin des Tuileries, distrito 1º (1911)

Atget utilizaba una cámara de placas de 18x24 para tomar unas imágenes que él consideraba un mero medio para que los artistas realizasen sus obras, no arte en si. Hoy en día es indiscutible el gran valor artístico que tienen y su influencia en artistas y fotógrafos como Berenice Abbott, Walker Evans o Man Ray, considerando sus imágenes como el origen de la fotografía documental del siglo XX. 

Los muelles del Sena en invierno, Île de la Cité, hacia el Pont-Neuf, distritos 1º y 6º (1923)

Espero que os hayan gustado ambas muestras y que si tenéis oportunidad no dudéis en ir a visitarlas, os recuerdo que ambas podrán verse hasta el 27 de agosto en la Fundación Mapfre (paseo de Recoletos, 23) los lunes de 14 a 20 horas; de martes a sábado de 10 a 20 horas; y los domingos y festivos de 11 a 19 horas. ¡Que paséis un feliz y esperemos que soleado fin de semana!

miércoles, 1 de junio de 2011

'Midnight in Paris' de Woody Allen



¿Sabéis cuando una película te enamora perdidamente desde el principio hasta el final? ¿Cuando adoras a su protagonista y querrías conocerle en la vida real? ¿Cuando te metes tanto en la historia que desearías poder entrar en la pantalla y vivirla personalmente? Eso mismo es lo que me ha pasado con la nueva película de Woody Allen, Midnight in Paris. Una película para la que no tengo calificativos suficientes, si os dijera que es maravillosa, divertida, inteligente, romántica, única, me estaría quedando corta. Sin duda, se ha convertido automáticamente en una de mis películas favoritas de Allen. ¿Demasiado entusiasmo? Puede ser, no son pocos los que me conocen y afirman que soy demasiado radical en mis gustos, lo que me gusta me encanta, lo que no, lo detesto. Quizá tengan razón. Woody Allen se encuentra entre mis directores favoritos, hasta el momento no ha habido ni una sola película suya que no me haya gustado (bueno, menos Vicky, Cristina, Barcelona, de la que prefiero pensar que no es de él y borrarla de mi mente), así que quizá mi opinión sea poco objetiva. Eso si, os puedo asegurar que toda la gente que salió el lunes del cine, lo hizo entregada con la película y con comentarios de lo más entusiastas.


Volviendo al film en si, Midnight in Paris nos sitúa en el París más bello que podáis imaginar, Allen utiliza unos planos y elige unas localizaciones que os enamorarán al instante de la capital francesa tanto si ya habéis estado allí como si no. Gil (Owen Wilson) es un escritor que se encuentra unos días en París con su prometida Inez (Rachel McAdams). Gil es un romántico, está profundamente enamorado de París, quiere trasladarse a vivir a una buhardilla de esta ciudad, le encanta pasear por las calles, especialmente bajo la lluvia, rebuscar entre los libros y discos de viejo, y desearía poder vivir en el París de los años 20 junto a algunos de sus escritores y artistas favoritos. Inez sin embargo es materialista y pragmática, sueña con vivir en la lujosa y amplia casa en Malibú. En vez de disfrutar de París, se dedica a salir a bailar a clubs, ir en taxi a todas partes, cenar y dormir en hoteles de lujo e ir de tiendas. Inez prefiere escuchar la cháchara pedante de su amigo Paul (Michael Sheen), quien es capaz de contradecir a una guía turística (una correcta, pero con un brevísimo papel, Carla Bruni) que pasear o charlar junto a su prometido. Una noche, al sonar las campanadas de medianoche, Gil se verá trasladado al París de sus sueños, al de los años 20 donde conocerá a Scott Fitzgerald y a su mujer Zelda, a Dalí, Picasso, Buñuel, Man Ray, Gertrude Stein, T.S. Eliot o Hemingway, entre muchos otros artistas e intelectuales.


Sin duda, los mejores momentos de la película son esos increíbles viajes al pasado. Cuánto me gustaría poder hacer algo así, aunque me costaría bastante elegir solo una época o un lugar. Las referencias a la literatura y el arte son constantes, y Gil vive esas noches como el gran regalo que son, por fin puede charlar con su admirado Hemingway quien le asegura que se sabe si es amor verdadero si al hacer el amor con la persona amada se pierde el miedo a morir, porque por un momento nos sentiremos inmortales; mostrarle su obra a Gertrude Stein (Kathy Bates); escuchar en directo a Cole Porter; admirar junto a Matisse sus cuadros; mantener un diálogo surrealista con Man Ray y Dalí, bajo la atenta mirada de Luis Buñuel; o enamorarse de una de las musas y amantes de Picasso, la adorable Adriana (Marion Cotillard).


Allen ha conseguido además que me enamore de Owen Wilson, o más bien de su personaje, ya que hasta ahora era un actor al que no soportaba. Sin embargo, Gil, con sus dudas, con su gusto por los viejos vinilos, por los clásicos de la literatura, por perderse por las calles de París y pasear bajo la lluvia, me ha hecho reconciliarme con este actor que espero aproveche la oportunidad que le ha brindado Allen y deje las absurdas comedias a las que nos tiene acostumbrados, ya que realmente tiene madera de actor. La otra gran joya de la película es la siempre chispeante Marion Cotillard, gracias a la cual, Gil se dará cuenta de que no podemos vivir siempre de nuestros sueños, y que la ilusión de que cualquier otra época pasada fue mejor, es tan solo eso, una ilusión provocada por la propia insatisfacción que la misma vida nos produce. 


Lo que más me gusta de Allen es la facilidad que tiene para hacerme salir del cine con una sonrisa en los labios, mucho más feliz, como en una nube en la que creo que todo es posible, que puedo conseguir lo que quiera y que los sueños, si se persiguen, pueden hacerse fácilmente realidad. Está claro que os animo a verla ¿verdad?